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Filipinas

Siem Reap

Manila

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Valencia

Siem Reap

Singapur

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Estambul

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Filipinas

Rodeada por aguas turquesas y miles de islas, Filipinas es uno de esos destinos donde la aventura y el relax conviven a la perfección. Un país pensado para quienes disfrutan del mar, de la naturaleza en estado puro y de los viajes sin prisas… pero con mucha acción.

Este viaje fue, sobre todo, un viaje de buceo. Arrecifes llenos de vida, corales espectaculares y fondos marinos que convierten a Filipinas en uno de los mejores destinos de buceo del Sudeste Asiático. Aquí cada inmersión es distinta y siempre hay algo nuevo que descubrir bajo el agua.

Pero no todo ocurre bajo el mar. También hubo aventura en tierra firme: vías ferratas, cascadas escondidas, miradores increíbles y rutas que te obligan a sudar un poco antes de llegar al premio final.

Y cuando toca bajar revoluciones, Filipinas también sabe hacerlo bien. Playas de arena blanca, atardeceres interminables y la sensación constante de estar en un lugar donde el tiempo va a otro ritmo.

Filipinas no es solo un viaje… es de esos lugares a los que sabes que, tarde o temprano, vas a querer volver.

¿Qué Necesitarás Para Tu Viaje?​

  • 🛡️ Seguro de viajes: (IATI / Mondo)
  • 🛂 Pasaporte: Obligatorio, con validez mínima de 6 meses desde la fecha de entrada al país.
  • 🎫 Visado: No es necesario para estancias turísticas de hasta 30 días (para ciudadanos españoles).
  • 💉 Vacunas: No hay vacunas obligatorias. Se recomiendan las habituales para viajes tropicales según zonas y tipo de viaje.
  • 📝 Trámite previo: Es obligatorio completar el formulario de entrada eTravel antes de llegar al país.
  • 🌐 Consejo: Revisar la web del MAEC antes de viajar y durante la planificación por si hubiera cambios.

Información importante

  • 🗣️ Idioma: Filipino (tagalo) e inglés. El inglés se usa muchísimo y facilita mucho viajar por libre.
  • ✝️ Religión: Mayoría cristiana (principalmente católica), con minorías musulmanas en el sur del país.
  • 💰 Moneda: Peso filipino (PHP) (ver cambio)
  • 🔌 Electricidad: Enchufes tipo A, B y C. En muchos alojamientos no necesitarás adaptador.
  • Diferencia horaria: +7 horas en invierno y +6 horas en verano respecto a España ()
  • 🌦️ Clima: Tropical durante todo el año. Temperaturas altas y humedad constante. La temporada de lluvias suele ir de junio a octubre, con riesgo de tifones.
  • 🤿 Buceo: Si vas a bucear, asegúrate de que tu seguro cubre actividades de buceo y evacuaciones médicas. Filipinas es uno de los mejores destinos del mundo para ello.

¿Qué meter en la maleta?

  • 👕 Ropa cómoda y ligera: Para calor, humedad y muchas horas de movimiento.
  • 🥾 Zapatillas cómodas: Imprescindibles para caminar, excursiones y días largos.
  • 🕶️ Gafas de sol y 🌞 crema solar: El sol pega fuerte, incluso cuando está nublado.
  • 🩱 Ropa de baño y 🧺 toalla: La usarás más de lo que imaginas.
  • 🩴 Chanclas: Básicas para playas, barcos y trayectos cortos.
  • 🧢 Gorra o sombrero: Muy recomendable para excursiones y trayectos al sol.
  • 🔋 Cargador portátil: Entre barcos, mapas y fotos, se gasta rápido.
  • 💊 Pastillas para el mareo: Muy útiles si viajas en ferry o barca entre islas.
  • 🦟 Repelente de mosquitos: Imprescindible, sobre todo al amanecer y atardecer.
  • 🤿 Equipo de snorkel (opcional): Si tienes el tuyo, lo agradecerás en muchas playas.

Manila

Caótica, intensa y llena de contrastes, Manila es una ciudad que no deja indiferente. Aquí conviven rascacielos modernos con barrios humildes, tráfico infinito y una energía constante que te golpea nada más llegar.

El corazón histórico de la ciudad es Intramuros, el antiguo recinto amurallado levantado durante la época colonial española. Calles empedradas, murallas centenarias y edificios históricos como la Catedral de Manila o el Fuerte de Santiago permiten asomarse al pasado del país.

Manila también es memoria reciente. Museos, plazas y monumentos recuerdan una historia marcada por colonizaciones, guerras y una identidad propia que sigue muy viva en la cultura local.

Pero más allá de lo histórico, lo que realmente define a Manila es su día a día: calles llenas de vida, mercados, jeepneys de colores, música, ruido y una hospitalidad que sorprende desde el primer momento.

No es una ciudad fácil ni especialmente bonita a primera vista, pero sí es una puerta de entrada perfecta para entender Filipinas y empezar a viajar con la mente abierta.

Filipinas

Viva la improvisación

Llegamos a Manila por la noche, después de salir de Siem Reap y hacer escala en Singapur. Fue una llegada rápida, de hotel y poco más, ya que Filipinas solo era una parada técnica antes de volar al día siguiente a Puerto Princesa.

A mediodía cogimos el vuelo rumbo a Palawan con un plan bastante claro: al día siguiente íbamos a ver el tiburón ballena de forma natural… o al menos esa era la idea.

El Aziza Paradise Hotel fue una muy buena elección para esta primera parada. Un hotel bonito, tranquilo y con una piscina central que invitaba a no hacer absolutamente nada. Ese mismo día nos acercamos a un centro comercial cercano para comer algo y dar una vuelta, sin demasiadas pretensiones.

Pero claro… no todo podía salir perfecto. Se me ocurrió contactar con la gente que, en teoría, nos iba a recoger para la excursión del tiburón ballena y ahí llegó la sorpresa: todo cancelado. Llevaban tiempo sin ver ningún ejemplar por la zona y habían suspendido las salidas. Menos mal que pregunté antes.

Con los planes totalmente rotos, decidimos adelantar el viaje a El Nido y salir a la mañana siguiente en lugar de por la tarde. Y aquí vino la segunda parte del espectáculo. En teoría, habíamos dejado reservada una van con el hotel… pero en recepción no tenían constancia de absolutamente nada.

Así que nos tocó buscarnos la vida, reservar el transporte por nuestra cuenta y, por si fuera poco, en el hotel pretendían que pagáramos una reserva que ellos mismos no podían ofrecer. Ahí salió mi mejor versión en inglés: creo que en mi vida había hablado tanto, tan rápido y con tanta fluidez como en ese momento de cabreo. No iba a pagar por un servicio que no nos iban a dar… ¿estamos locos?

Eso sí, no todo iba a ser malo. Aquí probamos la cerveza que se convertiría en nuestra favorita durante todo el viaje: la Red Horse. Potente, barata y peligrosa. Me ha costado encontrarla en España, pero sí… ya es mía 🍺.

El Nido

Perdernos para llegar al paraíso

La van nos recogió bien temprano para llevarnos hasta nuestro nuevo destino: El Nido. Unas cinco horas de carretera por delante que se hicieron largas, pero con la sensación de que lo bueno estaba por llegar.

Y vaya si llegó. El alojamiento fue Sampaguita Villas y fue, sin exagerar, uno de los grandes aciertos del viaje. Teníamos todo el alojamiento para nosotros y una piscina privada. Alucinante.

Eso sí, no todo era tan sencillo. El hotel estaba bastante apartado del pueblo y llegar hasta allí fue toda una odisea. El tuc-tuc metiéndose por calles que no eran estrechas… eran directamente inexistentes.

Giros imposibles, marcha atrás, sudores fríos y nosotros flipando con la pericia del conductor 😅.

El resto del día fue de disfrutar sin prisas. Piscina, relax y una primera toma de contacto con El Nido, un pueblo pequeño, sencillo y con mucho encanto. Aquí ya se empieza a notar el ambiente de islas, mochileros y viajes sin reloj.

Y llegó el segundo gran acierto del viaje: la cena. Terminamos en un sitio llamado OPPA Kitchen .

El wrap de pescado… madre mía. Tan bueno que repetimos varios días. Obviamente.

El Nido empezaba fuerte. Y lo mejor estaba aún por llegar.

Canopy Walk
Canopy Walk
El Nido
Canopy Walk

Entre puentes, playas y chaparrones

  • 🏨 Alojamiento: Sampaguita Villas
  • 📍 Puntos clave: Canopy Walk, Vanilla Beach, El Nido

El día empezó con una actividad tranquila pero muy agradecida: la Canopy Walk, una vía ferrata sencilla pero con vistas espectaculares sobre El Nido. Puentes colgantes, pasadizos estrechos, zonas donde tumbarte para hacer fotos y disfrutar del paisaje… fácil, pero muy resultona.

Después de la ferrata no teníamos nada más planificado, así que decidimos improvisar y poner rumbo a Vanilla Beach. Lo que en el mapa parecía un paseo sencillo acabó siendo toda una aventura: tramos por carretera, otros por la playa, zonas de rocas y algún que otro momento metiendo los pies en el agua. Una odisea de las buenas.

El baño en la playa compensó el esfuerzo, pero para la vuelta no nos lo pensamos demasiado. Las piernas ya empezaban a quejarse, así que cogimos un tuc tuc que nos dejó lo más cerca posible del alojamiento. Decisión más que acertada.

De vuelta en el hotel, tocaba disfrutar de la piscina privada. Y como si el día no pudiera mejorar más, nos cayó un chaparrón de los buenos. Piscina, lluvia tropical y cero prisas… cómo lo gozamos.

Para terminar el día, bajamos de nuevo al pueblo a cenar y a dar otra vuelta por sus calles. El Nido seguía demostrando que, sin grandes planes, también se disfruta muchísimo.

Tortuga

Nadando con tortugas

  • 🏨 Alojamiento: Sampaguita Villas
  • 🚤 Actividad: Tour C (privado)
  • 📍 Puntos clave: Helicopter Island, Matinloc Shrine, Secret Beach, Hidden Beach, Talisay Beach

Hoy tocaba uno de los platos fuertes de El Nido: el famoso Tour C.

Como éramos un grupo de cinco personas, decidimos hacerlo en tour privado, y fue todo un acierto. Más libertad, menos prisas y la posibilidad de disfrutar cada parada a nuestro ritmo.

La primera parada fue Helicopter Island, con esas formaciones rocosas tan características que parecen sacadas de otro planeta.

Seguimos hacia Matinloc Shrine, un lugar espectacular tanto por las vistas como por el contraste entre la construcción y el entorno natural.

Después llegaron las playas “escondidas”: Secret Beach y Hidden Beach. Accesos curiosos, rodeados de roca, y agua de ese color imposible que solo ves en fotos… hasta que estás allí.

La última parada fue Talisay Beach, perfecta para relajarse, nadar y simplemente disfrutar del sitio.

Pero la gran sorpresa del día llegó bajo el agua.

Mientras hacíamos snorkel, apareció una tortuga nadando tranquilamente a nuestro lado. Un momento de esos que no se olvidan y que hacen que todo el viaje cobre aún más sentido.

El día acompañó de principio a fin: sol, mar tranquilo y condiciones perfectas para disfrutar de todas las paradas sin prisas ni sobresaltos. Algo que agradeceríamos todavía más al día siguiente…

Para cerrar la jornada, nos sentamos en un bar a tomar unas cervezas bien frías.

Para cenar, repetimos en el ya mítico OPPA Kitchen. El wrap de pescado volvió a caer… y volvió a estar brutal. Delichiocho.

Tormenta Tour A

Cuando se cae el cielo

  • 🏨 Alojamiento: Sampaguita Villas
  • 📍 Puntos clave: Big Lagoon, Secret Lagoon, Shimizu Island, 7 Commando Beach, zonas de snorkel

Para este día tocaba el Tour A, también en formato privado. El problema es que el día no empezó especialmente bien: amaneció lloviendo y con bastante mala pinta.

Llamamos a la agencia para confirmar si el barco saldría o no y, pese al tiempo, nos dijeron que sí. Así que, chubasquero puesto y mentalidad de “ya que estamos aquí”, pusimos rumbo al puerto.

El recorrido incluía algunas de las paradas más conocidas de El Nido: Big Lagoon, Secret Lagoon, Shimizu Island, 7 Commando Beach y varias zonas de snorkel. Sobre el papel pintaba espectacular… y lo fue, aunque no en las mejores condiciones.

Durante gran parte de la excursión pasamos frío, lluvia y ratos de mar bastante movida. Saltábamos al agua casi más por entrar en calor que por otra cosa, y el snorkel se hizo algo duro con el tiempo que hacía. Aun así, había momentos en los que el paisaje compensaba absolutamente todo.

No fue el tour más cómodo del viaje, pero sí uno de esos días que luego recuerdas con una sonrisa, porque forma parte de la aventura y del “esto no lo planeas, te pasa”.

Esa noche fue especial por otro motivo: era la última noche todos juntos. Parte del grupo regresaba a España al día siguiente, mientras que mi pareja y yo seguíamos una semana más por Filipinas.

Nos despedimos sabiendo que el viaje no había terminado para todos… pero que aún nos quedaban unas cuantas aventuras más por delante.

Tiburón Zorro
Malapascua
Malapascua

Odisea antes de los tiburones

El primer día fue, básicamente, una odisea de transporte para llegar hasta Malapascua.

A las 4 de la mañana ya estábamos saliendo de El Nido rumbo al aeropuerto… o eso creíamos. El tricycle que habíamos quedado en recoger nunca apareció, así que tocó improvisar. Por suerte, en un hotel cercano consiguieron despertarle a un pobre conductor en mitad de la noche y nos llevó hasta el aeropuerto.

El aeropuerto era diminuto y el vuelo, en un avión de hélices. Primera vez en uno de estos… y sí, un poco de miedito.

Tras aterrizar en Cebú, nos recogió una furgoneta para llevarnos hasta el puerto de Maya, al norte de la isla. Aquí empezó el verdadero espectáculo: adelantamientos imposibles, carril contrario, motos apartándose por centímetros… y, como colofón final, un rebaño de cabras cruzándose justo antes de llegar al puerto. Una de ellas se llevó un golpe, pero por suerte solo salió cojeando. Bienvenidos a Filipinas.

Desde el puerto, tocó subir a una barca típica filipina rumbo a Malapascua. El motor se paró varias veces y durante unos minutos pensamos que igual ese día no llegábamos… pero finalmente lo conseguimos.

Ya en la isla, dejamos las maletas en el hotel y nos acercamos al centro de buceo para registrarnos para el día siguiente. Un paseo tranquilo por las playas y a descansar. Había sido un día largo.

Al día siguiente madrugamos de nuevo, esta vez para lo que realmente habíamos venido: bucear con tiburones zorro.

Preparamos el equipo y esperamos a nuestro instructor, que al principio parecía no acordarse de que tenía que venir… cosas que pasan. Finalmente salimos al agua rumbo a Kimud Shoal.

Las inmersiones duraron 46 y 47 minutos. Al principio solo veíamos corales y vida marina, hasta que de repente el instructor nos hizo una señal. Y entonces apareció.

Un tiburón zorro. Elegante, enorme, con esa cola imposible. Poco después aparecieron más y nos quedamos completamente hipnotizados. Un momento de esos que sabes que no vas a olvidar jamás.

Entre inmersiones, unos huevos duros y un pan que, probablemente por el hambre, nos supieron a gloria.

De vuelta en Malapascua, tocó descansar y pasear tranquilamente por la isla, intentando asimilar lo que acabábamos de vivir bajo el agua.

Malapascua
Malapascua

Malapascueando

El día siguiente lo dedicamos a algo que el cuerpo ya iba pidiendo: recorrer Malapascua sin prisas, de sur a norte, buscando playas, un poco de relax y ver cómo es la vida en la isla más allá del buceo.

Desde la zona sur empezamos a caminar atravesando la isla hasta llegar a North Beach y después continuar hacia Bantigue Beach. Un paseo largo, pero muy agradecido.

Entre ambas playas hay un resort abandonado, que según nos contaron tuvo que cerrarse tras sufrir los efectos de un fuerte temporal hace años. Hoy en día queda como un lugar curioso, con estructuras medio comidas por la vegetación, miradores improvisados y rincones bastante fotogénicos, especialmente con el mar de fondo.

En North Beach, lo de relajarnos duró poco 😅. Mientras nos bañábamos, se nos acercó un grupo de niños con ganas de jugar y curiosear, así que el ambiente fue más animado que tranquilo.

Más tarde intentamos llegar hasta el faro de Malapascua, pero no hubo suerte. Entre que no teníamos claro el camino y que las zapatillas no eran las más adecuadas, decidimos darnos la vuelta antes de llegar.

Aun así, esos caminos tuvieron mucho encanto. Atravesamos pequeñas zonas con casas muy humildes, lo justo para vivir, y gente que, pese a tener poco, parecía realmente feliz.

Fue uno de esos días sencillos, sin grandes planes, que te hacen conectar con el lugar. Malapascua nos estaba gustando cada vez más.

Man-Made Forest

Del caos al paraíso

  • 🏨 Alojamiento: Bohol Beach Club
  • ✈️ Ruta: Malapascua → Puerto de Maya → Cebú → Tagbilarán
  • 📍 Puntos clave: Tarseros de Bohol, Tirolina, Man-Made Forest, Chocolate Hills, Río con cascada

El día empezó con bastante tensión. Salir de Malapascua no fue nada sencillo: el mar estaba revuelto y la típica barca filipina intentaba despegar, pero el oleaje nos devolvía una y otra vez a la orilla. Entre intentos, agua entrando y caras de incertidumbre, conseguimos salir por fin.

Ese retraso nos hizo pensar que el día estaba perdido. Llegábamos al puerto de Maya con hora y media de retraso y, sobre el papel, íbamos a perder el ferry desde Cebú a Tagbilarán. Pero aquí llegó el momento “Fast & Furious versión Filipinas”. El chófer decidió que había que correr… y corrió. Adelantamientos imposibles, curvas, motos apartándose y una conducción que nos hizo agarrarnos fuerte al asiento.

Lo increíble es que, contra todo pronóstico, llegamos al ferry con casi una hora de margen. Si mirabas Google Maps al salir de Maya, llegábamos tarde sí o sí. Todavía no sé cómo lo hizo.

Ya en Tagbilarán, un taxi del alojamiento nos recogió y puso rumbo a la costa. Llegar al Bohol Beach Club fue como pulsar el botón de pausa: playa, calma y la sensación de que, por fin, todo volvía a fluir.


Al día siguiente tocó uno de los tours más completos del viaje por Bohol. La primera parada fue uno de los momentos más especiales: la visita a un centro protegido de tarseros.

Los tarseros filipinos son diminutos, nocturnos y extremadamente sensibles al estrés. Aquí no hay garantías: no siempre se ven, y eso forma parte del respeto hacia el animal. Nada de flashes, nada de ruido y nada de forzar la experiencia. Verlos —si hay suerte— es un privilegio, no un espectáculo.

En este centro conocimos también a Carlito Pizarras, una figura clave en la conservación del tarsero en Filipinas. De hecho, el nombre científico actual de la especie, Carlito syrichta, se eligió en su honor. Escucharle hablar de ellos hace entender por qué este lugar es tan especial.

Después tocó subir pulsaciones con una tirolina que cruza una garganta impresionante. Pocos segundos, pero suficientes para quedarte mirando el paisaje desde arriba y pensar: “qué locura de sitio”.

La siguiente parada fue el famoso Man-Made Forest, un bosque artificial de caobas creado tras la deforestación masiva sufrida durante la Segunda Guerra Mundial. Un tramo recto, perfectamente alineado, donde el sol desaparece y la temperatura baja de golpe. Un contraste brutal con el calor exterior.

Y, por supuesto, no podía faltar uno de los grandes iconos del país: las Chocolate Hills. Cientos de colinas casi perfectas que se extienden hasta donde alcanza la vista. En la estación seca adquieren un tono marrón que recuerda al chocolate, de ahí su nombre. Verlas en persona impresiona mucho más que en fotos.

Para cerrar el día de la mejor manera posible, nada de multitudes ni prisas: chapuzón en un río con una pequeña cascada… y completamente solos. Agua fresca, silencio y esa sensación de haber terminado el día como se merece.

La tarde fue ya para bajar revoluciones del todo. Nos quedamos en la playa del hotel, descansando, tomando el sol y dejándonos llevar por el sonido del mar. Después de un día tan intenso, no se nos ocurría mejor forma de cerrar la jornada.

Atardecer

Relax tras los días intensos

  • 🏨 Alojamiento: Bohol Beach Club
  • 📍 Puntos clave: Kayak, snorkel, North Zen Villas, manglar

Después de los días intensos anteriores, este tocaba bajar un par de marchas y disfrutar de Bohol con más calma.

La mañana la dedicamos a algo sencillo pero muy agradecido: un poco de kayak y snorkel por la zona. Agua tranquila, sin prisas y sin un plan claro más allá de flotar, mirar peces y dejar pasar las horas.

Tras comer y descansar un rato, por la tarde cogimos un tuc tuc y pusimos rumbo al North Zen Villas, un lugar muy tranquilo junto al mar, perfecto para ver el atardecer.

Para llegar al mirador hay que cruzar una pasarela de madera que atraviesa un manglar. Solo ese paseo ya merece la pena: vegetación cerrada, silencio y el sonido del agua acompañando cada paso.

El bar está justo sobre el mar, sin alturas ni artificios, simplemente un sitio donde sentarte con una bebida fría mientras el sol cae poco a poco en el horizonte. Colores naranjas, reflejos en el agua y una sensación de paz absoluta.

Un día sencillo, sin grandes desplazamientos ni planes ambiciosos, pero que encajó perfecto en el viaje. A veces no hace falta hacer mucho más para disfrutar de un sitio.

Isola di Francesco

Un poco más de mar

  • 🏨 Alojamiento: Bohol Beach Club
  • 📍 Puntos clave: Isla de Balicasag, snorkel, tortugas, Isola di Francesco, Alona Beach

Seguíamos en el mismo alojamiento, pero tocaba volver a subirnos a un barco para otro día de islas y snorkel.

Esta vez el destino fue la isla de Balicasag, a la que llegamos en una barca típica filipina. Nada más llegar nos dieron unos kayaks y nos llevaron a varios puntos para hacer snorkel.

La experiencia fue brutal desde el primer momento. Bastaba meter la cabeza bajo el agua para ver una explosión de colores: corales, bancos de peces y una visibilidad increíble. En uno de los puntos tuvimos la suerte de ver dos tortugas marinas nadando tranquilamente a pocos metros de nosotros. Un momentazo difícil de olvidar.

Desde allí pusimos rumbo a la Isola di Francesco, una pequeña isla privada muy cuidada, conocida por su ambiente tranquilo y su arena blanca. Mientras preparaban la comida, aprovechamos para recorrer la isla, hacernos fotos y disfrutar sin prisas.

Uno de los rincones más especiales fue la lengua de arena semisumergida que se forma junto a la isla. Caminar por ella, con el agua cubriéndote los pies y el mar a ambos lados, fue una pasada.

Tras comer, regresamos hacia Panglao, pero antes hicimos una última parada para más snorkel. Aquí vimos bastantes corales, peces payaso… y también una serpiente de mar. En cuanto la vi, tardé muy poco en subirme de nuevo al barco 😅.

Ya por la tarde nos acercamos a Alona Beach para dar una vuelta, empaparnos un poco del ambiente y cenar algo antes de volver al hotel. Otro día redondo de mar, islas y vida bajo el agua.

Depresión

Asimilando el viaje

Después de tantos días de islas, barcos, snorkel, madrugones y aventuras, tocaba algo que casi siempre olvidamos en los viajes largos: parar.

Este día lo dedicamos simplemente a disfrutar del hotel. Playa, piscina y calma. Sin horarios, sin planes, sin prisas. Un día para sentarte, mirar al mar y empezar a asimilar todo lo vivido en Filipinas… y también en Vietnam y Camboya.

Desde el caos de Hanoi hasta los templos de Angkor, pasando por arrozales, trenes nocturnos, islas, ferratas, tiburones zorro y playas de postal. Un viaje largo, intenso y muy variado que había dado para mucho.

Fue un día de descanso físico, sí, pero sobre todo de descanso mental. De ordenar recuerdos, fotos, anécdotas y empezar a aceptar que el viaje se acercaba a su final.

Este día fue, básicamente, un día de transporte. Nada de excursiones ni planes ambiciosos, solo movernos de un punto a otro después de muchos días intensos por Filipinas.

Cogimos el vuelo desde el aeropuerto de Panglao con destino a Manila, el último gran salto del viaje antes de volver a casa. Un trayecto tranquilo, pero con esa sensación extraña de saber que el viaje ya estaba llegando a su recta final.

Al aterrizar en Manila no nos quedó mucha energía. Directos al hotel, ducha rápida y a dejarnos caer en la cama. El cuerpo ya pedía pausa después de semanas de madrugones, islas, barcos, snorkel, buceo y kilómetros acumulados.

No fue un día memorable por lo que hicimos, pero sí necesario para bajar revoluciones y preparar la cabeza para el último día del viaje.

Intramuros

Se acaba el viaje... y empieza otro

  • ✈️ Ruta: Manila → Estambul → Valencia
  • 📍 Puntos clave: Intramuros

Último día del viaje. Sin alojamiento, sin prisas y con la sensación clara de que todo estaba llegando a su fin. Antes de poner rumbo al aeropuerto, aprovechamos la mañana para hacer un tour en bicicleta por Intramuros.

Intramuros es el casco histórico de Manila, rodeado de murallas y cargado de historia. Aquí se entiende mejor el pasado del país: la etapa como colonia española, la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y todo lo que vino después. Pedaleando entre iglesias, plazas y edificios coloniales, la ciudad se siente distinta, más tranquila y con mucho que contar.

El tour en bici fue una forma muy curiosa de despedirnos de Filipinas. Sin estrés, a otro ritmo, escuchando historias y poniendo contexto a todo lo vivido durante el viaje.

Al terminar, vuelta al hotel para la última ducha, recoger mochilas y poner rumbo al aeropuerto. Tocaba embarcar en el vuelo de vuelta a casa, esta vez sí, con destino final Valencia. La noche la pasaríamos en el avión.

Durante el trayecto, con horas por delante para pensar, me di cuenta de todo lo que había dado de sí el viaje: un mes entero recorriendo Vietnam, Camboya y Filipinas, moviéndonos sin parar, improvisando, adaptándonos y viviendo experiencias que no había vivido nunca antes. Un viaje largo, intenso y, seguramente, difícil de repetir en la vida.

Si quieres leer el inicio de esta aventura, aquí puedes ver la primera parte del viaje por Vietnam y Camboya:
👉 Vietnam y Camboya

Y cuando parecía que ya no podía haber más sorpresas… el viaje nos tenía guardada una última. Al llegar a casa, supimos que en nueve meses seríamos uno más en la familia. ❤️