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Filipinas

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Filipinas

Rodeada por aguas turquesas y miles de islas, Filipinas es uno de esos destinos donde la
aventura y el relax conviven a la perfección.
Un país pensado para quienes disfrutan del mar, de la naturaleza en estado puro
y de los viajes sin prisas… pero con mucha acción.

Este viaje fue, sobre todo, un viaje de buceo.
Arrecifes llenos de vida, corales espectaculares y fondos marinos que convierten a
Filipinas en uno de los mejores destinos de buceo del Sudeste Asiático.
Aquí cada inmersión es distinta y siempre hay algo nuevo que descubrir bajo el agua.

Pero no todo ocurre bajo el mar.
También hubo aventura en tierra firme: vías ferratas, cascadas escondidas,
miradores increíbles y rutas que te obligan a sudar un poco antes de llegar al premio final.

Y cuando toca bajar revoluciones, Filipinas también sabe hacerlo bien.
Playas de arena blanca, atardeceres interminables y la sensación constante
de estar en un lugar donde el tiempo va a otro ritmo.

Filipinas no es solo un viaje… es de esos lugares a los que sabes que,
tarde o temprano, vas a querer volver.


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Manila

Caótica, intensa y llena de contrastes, Manila es una ciudad que no deja indiferente.
Aquí conviven rascacielos modernos con barrios humildes, tráfico infinito y una energía constante
que te golpea nada más llegar.

El corazón histórico de la ciudad es Intramuros, el antiguo recinto amurallado levantado
durante la época colonial española.
Calles empedradas, murallas centenarias y edificios históricos como la Catedral de Manila
o el Fuerte de Santiago permiten asomarse al pasado del país.

Manila también es memoria reciente.
Museos, plazas y monumentos recuerdan una historia marcada por colonizaciones, guerras
y una identidad propia que sigue muy viva en la cultura local.

Pero más allá de lo histórico, lo que realmente define a Manila es su día a día:
calles llenas de vida, mercados, jeepneys de colores, música, ruido y una hospitalidad
que sorprende desde el primer momento.

No es una ciudad fácil ni especialmente bonita a primera vista,
pero sí es una puerta de entrada perfecta para entender Filipinas
y empezar a viajar con la mente abierta.













Filipinas

Viva la improvisación

Llegamos a Manila por la noche, después de salir de Siem Reap y hacer escala en
Singapur. Fue una llegada rápida, de hotel y poco más, ya que Filipinas solo era una parada técnica
antes de volar al día siguiente a Puerto Princesa.

A mediodía cogimos el vuelo rumbo a Palawan con un plan bastante claro: al día siguiente
íbamos a ver el tiburón ballena de forma natural… o al menos esa era la idea.

El Aziza Paradise Hotel fue una muy buena elección para esta primera parada. Un hotel bonito,
tranquilo y con una piscina central que invitaba a no hacer absolutamente nada.
Ese mismo día nos acercamos a un centro comercial cercano para comer algo y dar una vuelta,
sin demasiadas pretensiones.

Pero claro… no todo podía salir perfecto. Se me ocurrió contactar con la gente que, en teoría,
nos iba a recoger para la excursión del tiburón ballena y ahí llegó la sorpresa:
todo cancelado. Llevaban tiempo sin ver ningún ejemplar por la zona y habían suspendido
las salidas. Menos mal que pregunté antes.

Con los planes totalmente rotos, decidimos adelantar el viaje a El Nido y salir a la mañana
siguiente en lugar de por la tarde. Y aquí vino la segunda parte del espectáculo.
En teoría, habíamos dejado reservada una van con el hotel… pero en recepción no tenían constancia
de absolutamente nada.

Así que nos tocó buscarnos la vida, reservar el transporte por nuestra cuenta y, por si fuera poco,
en el hotel pretendían que pagáramos una reserva que ellos mismos no podían ofrecer.
Ahí salió mi mejor versión en inglés: creo que en mi vida había hablado tanto, tan rápido
y con tanta fluidez como en ese momento de cabreo.
No iba a pagar por un servicio que no nos iban a dar… ¿estamos locos?

Eso sí, no todo iba a ser malo. Aquí probamos la cerveza que se convertiría en nuestra favorita
durante todo el viaje: la Red Horse. Potente, barata y peligrosa.
Me ha costado encontrarla en España, pero sí… ya es mía 🍺.

El Nido

Perdernos para llegar al paraíso

La van nos recogió bien temprano para llevarnos hasta nuestro nuevo destino:
El Nido. Unas cinco horas de carretera por delante que se hicieron largas,
pero con la sensación de que lo bueno estaba por llegar.

Y vaya si llegó.
El alojamiento fue Sampaguita Villas y fue, sin exagerar,
uno de los grandes aciertos del viaje.
Teníamos todo el alojamiento para nosotros y una
piscina privada. Alucinante.

Eso sí, no todo era tan sencillo.
El hotel estaba bastante apartado del pueblo y
llegar hasta allí fue toda una odisea.
El tuc-tuc metiéndose por calles que no eran estrechas…
eran directamente inexistentes.

Giros imposibles, marcha atrás, sudores fríos y nosotros
flipando con la pericia del conductor 😅.

El resto del día fue de disfrutar sin prisas.
Piscina, relax y una primera toma de contacto con
El Nido, un pueblo pequeño, sencillo y con mucho encanto.
Aquí ya se empieza a notar el ambiente de islas, mochileros
y viajes sin reloj.

Y llegó el segundo gran acierto del viaje: la cena.
Terminamos en un sitio llamado

OPPA Kitchen
.

El wrap de pescado… madre mía.
Tan bueno que repetimos varios días. Obviamente.

El Nido empezaba fuerte.
Y lo mejor estaba aún por llegar.

Hotel
Hotel

Hotel
Hotel

El Nido
El Nido

El Nido
El Nido

El Nido
El Nido

Hotel
Hotel

Cena
Cena



Canopy Walk
Canopy Walk
El Nido
Canopy Walk

Entre puentes, playas y chaparrones

El día empezó con una actividad tranquila pero muy agradecida: la Canopy Walk, una vía ferrata sencilla pero con vistas espectaculares sobre El Nido.
Puentes colgantes, pasadizos estrechos, zonas donde tumbarte para hacer fotos y disfrutar del paisaje… fácil, pero muy resultona.

Después de la ferrata no teníamos nada más planificado, así que decidimos improvisar y poner rumbo a Vanilla Beach.
Lo que en el mapa parecía un paseo sencillo acabó siendo toda una aventura: tramos por carretera, otros por la playa, zonas de rocas y algún que otro momento metiendo los pies en el agua.
Una odisea de las buenas.

El baño en la playa compensó el esfuerzo, pero para la vuelta no nos lo pensamos demasiado.
Las piernas ya empezaban a quejarse, así que cogimos un tuc tuc que nos dejó lo más cerca posible del alojamiento.
Decisión más que acertada.

De vuelta en el hotel, tocaba disfrutar de la piscina privada.
Y como si el día no pudiera mejorar más, nos cayó un chaparrón de los buenos.
Piscina, lluvia tropical y cero prisas… cómo lo gozamos.

Para terminar el día, bajamos de nuevo al pueblo a cenar y a dar otra vuelta por sus calles.
El Nido seguía demostrando que, sin grandes planes, también se disfruta muchísimo.

Canopy Walk
Canopy Walk

Canopy Walk
Canopy Walk

Canopy Walk
Canopy Walk

El Nido
El Nido

Canopy Walk
Canopy Walk

Canopy Walk
Canopy Walk

Canopy Walk
Canopy Walk

Piscina
Piscina

Tormenta
Tormenta

Canopy Walk
Canopy Walk

Canopy Walk
Canopy Walk

Vanilla Beach
Vanilla Beach



Tortuga

Nadando con tortugas

Hoy tocaba uno de los platos fuertes de El Nido: el famoso Tour C.

Como éramos un grupo de cinco personas, decidimos hacerlo en tour privado, y fue todo un acierto. Más libertad, menos prisas y la posibilidad de disfrutar cada parada a nuestro ritmo.

La primera parada fue Helicopter Island, con esas formaciones rocosas tan características que parecen sacadas de otro planeta.

Seguimos hacia Matinloc Shrine, un lugar espectacular tanto por las vistas como por el contraste entre la construcción y el entorno natural.

Después llegaron las playas “escondidas”: Secret Beach y Hidden Beach. Accesos curiosos, rodeados de roca, y agua de ese color imposible que solo ves en fotos… hasta que estás allí.

La última parada fue Talisay Beach, perfecta para relajarse, nadar y simplemente disfrutar del sitio.

Pero la gran sorpresa del día llegó bajo el agua.

Mientras hacíamos snorkel, apareció una tortuga nadando tranquilamente a nuestro lado. Un momento de esos que no se olvidan y que hacen que todo el viaje cobre aún más sentido.

El día acompañó de principio a fin: sol, mar tranquilo y condiciones perfectas para disfrutar de todas las paradas sin prisas ni sobresaltos. Algo que agradeceríamos todavía más al día siguiente…

Para cerrar la jornada, nos sentamos en un bar a tomar unas cervezas bien frías.

Para cenar, repetimos en el ya mítico OPPA Kitchen. El wrap de pescado volvió a caer… y volvió a estar brutal. Delichiocho.

Tortuga
Tortuga

Playa
Playa

Tortuga
Tortuga

Wrap
Wrap

Grupito
Grupito

Cerveceando
Cerveceando



Tormenta Tour A

Cuando se cae el cielo

Para este día tocaba el Tour A, también en formato privado.
El problema es que el día no empezó especialmente bien: amaneció lloviendo y con bastante mala pinta.

Llamamos a la agencia para confirmar si el barco saldría o no y, pese al tiempo, nos dijeron que sí.
Así que, chubasquero puesto y mentalidad de “ya que estamos aquí”, pusimos rumbo al puerto.

El recorrido incluía algunas de las paradas más conocidas de El Nido: Big Lagoon, Secret Lagoon, Shimizu Island, 7 Commando Beach y varias zonas de snorkel.
Sobre el papel pintaba espectacular… y lo fue, aunque no en las mejores condiciones.

Durante gran parte de la excursión pasamos frío, lluvia y ratos de mar bastante movida.
Saltábamos al agua casi más por entrar en calor que por otra cosa, y el snorkel se hizo algo duro con el tiempo que hacía.
Aun así, había momentos en los que el paisaje compensaba absolutamente todo.

No fue el tour más cómodo del viaje, pero sí uno de esos días que luego recuerdas con una sonrisa,
porque forma parte de la aventura y del “esto no lo planeas, te pasa”.

Esa noche fue especial por otro motivo: era la última noche todos juntos.
Parte del grupo regresaba a España al día siguiente, mientras que mi pareja y yo seguíamos una semana más por Filipinas.

Nos despedimos sabiendo que el viaje no había terminado para todos…
pero que aún nos quedaban unas cuantas aventuras más por delante.

Tour A
Tour A

Tour A
Tour A

Tormenta Tour A
Tormenta Tour A

Tormenta Tour A
Tormenta Tour A

Despedida
Despedida

El Nido
El Nido

Tour A
Tour A

Tour A
Tour A

Tour A
Tour A



Tiburón Zorro
Malapascua
Malapascua

Odisea antes de los tiburones

El primer día fue, básicamente, una odisea de transporte para llegar hasta
Malapascua.

A las 4 de la mañana ya estábamos saliendo de El Nido rumbo al aeropuerto… o eso creíamos.
El tricycle que habíamos quedado en recoger nunca apareció, así que tocó improvisar.
Por suerte, en un hotel cercano consiguieron despertarle a un pobre conductor en mitad de la noche
y nos llevó hasta el aeropuerto.

El aeropuerto era diminuto y el vuelo, en un avión de hélices.
Primera vez en uno de estos… y sí, un poco de miedito.

Tras aterrizar en Cebú, nos recogió una furgoneta para llevarnos hasta el puerto de
Maya, al norte de la isla.
Aquí empezó el verdadero espectáculo: adelantamientos imposibles, carril contrario, motos
apartándose por centímetros… y, como colofón final, un rebaño de cabras cruzándose
justo antes de llegar al puerto.
Una de ellas se llevó un golpe, pero por suerte solo salió cojeando.
Bienvenidos a Filipinas.

Desde el puerto, tocó subir a una barca típica filipina rumbo a Malapascua.
El motor se paró varias veces y durante unos minutos pensamos que igual ese día no llegábamos…
pero finalmente lo conseguimos.

Ya en la isla, dejamos las maletas en el hotel y nos acercamos al
centro de buceo para registrarnos para el día siguiente.
Un paseo tranquilo por las playas y a descansar.
Había sido un día largo.

Al día siguiente madrugamos de nuevo, esta vez para lo que realmente habíamos venido:
bucear con tiburones zorro.

Preparamos el equipo y esperamos a nuestro instructor, que al principio parecía no acordarse
de que tenía que venir… cosas que pasan.
Finalmente salimos al agua rumbo a Kimud Shoal.

Las inmersiones duraron 46 y 47 minutos.
Al principio solo veíamos corales y vida marina, hasta que de repente el instructor nos hizo una señal.
Y entonces apareció.

Un tiburón zorro.
Elegante, enorme, con esa cola imposible.
Poco después aparecieron más y nos quedamos completamente hipnotizados.
Un momento de esos que sabes que no vas a olvidar jamás.

Entre inmersiones, unos huevos duros y un pan que, probablemente por el hambre,
nos supieron a gloria.

De vuelta en Malapascua, tocó descansar y pasear tranquilamente por la isla,
intentando asimilar lo que acabábamos de vivir bajo el agua.

Tiburón Zorro
Tiburón Zorro

Tiburón Zorro
Tiburón Zorro

Tiburón Zorro
Tiburón Zorro

Pez León
Pez León

Post Buceo
Post Buceo

Malapascua
Malapascua

Buceo
Buceo

Malapascua
Malapascua

Malapascua
Malapascua

Malapascua
Malapascua



Malapascua
Malapascua

Malapascueando

El día siguiente lo dedicamos a algo que el cuerpo ya iba pidiendo:
recorrer Malapascua sin prisas, de sur a norte, buscando playas,
un poco de relax y ver cómo es la vida en la isla más allá del buceo.

Desde la zona sur empezamos a caminar atravesando la isla hasta llegar a
North Beach y después continuar hacia Bantigue Beach.
Un paseo largo, pero muy agradecido.

Entre ambas playas hay un resort abandonado, que según nos contaron
tuvo que cerrarse tras sufrir los efectos de un fuerte temporal hace años.
Hoy en día queda como un lugar curioso, con estructuras medio comidas por la
vegetación, miradores improvisados y rincones bastante fotogénicos,
especialmente con el mar de fondo.

En North Beach, lo de relajarnos duró poco 😅.
Mientras nos bañábamos, se nos acercó un grupo de niños con ganas de jugar
y curiosear, así que el ambiente fue más animado que tranquilo.

Más tarde intentamos llegar hasta el faro de Malapascua, pero no hubo suerte.
Entre que no teníamos claro el camino y que las zapatillas no eran las más adecuadas,
decidimos darnos la vuelta antes de llegar.

Aun así, esos caminos tuvieron mucho encanto.
Atravesamos pequeñas zonas con casas muy humildes, lo justo para vivir,
y gente que, pese a tener poco, parecía realmente feliz.

Fue uno de esos días sencillos, sin grandes planes,
que te hacen conectar con el lugar.
Malapascua nos estaba gustando cada vez más.

North Beach
North Beach

North Beach
North Beach

Hotel abandonado
Hotel abandonado

Bantigue Beach
Bantigue Beach

Hotel abandonado
Hotel abandonado

Malapascua
Malapascua

Malapascua
Malapascua



Man-Made Forest

Del caos al paraíso

El día empezó con bastante tensión. Salir de Malapascua no fue nada sencillo: el mar estaba revuelto y la típica barca filipina intentaba despegar, pero el oleaje nos devolvía una y otra vez a la orilla. Entre intentos, agua entrando y caras de incertidumbre, conseguimos salir por fin.

Ese retraso nos hizo pensar que el día estaba perdido. Llegábamos al puerto de Maya con hora y media de retraso y, sobre el papel, íbamos a perder el ferry desde Cebú a Tagbilarán. Pero aquí llegó el momento “Fast & Furious versión Filipinas”. El chófer decidió que había que correr… y corrió. Adelantamientos imposibles, curvas, motos apartándose y una conducción que nos hizo agarrarnos fuerte al asiento.

Lo increíble es que, contra todo pronóstico, llegamos al ferry con casi una hora de margen. Si mirabas Google Maps al salir de Maya, llegábamos tarde sí o sí. Todavía no sé cómo lo hizo.

Ya en Tagbilarán, un taxi del alojamiento nos recogió y puso rumbo a la costa. Llegar al Bohol Beach Club fue como pulsar el botón de pausa: playa, calma y la sensación de que, por fin, todo volvía a fluir.


Al día siguiente tocó uno de los tours más completos del viaje por Bohol. La primera parada fue uno de los momentos más especiales: la visita a un centro protegido de tarseros.

Los tarseros filipinos son diminutos, nocturnos y extremadamente sensibles al estrés. Aquí no hay garantías: no siempre se ven, y eso forma parte del respeto hacia el animal. Nada de flashes, nada de ruido y nada de forzar la experiencia. Verlos —si hay suerte— es un privilegio, no un espectáculo.

En este centro conocimos también a Carlito Pizarras, una figura clave en la conservación del tarsero en Filipinas. De hecho, el nombre científico actual de la especie, Carlito syrichta, se eligió en su honor. Escucharle hablar de ellos hace entender por qué este lugar es tan especial.

Después tocó subir pulsaciones con una tirolina que cruza una garganta impresionante. Pocos segundos, pero suficientes para quedarte mirando el paisaje desde arriba y pensar: “qué locura de sitio”.

La siguiente parada fue el famoso Man-Made Forest, un bosque artificial de caobas creado tras la deforestación masiva sufrida durante la Segunda Guerra Mundial. Un tramo recto, perfectamente alineado, donde el sol desaparece y la temperatura baja de golpe. Un contraste brutal con el calor exterior.

Y, por supuesto, no podía faltar uno de los grandes iconos del país: las Chocolate Hills. Cientos de colinas casi perfectas que se extienden hasta donde alcanza la vista. En la estación seca adquieren un tono marrón que recuerda al chocolate, de ahí su nombre. Verlas en persona impresiona mucho más que en fotos.

Para cerrar el día de la mejor manera posible, nada de multitudes ni prisas: chapuzón en un río con una pequeña cascada… y completamente solos. Agua fresca, silencio y esa sensación de haber terminado el día como se merece.

La tarde fue ya para bajar revoluciones del todo. Nos quedamos en la playa del hotel, descansando, tomando el sol y dejándonos llevar por el sonido del mar. Después de un día tan intenso, no se nos ocurría mejor forma de cerrar la jornada.

Playa hotel
Playa hotel

Tarsero
Tarsero

Tirolina
Tirolina

Carlito Pizarras
Carlito Pizarras

Man-Made Forest
Man-Made Forest

Man-Made Forest
Man-Made Forest

Chocolate Hills
Chocolate Hills

Chocolate Hills
Chocolate Hills

Pangas Falls
Pangas Falls

Pangas Falls
Pangas Falls

Pangas Falls
Pangas Falls

Playa hotel
Playa hotel



Atardecer

Relax tras los días intensos

Después de los días intensos anteriores, este tocaba bajar un par de marchas y disfrutar de Bohol con más calma.

La mañana la dedicamos a algo sencillo pero muy agradecido: un poco de kayak y snorkel por la zona. Agua tranquila, sin prisas y sin un plan claro más allá de flotar, mirar peces y dejar pasar las horas.

Tras comer y descansar un rato, por la tarde cogimos un tuc tuc y pusimos rumbo al
North Zen Villas,
un lugar muy tranquilo junto al mar, perfecto para ver el atardecer.

Para llegar al mirador hay que cruzar una pasarela de madera que atraviesa un manglar. Solo ese paseo ya merece la pena: vegetación cerrada, silencio y el sonido del agua acompañando cada paso.

El bar está justo sobre el mar, sin alturas ni artificios, simplemente un sitio donde sentarte con una bebida fría mientras el sol cae poco a poco en el horizonte. Colores naranjas, reflejos en el agua y una sensación de paz absoluta.

Un día sencillo, sin grandes desplazamientos ni planes ambiciosos, pero que encajó perfecto en el viaje. A veces no hace falta hacer mucho más para disfrutar de un sitio.

Playa hotel
Playa hotel

Kayak
Kayak

Playa hotel
Playa hotel

Playa hotel
Playa hotel

Atardecer
Atardecer

Atardecer
Atardecer

Atardecer
Atardecer

Manglar
Manglar



Isola di Francesco

Un poco más de mar

Seguíamos en el mismo alojamiento, pero tocaba volver a subirnos a un barco para otro día de islas y snorkel.

Esta vez el destino fue la isla de Balicasag, a la que llegamos en una barca típica filipina. Nada más llegar nos dieron unos kayaks y nos llevaron a varios puntos para hacer snorkel.

La experiencia fue brutal desde el primer momento. Bastaba meter la cabeza bajo el agua para ver una explosión de colores: corales, bancos de peces y una visibilidad increíble. En uno de los puntos tuvimos la suerte de ver dos tortugas marinas nadando tranquilamente a pocos metros de nosotros. Un momentazo difícil de olvidar.

Desde allí pusimos rumbo a la Isola di Francesco, una pequeña isla privada muy cuidada, conocida por su ambiente tranquilo y su arena blanca. Mientras preparaban la comida, aprovechamos para recorrer la isla, hacernos fotos y disfrutar sin prisas.

Uno de los rincones más especiales fue la lengua de arena semisumergida que se forma junto a la isla. Caminar por ella, con el agua cubriéndote los pies y el mar a ambos lados, fue una pasada.

Tras comer, regresamos hacia Panglao, pero antes hicimos una última parada para más snorkel. Aquí vimos bastantes corales, peces payaso… y también una serpiente de mar. En cuanto la vi, tardé muy poco en subirme de nuevo al barco 😅.

Ya por la tarde nos acercamos a Alona Beach para dar una vuelta, empaparnos un poco del ambiente y cenar algo antes de volver al hotel. Otro día redondo de mar, islas y vida bajo el agua.

Tortuga
Tortuga

Tortuga
Tortuga

Balicasag
Balicasag

Balicasag
Balicasag

Balicasag
Balicasag

Balicasag
Balicsag

Panglao
Panglao

Panglao
Panglao

Panglao
Panglao

Balicasag
Balicasag

Balicasag
Balicasag

Balicasag
Balicasag

Isola di Francesco
Isola di Francesco

Isola di Francesco
Isola di Francesco

Isola di Francesco
Isola di Francesco

Balicasag
Balicasag



Depresión

Asimilando el viaje

Después de tantos días de islas, barcos, snorkel, madrugones y aventuras,
tocaba algo que casi siempre olvidamos en los viajes largos: parar.

Este día lo dedicamos simplemente a disfrutar del hotel.
Playa, piscina y calma. Sin horarios, sin planes, sin prisas.
Un día para sentarte, mirar al mar y empezar a asimilar todo lo vivido en
Filipinas… y también en Vietnam y Camboya.

Desde el caos de Hanoi hasta los templos de Angkor,
pasando por arrozales, trenes nocturnos, islas, ferratas,
tiburones zorro y playas de postal.
Un viaje largo, intenso y muy variado que había dado para mucho.

Fue un día de descanso físico, sí,
pero sobre todo de descanso mental.
De ordenar recuerdos, fotos, anécdotas
y empezar a aceptar que el viaje se acercaba a su final.

Este día fue, básicamente, un día de transporte.
Nada de excursiones ni planes ambiciosos, solo movernos de un punto a otro
después de muchos días intensos por Filipinas.

Cogimos el vuelo desde el aeropuerto de Panglao con destino a
Manila, el último gran salto del viaje antes de volver a casa.
Un trayecto tranquilo, pero con esa sensación extraña de saber que
el viaje ya estaba llegando a su recta final.

Al aterrizar en Manila no nos quedó mucha energía.
Directos al hotel, ducha rápida y a dejarnos caer en la cama.
El cuerpo ya pedía pausa después de semanas de madrugones,
islas, barcos, snorkel, buceo y kilómetros acumulados.

No fue un día memorable por lo que hicimos,
pero sí necesario para bajar revoluciones
y preparar la cabeza para el último día del viaje.

Depresión
Depresión

Depresión
Depresión

Depresión
Depresión

Depresión
Depresión



Intramuros

Se acaba el viaje… y empieza otro

Último día del viaje. Sin alojamiento, sin prisas y con la sensación clara de que
todo estaba llegando a su fin.
Antes de poner rumbo al aeropuerto, aprovechamos la mañana para hacer
un tour en bicicleta por Intramuros.

Intramuros es el casco histórico de Manila, rodeado de murallas y cargado de historia.
Aquí se entiende mejor el pasado del país: la etapa como colonia española,
la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y todo lo que vino después.
Pedaleando entre iglesias, plazas y edificios coloniales,
la ciudad se siente distinta, más tranquila y con mucho que contar.

El tour en bici fue una forma muy curiosa de despedirnos de Filipinas.
Sin estrés, a otro ritmo, escuchando historias y
poniendo contexto a todo lo vivido durante el viaje.

Al terminar, vuelta al hotel para la última ducha,
recoger mochilas y poner rumbo al aeropuerto.
Tocaba embarcar en el vuelo de vuelta a casa,
esta vez sí, con destino final Valencia.
La noche la pasaríamos en el avión.

Durante el trayecto, con horas por delante para pensar,
me di cuenta de todo lo que había dado de sí el viaje:
un mes entero recorriendo Vietnam, Camboya y Filipinas,
moviéndonos sin parar, improvisando, adaptándonos
y viviendo experiencias que no había vivido nunca antes.
Un viaje largo, intenso y, seguramente,
difícil de repetir en la vida.

Si quieres leer el inicio de esta aventura,
aquí puedes ver la primera parte del viaje por Vietnam y Camboya:

👉
Vietnam y Camboya

Y cuando parecía que ya no podía haber más sorpresas…
el viaje nos tenía guardada una última.
Al llegar a casa, supimos que
en nueve meses seríamos uno más en la familia. ❤️

Intramuros
Intramuros

Intramuros
Intramuros

Intramuros
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Intramuros
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Iglesia Manila
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Paseo en bici
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Vietnam y Camboya

Vietnam y Camboya son de esos destinos que se viven mejor con la mochila a la espalda y la mente abierta. Países intensos, auténticos y llenos de contrastes, donde cada día es diferente y la improvisación forma parte del viaje. No son países de rutas cerradas ni horarios estrictos. Son para vivir el camino, aprender sobre la marcha y volver a casa con la sensación de haber viajado de verdad.

En Vietnam, el movimiento es constante. Puedes pasar en pocas horas del caos de una gran ciudad, llena de motos, ruido y vida, a la tranquilidad de arrozales infinitos, montañas cubiertas de niebla o pueblos donde el tiempo parece ir a otro ritmo. Es un país que se vive en la calle, donde el trayecto importa casi tanto como el destino.

Camboya tiene un ritmo más pausado, pero no menos impactante. Su gran símbolo es Angkor, un conjunto de templos donde la historia, la espiritualidad y la naturaleza se mezclan de una forma única. Más allá de los templos, el país transmite una humanidad especial, marcada por un pasado duro pero con una gente increíblemente cercana.

Para mí, Vietnam y Camboya son de los mejores países para viajar solo y como mochilero. Moverse es sencillo, el ambiente viajero está por todas partes y es habitual compartir autobuses, comidas y cervezas con personas de medio mundo. Aquí perderse no es un problema, es parte del plan.

Y la comida es otro viaje dentro del viaje. Desde un buen pho o un bánh mì en Vietnam hasta un amok camboyano, comer es barato, sabroso y forma parte de la experiencia diaria.

Este recorrido por Vietnam y Camboya formó parte de un viaje más largo por el sudeste asiático. La aventura no terminó aquí: en el último día de este post dejaré el enlace a la siguiente etapa del viaje, Filipinas, donde el plan cambió completamente y la aventura tomó aún más protagonismo.


¿Qué Necesitarás Para Tu Viaje?​

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¿Qué meter en la maleta?

Angkor Wat

Angkor fue durante siglos el corazón del Imperio Jemer, y recorrer sus templos es viajar directamente a una de las civilizaciones más poderosas del sudeste asiático. El complejo arqueológico de Angkor es enorme y está formado por decenas de templos rodeados de selva, estanques y caminos de tierra que hacen que la experiencia sea aún más especial.

El más famoso es, sin duda, Angkor Wat, el templo religioso más grande del mundo y auténtico símbolo del país. Sus torres, relieves y proporciones son impresionantes, sobre todo al amanecer, cuando el sol empieza a reflejarse en los estanques frontales.

Pero el complejo va mucho más allá: templos como Bayon, con sus enormes caras talladas en piedra, o Ta Prohm, devorado por las raíces de los árboles, hacen que cada visita sea diferente y tenga algo especial.

Pasear por Angkor es hacerlo entre historia, naturaleza y silencio, solo roto por el canto de los pájaros o el sonido lejano de alguna moto. A pesar de ser uno de los lugares más visitados del país, sigue transmitiendo una sensación de grandeza y misterio difícil de explicar.

Angkor no es solo una visita más del viaje, es uno de esos lugares que se te quedan grabados en la cabeza y que justifican por sí solos pasar por Camboya. Un sitio que impresiona, abruma y te obliga a parar un momento para asimilar dónde estás.














Train Street

Choque con el caos

Tras varios años con Vietnam en la lista de pendientes,
por fin poníamos un pie en el país.
Un destino que siempre me había llamado la atención por su cultura,
su forma de viajar tan mochilera y ese punto de caos que,
o lo odias… o te engancha para siempre.

Nada más salir del aeropuerto nos recogió un taxi que teníamos reservado,
y en el trayecto hasta el hotel tuvimos el primer choque cultural:
motos por todas partes, coches sin aparente orden y un concierto
constante de pitos.
Hanoi no se anda con medias tintas, te mete de lleno en su caos desde el minuto uno.

Tras dejar las mochilas en el hotel, salimos a dar una vuelta para
empezar a soltar piernas y adaptarnos al entorno.
Y fue ahí cuando aprendimos una de las primeras lecciones del viaje:
cruzar la calle aquí es un acto de fe.
Sin semáforos, sin pasos claros… miras, avanzas poco a poco y confías
en que las motos te esquiven.
Sorprendentemente, funciona.

Muy cerca teníamos uno de los lugares más curiosos de la ciudad,
Train Street.
Un callejón estrechísimo por el que pasa un tren a escasos centímetros
de las casas… y de tu cara.
Verlo pasar impone más de lo que parece en vídeos,
y ahí empezamos a darnos cuenta de que este viaje iba a ser
cualquier cosa menos tranquilo.

Seguimos paseando sin rumbo fijo, esquivando motos y aprendiendo a
movernos entre el caos, hasta llegar al Mausoleo de Ho Chi Minh.
Un contraste total con el resto de la ciudad:
amplio, ordenado y sorprendentemente tranquilo.

Para terminar el día, tocaba lo importante:
primera comida vietnamita.
Algo sencillo y ligero, perfecto para el cuerpo después del viaje
y para irnos pronto a descansar.
El jet lag apretaba, pero la sensación era clara:
el viaje ya había empezado de verdad.

Train Street
Train Street

Hanoi
Hanoi

Train Street
Train Street

Mausoleo de Ho Chi Minh
Mausoleo de Ho Chi Minh

Hanoi
Hanoi

Hanoi
Hanoi



Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Entre gigantes de piedra

El segundo día tocó madrugar de verdad para poner rumbo a la isla de Cat Ba.
Desde allí saldríamos a navegar por Lan Ha Bay, una alternativa mucho más tranquila que la famosa Halong Bay
y, sinceramente, todo un acierto.

Una vez a bordo empezó lo bueno. Nos dejaron un kayak para movernos a nuestro aire entre las formaciones rocosas,
remar por zonas tranquilas y meternos por rincones donde solo se escuchaba el agua y algún que otro pájaro.
Un espectáculo.

Durante el día también nos llevaron a playas remotas, prácticamente desiertas, donde pudimos parar a bañarnos
y desconectar del mundo. Y sí: hubo momento de saltar desde el barco al agua, que siempre suma puntos
cuando estás rodeado de un paisaje así.

Entre el mar, las rocas gigantes saliendo del agua y la sensación de estar en un sitio “de película”,
este día fue de esos que te recuerdan por qué has venido hasta aquí.

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Bun Cha
Bun Cha



Templo de la Lectura
Templo de la Lectura
Ciudad Imperial de Thang Long
Ciudad Imperial de Thang Long

Primera noche en tren nocturno

Este tercer día lo dedicamos a patearnos Hanoi sin rumbo fijo, dejándonos llevar por la ciudad y su caos constante.
Como el tiempo no acompañaba demasiado y la lluvia aparecía a ratos, decidimos subirnos a un bus turístico para movernos con algo más de comodidad y dar un pequeño respiro a las piernas.

Una de las primeras paradas fue el Templo Ngoc Son, situado en medio del lago Hoan Kiem.
Un pequeño oasis de calma en mitad del tráfico, los pitos y las motos que no paran nunca.

Más tarde hicimos una parada obligatoria para probar uno de los cafés más famosos del país: el egg coffee.
Lo tomamos en The Note Coffee, un sitio muy curioso, lleno de post-its con mensajes de viajeros de todo el mundo pegados por paredes, mesas y ventanas.
Un lugar diferente y con mucho encanto.

Seguimos caminando bajo la lluvia para ver la Catedral de San José, de estilo neogótico y muy diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora en Vietnam,
y más tarde visitamos la Ciudad Imperial de Thang Long, uno de los conjuntos históricos más importantes del país.

El resto del día lo pasamos simplemente perdiéndonos por Hanoi, esquivando motos, cruzando calles como ya empezábamos a dominar
—mirando poco y andando mucho— y empapándonos del ambiente local mientras esperábamos la hora de nuestro siguiente gran salto.

Por la noche tocaba cambio de escenario: cogimos el tren nocturno rumbo a Lao Cai,
puerta de entrada a Sa Pa.
Dormir no fue lo más cómodo del mundo, pero la sensación de estar viajando de verdad, mochila a cuestas y destino nuevo por delante,
compensaba cualquier incomodidad.

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Templo Ngoc Son
Templo Ngoc Son

Egg Coffee
Egg Coffee

Catedral de San José
Catedral de San José

Templo de la Literatura
Templo de la Literatura

Templo de la Literatura
Templo de la Literatura

Ciudad Imperial de Thang Long
Ciudad Imperial de Thang Long

Ciudad Imperial de Thang Long
Ciudad Imperial de Thang Long

Ciudad Imperial de Thang Long
Ciudad Imperial de Thang Long

The Note Coffee
The Note Coffee

Hanoi
Hanoi

Tren nocturno
Tren nocturno



Sa Pa Station
Arrozales

Barro hasta en las orejas

Tras una noche de tren, llegamos a Lao Cai, donde ya nos estaba esperando un taxi para llevarnos hasta
Sa Pa.
Dos días por delante para perdernos entre arrozales, montañas y aldeas del norte de Vietnam.

Nada más bajarnos del taxi entendimos que aquello iba a ser intenso.
Un grupo enorme de mujeres locales, principalmente de las etnias Hmong y Dao,
se nos acercaron casi en avalancha para ofrecernos trekkings, guías y tours de todo tipo.

Aquí va un consejo importante: si llegas sin nada reservado, no pasa absolutamente nada.
Allí mismo te ofrecerán mil opciones y podrás elegir sobre la marcha.
Eso sí, cuando te digan que vas a necesitar botas de agua… hazles caso.
Saben perfectamente por dónde te van a meter.

Arrancamos el trekking atravesando arrozales en terrazas, caminos embarrados y pequeños pueblos donde
la vida sigue un ritmo totalmente distinto al de las ciudades.
El paisaje es una auténtica pasada, verde por todos lados, pero no voy a engañar a nadie:
disfruté mucho, aunque al final del día se me hizo duro.
Las piernas acabaron pidiendo tregua.

Este primer día caminamos 11,62 kilómetros, suficientes para entender que Sa Pa no es solo “bonito”,
también es exigente.

La noche la pasamos en una casa local, un homestay con amigos de nuestra guía Mango.
Cena casera, ambiente tranquilo y sensación de estar viviendo algo auténtico.
Más que recomendable para cerrar un primer día intenso en las montañas.

Sa Pa Station
Sa Pa Station

Iglesia Sa Pa
Iglesia Sa Pa

Arrozales
Arrozales

Arrozales
Arrozales

Poblado
Poblado

Poblado
Poblado

Arrozales
Arrozales

Cena local
Cena local

Bosque Bambú
Bosque Bambú

Arrozales
Arrozales

Arrozales
Arrozales

Arrozales
Arrozales



Sa Pa

Bañito entre montañas

Segundo día de trekking por Sa Pa, esta vez algo más suave, pero igual de bonito.
Las piernas ya iban notando el esfuerzo del día anterior, así que agradecimos que la ruta fuera más corta.

Durante la caminata nos llevaron hasta una cascada, donde pudimos darnos un baño rápido.
Agua fría, entorno brutal y ese momento de desconexión total que solo tienes cuando estás en mitad de la nada.

De vuelta hacia el pueblo, paramos a comer algo antes de que nos dejaran de nuevo en Sa Pa.
Ruta completada y sensación de misión cumplida.

Como el bus que nos llevaba de regreso a Lao Cai no salía hasta unas horas más tarde,
aprovechamos para perdernos sin rumbo por las calles de Sa Pa.
Mercados, ropa tradicional, colores por todos lados y ese ambiente tan particular de pueblo de montaña.
Una auténtica maravilla para pasear sin prisas.

Ya por la tarde, tocaba despedirse de Sa Pa.
Bus hasta Lao Cai y, una vez más, tren nocturno de vuelta a Hanoi.
Otro día intenso que cerrábamos con la mochila un poco más llena… y las piernas un poco más cansadas.

Cascada
Cascada

Cascada
Cascada

Arrozales
Arrozales

Grupito
Grupito

Arrozales
Arrozales

Sa Pa
Sa Pa

Sa Pa
Sa Pa

Sa Pa
Sa Pa

Arrozales
Arrozales

Arrozales
Arrozales



Tam Coc
Mua Cave
Mua Cave

Niños everywhere

Este día salió totalmente de improviso.
Volvíamos a Hanoi y teníamos que matar unas cuantas horas antes de coger el tren nocturno,
esta vez rumbo a la ciudad imperial de Hue.

¿La solución? Aprovechar el tiempo al máximo.
Decidimos hacer un tour a Ninh Binh y, desde allí,
coger directamente el tren hacia nuestro siguiente destino.
Plan redondo.

La excursión empezó en Hoa Lu, antigua capital de Vietnam,
donde visitamos varios templos rodeados de montañas y vegetación.
Un sitio tranquilo, perfecto para empezar el día sin prisas.

Después llegó uno de los momentazos: el paseo en barca por Tam Coc.
Remar entre arrozales, formaciones kársticas y ríos calmados es una auténtica maravilla.
De esos lugares en los que no hace falta decir nada, solo mirar alrededor.

Seguimos con una ruta en bicicleta de unos 30 minutos,
sencilla pero muy agradable, antes de afrontar el plato fuerte:
los 500 escalones de piedra de Mua Cave.
Duro, sí… pero las vistas desde arriba compensan cada paso.
Impresionante.

Tras la excursión, nos dejaron en la estación de tren,
donde pasamos bastante rato esperando nuestro convoy nocturno.
Y allí ocurrió algo curioso.

Varios niños se nos acercaron para hablarnos en inglés.
Charlando con ellos descubrimos que muchos padres los llevan a la estación
para que practiquen el idioma con viajeros, se suelten hablando y aprendan a socializar.
Fue un choque cultural, pero a la vez una experiencia muy bonita y auténtica,
de esas que no esperas y que se te quedan grabadas.

Finalmente llegó el tren.
Un trayecto largo, de unas 11–12 horas,
pero entre risas, conversaciones y cansancio acumulado,
se nos pasó mejor de lo esperado.
Vietnam seguía sorprendiéndonos… incluso en los trayectos.

Hoa Lu
Hoa Lu

Tam Coc
Tam Coc

Hoa Lu
Hoa Lu

Tam Coc
Tam Coc

Tam Coc
Tam Coc

Tam Coc
Tam Coc

Dragón Mua Cave
Dragón Mua Cave

Mua Cave
Mua Cave

Ninh Binh
Ninh Binh

Ninh Binh
Ninh Binh

Tam Coc
Tam Coc

Tam Coc
Tam Coc



Tumba de Khai Dinh
Tumba de Khai Dinh
Chùa Diệu Nghiêm

Probando comida en puestos callejeros

Día completo en Hue, y ya te aviso: aquí el ritmo cambia. Menos motos a lo loco (bueno… algo sigue habiendo), más historia, más pagodas y ese punto de Vietnam que huele a incienso en cada esquina.

Para movernos sin comernos la cabeza, pillamos un bus turístico y fuimos saltando de parada en parada.
La primera fue la Pagoda Thien Mu, probablemente la más famosa de Hue, con su torre y el río alrededor que le da un rollo súper tranquilo.
Después pasamos por Chùa Diệu Nghiêm y la Tu Hieu Pagoda, que tiene ese ambiente silencioso y verde que te hace bajar las revoluciones sin darte cuenta.

Una de las paradas más curiosas fue el poblado de incienso.
Ver cómo hacen las varas, los montones de colores y toda la “fábrica” artesanal montada allí… es hipnótico.
Y sí: fotos obligatorias, porque es imposible no caer.

Cerramos la ruta cultural con la tumba de Khai Dinh, que es otra liga.
Mucho más recargada, mezcla de estilos y con una cantidad de detalles brutal.
Subir las escaleras ya te pone en modo “esto tiene pinta de ser importante”… y lo es.

Y cuando ya pensábamos que el día estaba hecho… llegó lo mejor: tour gastronómico por Hue.
Nos metimos entre pecho y espalda 6 platos (y un postre misterioso que no recuerdo cómo se llamaba, pero entró como un campeón).

Cayeron: nem lụi, bánh nậm, bánh bèo chén, bánh ram ít, y el famoso bún bò…
que, por cierto, picaba como si me tuviera manía.
Lo mejor fue dónde lo comimos: un puesto típico en la calle, con sillitas enanas, humo, ruido y ese caos controlado que hace que la comida sepa todavía mejor.

Hue nos dejó con esa sensación de haber vivido un día completo: templo, incienso, tumba imperial y comida callejera.
Si esto es “un día normal” en Vietnam, yo firmo.

Pagoda Thien Mu
Pagoda Thien Mu

Pagoda Thien Mu
Pagoda Thien Mu

Tumba de Khai Dinh
Tumba de Khai Dinh

Tumba de Khai Dinh
Tumba de Khai Dinh

Nem Lụi
Nem Lụi

Bánh bèo chén
Bánh bèo chén

Bánh ram ít
Bánh ram ít

Bánh nậm
Bánh nậm

Bún bò
Bún bò

Postre misterioso
Postre misterioso

Puesto de Bún Bò
Puesto de Bún Bò

Chùa Diệu Nghiêm
Chùa Diệu Nghiêm

Chùa Diệu Nghiêm
Chùa Diệu Nghiêm

Chùa Diệu Nghiêm
Chùa Diệu Nghiêm



Ciudadela Imperial

Perdidos en la montaña

Lo primero del día fue comprobar, nada más levantarnos, que la barriga seguía en su sitio después de la noche anterior de comida callejera vietnamita.
Buenas noticias: todo en orden, así que podíamos seguir con el plan sin miedo 😅.

Antes de despedirnos de Hue, visitamos la Ciudadela Imperial.
Y qué decir… una auténtica pasada.
Murallas enormes, patios, puertas monumentales y esa sensación constante de estar caminando por un lugar que fue realmente importante.
Hue gana muchos puntos cuando te paras a conocer su parte histórica.

Con Hue ya tachado de la lista, nos subimos al coche rumbo a Hoi An, pero este trayecto no era solo un traslado, era casi una excursión en sí misma.
La primera parada fue en Lap An Lagoon, con unas vistas tranquilísimas que contrastaban totalmente con el caos de las ciudades.

Seguimos subiendo hasta la cima del Hải Vân Pass.
Las vistas desde allí son brutales… y menos mal que al final no lo hicimos en moto.
Después de verlo en persona, creo que habría sido demasiado para nosotros.

Ya bajando, hicimos parada en Da Nang y en la Montaña de Mármol.
Un sitio curioso y bonito, aunque aviso: es facilísimo perderse.
Entre cuevas, escaleras y pasadizos, aquello parece un laberinto montado aposta para desorientarte.

Y cuando pensabas que el día ya no podía dar más de sí, llegamos a la zona de los coconut boats, ya cerca de Hoi An.
Nos subimos a uno de esos barquitos redondos tipo cesta y nos dieron unas vueltas que, sinceramente, pensé que acabábamos en el agua.
Diversión asegurada, aunque aquí toca avisar: intentan timar bastante.
Nos pedían un precio totalmente inflado y, regateando un poco, lo sacamos muchísimo más barato. Pero muchísimo.

Ya por la tarde llegamos por fin a Hoi An y nos fuimos directos al hotel a dejar las cosas y bajar un poco las revoluciones.
Había sido un día largo, intenso y con mil paradas, pero de esos que luego recuerdas como uno de los más completos del viaje.

Hoi An nos esperaba… y algo me decía que aquí íbamos a bajar el ritmo, aunque solo fuera un poco.

Ciudadela Imperial
Ciudadela Imperial

Ciudadela Imperial
Ciudadela Imperial

Transporte
Transporte

Lap An Lagoon
Lap An Lagoon

Da Nang
Da Nang

Montaña de Mármol
Montaña de Mármol

Montaña de Mármol
Montaña de Mármol

Montaña de Mármol
Montaña de Mármol

Montaña de Mármol
Montaña de Mármol

Coconut boats
Coconut boats

Coconut boats
Coconut boats

Coconut boats
Coconut boats

Hải Vân Pass
Hải Vân Pass

Chùa Cầu
Chùa Cầu

Hoi An
Hoi An



My Son

Apurando el final

El día comenzó temprano, todavía con el cuerpo algo destrozado del día anterior, pero tocaba seguir.
Desde Hoi An pusimos rumbo a My Son, una visita que, sin saberlo aún, nos iba a servir como antesala perfecta para lo que vendría más adelante en Angkor.

My Son es un complejo de templos cham rodeado de vegetación, con un aire místico y bastante diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.
No es una excursión especialmente cómoda —calor, caminatas y cansancio acumulado— pero aun así merece mucho la pena.
Sales de allí con la sensación de haber entendido un poco mejor la historia de la zona.

De vuelta en Hoi An, todavía nos quedaban fuerzas para hacer un free tour por la ciudad.
Un paseo tranquilo en el que nos explicaron varios puntos clave y curiosidades del casco antiguo, entre ellos el famoso Puente Japonés, uno de los iconos de la ciudad.
Hoi An tiene algo especial: es pequeña, bonita y se recorre sin prisas.

A esas alturas del viaje, y aunque la comida vietnamita nos había encantado, empezábamos a echar de menos sabores de casa.
Así que encontramos un bar español a orillas del río… y fue todo un acierto.
Qué bien sienta, de vez en cuando, comer algo que te devuelve directamente a casa.

Para rematar el día y gastar el poco efectivo que nos quedaba en Vietnam, decidimos darnos un masaje de pies.
Después de tantos kilómetros, calor y excursiones, fue una auténtica gozada.
Salimos flotando.

Un día más relajado, pero muy bien aprovechado.
Hoi An seguía sumando puntos y nosotros ya empezábamos a mentalizarnos para la siguiente gran etapa del viaje.

My Son
My Son

My Son
My Son

My Son
My Son

My Son
My Son

My Son
My Son

Hoi An
Hoi An

Chùa Cầu
Chùa Cầu

Hoi An
Hoi An

Hoi An
Hoi An



Pub Street

Cambio de país

Este día tocó cambio de país. Dejábamos atrás Vietnam para poner rumbo a Camboya, segundo destino del viaje y uno de los grandes motivos por los que estábamos aquí.
El trayecto fue tranquilo y, al llegar, solo pensábamos en una cosa: bajar el ritmo.

Nuestro alojamiento fue el Angkor Heart Bungalow y, nada más verlo, supimos que habíamos acertado.
Después de tantos días de calor, caminatas y transporte, tener una piscina fue casi un regalo.
Un rato de relax, refrescarnos y no hacer absolutamente nada… que también es viajar.

Ya por la tarde-noche, cogimos un tuk-tuk para acercarnos a Pub Street, el corazón más animado de Siem Reap.
Luces, música, restaurantes y ambiente mochilero por todas partes.
Cenamos algo sencillo, sin alargar mucho la noche.

Este día no fue gran cosa en cuanto a visitas, pero era justo lo que necesitábamos.
Descansar, cargar pilas y mentalizarnos, porque al día siguiente empezaba lo serio:
el primero de los dos días dedicados a recorrer los templos de Angkor Wat.
Y eso ya eran palabras mayores.

Hotel
Hotel

Hotel
Hotel

Tuc Tuc
Tuc Tuc

Pub Street
Pub Street

Cerveza Camboya
Cerveza Camboya

Hotel
Hotel



Preah Khan
Angkor Thom (North Gate)

Calor y más calor

Llegó el día esperado. Por fin íbamos a empezar a recorrer los templos de Angkor, uno de esos lugares que llevas años viendo en fotos y documentales.
Aunque sabíamos que la joya de la corona llegaría al día siguiente, las expectativas ya estaban muy altas.

Nuestro guía, Hen, nos recogió en el hotel en tuk tuk y pusimos rumbo al complejo arqueológico.
Moverse así, con el aire en la cara y el paisaje alrededor, fue todo un acierto.

La primera gran parada fue el Templo de Bayón, con sus famosas caras de piedra mirándote desde todos los ángulos.
Después cruzamos la puerta norte de Angkor Thom, una de esas entradas que ya te meten de lleno en lo que fue este antiguo imperio.

El día continuó con la visita a Preah Khan, enorme y algo más salvaje, seguido de Neak Pean, mucho más tranquilo y rodeado de agua.
También pasamos por Ta Som y Pre Rup, este último con unas vistas espectaculares desde lo alto.

Uno de los momentos más impresionantes llegó en Ta Prohm, el templo devorado por la selva.
Ver cómo los árboles crecen literalmente sobre los muros y las puertas pone la piel de gallina.
Antes de volver, hicimos una última parada en Kravan Temple, más pequeño pero diferente al resto.

Con la cabeza llena de imágenes y las piernas ya bastante cansadas, regresamos a Siem Reap.
Cena tranquila por Pub Street y a descansar.
Al día siguiente tocaba madrugar de verdad para vivir uno de los momentos más especiales del viaje.

Templo Bayón
Templo Bayón

Angkor Thom (North Gate)
Angkor Thom (North Gate)

Angkor Thom (North Gate)
Angkor Thom (North Gate)

Neak Pean
Neak Pean

Ta Som
Ta Som

Ta Som
Ta Som

Ta Prohm
Ta Prohm

Ta Prohm
Ta Prohm

Pre Rup
Pre Rup

Pre Rup
Pre Rup

Pre Rup
Pre Rup

Preah Khan
Preah Khan



Angkor Wat

Y por fin, Angkor Wat

Tocaba madrugar de verdad. Muy temprano salimos rumbo a Angkor Wat para ver el amanecer, y ya te adelanto que fue uno de esos momentos que se quedan grabados.
Ver cómo el sol aparece poco a poco por detrás del templo, reflejándose en el agua, es simplemente espectacular.

Hen nos llevó a un punto perfecto para sacar una foto brutal, encajando los templos entre los pilares.
Por dentro, Angkor Wat es otra historia: pasillos infinitos, relieves, escaleras empinadas… cuesta creer que algo así se construyera hace siglos y siga en pie hoy en día.
Una auténtica locura.

Ese día también tocaba entrar al Templo de Bayón.
Si desde fuera impresiona, por dentro es todavía más impactante.
Caminar entre sus torres y encontrarte caras gigantes mirándote desde todos los ángulos es una sensación difícil de describir.

La ruta continuó por la Terraza de los Elefantes, el East Mebon y el templo de Banteay Kdei.
El calor ya apretaba fuerte y el cansancio empezaba a notarse, pero cada parada merecía la pena.

Fue un día duro por el madrugón y las temperaturas, pero totalmente compensado.
De vuelta al hotel, una cena tranquila y a descansar.
Nuestro viaje por Vietnam y Camboya llegaba a su fin.
Al día siguiente tocaba cambiar de país… esta vez rumbo a Filipinas.

Angkor Wat
Angkor Wat

Angkor Wat
Angkor Wat

Angkor Wat
Angkor Wat

Mono
Mono

Templo de Bayón
Templo de Bayón

Templo de Bayón
Templo de Bayón

Templo de Bayón
Templo de Bayón

East Mebon
East Mebon

East Mebon
East Mebon

Templo de Banteay Kdei
Templo de Banteay Kdei

Terraza de los Elefantes
Terraza de los Elefantes



Aeropuerto Manila

Fin del viaje… o no

El viaje por Vietnam y Camboya llegaba a su fin. Tras semanas intensas de templos, carreteras interminables, mercados, historia y muchas horas de mochila a la espalda, tocaba cambiar completamente de escenario.

Desde Siem Reap pusimos rumbo al aeropuerto para coger el vuelo que nos llevaría hasta Manila, haciendo escala en Singapur. Un trayecto largo, de esos en los que te da tiempo a repasar mentalmente todo lo vivido durante el viaje… y a darte cuenta de lo rápido que ha pasado.

Este tramo del viaje fue especial porque no significaba un regreso a casa, sino todo lo contrario. Cerrábamos una etapa muy cultural, intensa y auténtica, para abrir otra completamente distinta, mucho más enfocada a la aventura, el mar y la improvisación.

Vietnam ha sido uno de esos países que te hacen pensar: “aquí tengo que volver”. Fácil para viajar por libre, caótico, auténtico y con mil rincones que se quedaron fuera del recorrido. Estoy seguro de que en algún momento volveré a pisarlo.

Vietnam y Camboya han sido, sin duda, dos de los países que más he disfrutado viajando por libre. Un viaje muy mochilero, lleno de contrastes y con esa sensación constante de estar viviendo algo real, sin filtros ni artificios.

Pero la historia no termina aquí.

La siguiente parada del viaje fue Filipinas, donde cambiamos templos por playas, autobuses por barcas y rutas culturales por días de islas, buceo y aventura.

📌 Próximamente: la continuación del viaje en Filipinas estará disponible en un nuevo post.

Y sí… todavía quedaba mucho por vivir.

Aeropuerto Singapur
Aeropuerto Singapur

Aeropuerto Manila
Aeropuerto Manila

Filipinas
Filipinas

Aeropuerto Singapur
Aeropuerto Singapur

Aeropuerto Singapur
Aeropuerto Singapur



Travel4

Japón

Travel4 en…

Japón

Madrid

Tokio

Tokio

Madrid

Madrid

Varsovia (Polonia)

Tokio (NRT)

Tokio (NRT)

Varsovia (Polonia)

Madrid

Madrid

Varsovia

Tokio (NRT)

Tokio (NRT)

Varsovia

Madrid

Japón

Japón es de esos países que te dejan con la sensación de estar viajando entre dos mundos. En un mismo día puedes pasar de un templo en silencio absoluto a una calle llena de neones, pantallas y gente por todas partes… y, lo raro, es que todo encaja.

Gran parte de su identidad viene del sintoísmo y el budismo, que no se quedan solo en lo “religioso”, sino que se cuelan en lo cotidiano: respeto, rituales, festivales, jardines, arquitectura y hasta la manera de comportarse. Esa estética japonesa tan reconocible —simple, limpia y conectada con la naturaleza— está en todas partes si te fijas un poco.

Y luego está la comida, que es otro viaje dentro del viaje. Japón no es solo sushi: también es ramen, gyozas, tempura, okonomiyaki… La gracia está en que hasta lo más “simple” tiene mimo, producto y detalle. Aquí comer no es un trámite: es parte del plan.

Lo mejor es que, aun con todo eso, es un país puntero en innovación y tecnología. Trenes que parecen de otro planeta, ciudades hiperconectadas, robótica… pero sin perder sus raíces. Ese equilibrio entre tradición y futuro es justo lo que hace que Japón sea tan especial y tan fácil de recordar.


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Viaje realizado en marzo

Kioto

Aunque la capital de Japón es Tokio, si hay una ciudad que nos robó el corazón durante el viaje, esa fue Kioto.

Kioto fue durante siglos la capital imperial del país y eso se nota nada más pisarla. Templos, jardines cuidados al detalle y barrios tradicionales hacen que la ciudad respire historia por todos lados. Lugares tan emblemáticos como el Kinkaku-ji (Pabellón Dorado) o el templo Kiyomizu-dera son visitas obligadas y resumen perfectamente la esencia de la ciudad.

Pasear por barrios como Gion, con sus calles empedradas y casas tradicionales, es como viajar al Japón de otra época. Aquí todavía se pueden ver geishas y maikos manteniendo vivas las artes tradicionales. Eso sí, a partir de abril de 2024 se han impuesto restricciones al acceso de turistas en algunas zonas debido al acoso que sufrían, permitiendo el paso únicamente en visitas guiadas en ciertos casos.

Kioto también es conocida por sus grandes celebraciones culturales. Destacan el Hanami, la famosa observación de los cerezos en flor en primavera, y el Gion Matsuri en verano, uno de los festivales más importantes de Japón. Momentos perfectos para entender por qué Kioto es considerada una de las ciudades más especiales del país.














Tokyo Skytree
Tokyo Skytree

Rumbo a Asia

El viaje comenzó saliendo rumbo a Madrid para coger el avión que nos llevaría hasta Japón. El vuelo salía a las 15:30 y hacía escala en Polonia.

Tras una espera de unas tres horas en la escala, volvimos a subir al avión para afrontar el último tramo del viaje, esta vez ya con destino final Tokio.

Aterrizamos a las 19:30, hora local japonesa, y nos encontramos con la primera prueba del viaje: una larga cola en el control de inmigración. Paciencia, papeleo y primeras sensaciones de estar en un país completamente distinto al nuestro.

Una vez superado el trámite, cogimos el tren que nos llevó hasta la zona del hotel. Después de tantas horas de vuelo, el cansancio era considerable, pero aun así dejamos las maletas y salimos a dar una pequeña vuelta por los alrededores.

Necesitábamos estirar las piernas, tomar algo de aire y empezar a asimilar que el viaje había comenzado de verdad. Sin alargar demasiado la noche, volvimos pronto para descansar. Al día siguiente tocaba empezar a descubrir Tokio en serio.

Puerta Kaminarimon
Puerta Kaminarimon
Templo y Pagoda
Templo y Pagoda

¿Dormir? ¿Eso qué es?

Dormir… lo justo. Apenas unas horas antes de que el jet lag hiciera de las suyas. Sobre las 3–4 de la madrugada ya estábamos dando vueltas en la cama sin conseguir dormir, así que decidimos levantarnos y salir a explorar los alrededores.

Muy cerca del hotel teníamos el templo Senso-ji, así que fue lo primero que vimos de todo Japón. Se trata del templo budista más antiguo de Tokio, construido en el año 645.

Su imponente puerta Kaminarimon es uno de los iconos de la ciudad y, aunque durante el día se forman colas para hacerse la foto de rigor, a esas horas pudimos disfrutarla con bastante tranquilidad. Tras cruzarla, se accede a la animada calle comercial Nakamise, repleta de puestos tradicionales que llevan hasta el santuario principal y la pagoda de cinco pisos.

Después cruzamos el río Sumida en dirección a la torre más alta de Japón, el Tokyo Skytree. Con sus 634 metros de altura, cuenta con dos plataformas de observación desde las que se obtienen vistas panorámicas de Tokio. Con buen tiempo es posible ver el Monte Fuji; en nuestro caso solo se intuía ligeramente su silueta.

Desde allí cogimos el metro rumbo a Ueno para visitar su famoso parque. En el parque de Ueno se puede entrar al zoo —que esta vez dejamos pasar— y visitar el Santuario Ueno Toshogu, cuya construcción data del año 1627.

A la hora de comer nos dirigimos a la calle Ameya-Yokocho, donde probamos nuestro primer ramen del viaje acompañado de una cerveza japonesa. Todo un acierto para reponer fuerzas.

Y para terminar el día, pusimos rumbo a Akihabara. Tiendas de manga, máquinas de gashapon, recreativas y videojuegos por todas partes. Una experiencia tan caótica como divertida.

Tras unos 30 kilómetros caminados, volvimos a Asakusa para cenar y, esta vez sí, intentar descansar de verdad.

Templo y Pagoda
Templo y Pagoda

Puerta Kaminarimon
Puerta Kaminarimon

Vistas Tokyo Skytree
Vistas Tokyo Skytree

Parque Ueno
Parque Ueno

Parque Ueno
Parque Ueno

Parque Ueno
Parque Ueno

Parque Ueno
Parque Ueno

Parque Ueno
Parque Ueno

Matsuchiyama Shoden
Matsuchiyama Shoden



Tokyo Tower
Tokyo Tower
Estación de Tokio
Estación de Tokio
Godzilla
Godzilla

Más y más pasos

Volvemos a madrugar con la intención de recorrer todo lo que teníamos marcado para este día. Amaneció con lluvia y frío, algo que, sin saberlo todavía, nos iba a regalar alguna que otra ventaja.

La primera parada fue la estación de Tokio. Gracias al mal tiempo conseguimos verla y fotografiarla prácticamente sin gente, algo poco habitual en un lugar tan concurrido.

Desde allí dimos una vuelta por el barrio de Ginza, conocido por sus tiendas de lujo, grandes marcas y edificios de arquitectura moderna.

Continuamos caminando hasta el Palacio Imperial de Tokio, situado en pleno centro de la ciudad. Aunque el acceso al palacio está restringido, sí se pueden visitar los jardines, rodeados de un gran foso y zonas verdes que contrastan con el ritmo de la ciudad.

La siguiente parada fue la Torre de Tokio, en el barrio de Minato. Con sus 333 metros de altura, fue construida como torre de comunicaciones y su inspiración en la Torre Eiffel es más que evidente.

De camino pasamos por el Santuario Hie, en Chiyoda. Un pequeño respiro de tranquilidad antes de seguir sumando pasos.

Tras volver a la estación de Tokio para comer un poco de sushi, pusimos rumbo al barrio de Odaiba. Allí vimos el famoso robot gigante, una réplica de la Estatua de la Libertad y el edificio de la televisión que aparece en Digimon. Sí, momento friki incluido.

Ya de vuelta, hicimos una última parada en el Templo Tsukiji Hongan-ji y pasamos por el teatro Kabukiza. Para cerrar el día como se merece, terminamos cenando un ramen en Ichiran. Tremendo.

El contador del día se cerró con 32,9 kilómetros caminados. Nada mal.

Estación de Tokio
Estación de Tokio

Tokyo Tower
Tokyo Tower

Tokyo Tower
Tokyo Tower

Santuario Hie
Santuario Hie

Palacio Imperial
Palacio Imperial

Edificio TV
Edificio TV

Palacio Imperial
Palacio Imperial

Palacio Imperial
Palacio Imperial

Palacio Imperial
Palacio Imperial

Teatro Kabukiza
Teatro Kabukiza

Templo Tsukiji Hongan-ji
Templo Tsukiji Hongan-ji



Estatua Hachiko
Estatua Hachiko
Parque Nacional Shinjuku Gyoen
Parque Nacional Shinjuku Gyoen

No siento las piernas…

Nuevo madrugón y otro día por delante cargado de planes. Tocaba seguir descubriendo Tokio a base de caminar… mucho.

Empezamos el día visitando el Santuario Meiji, uno de los más importantes del país. Rodeado de un enorme bosque, el contraste con la ciudad es brutal: pasas del ruido al silencio en cuestión de minutos.

Justo al lado se encuentra el Parque Yoyogi. Pagamos 500¥ para entrar y dimos un buen paseo por sus caminos y zonas verdes, aprovechando para bajar un poco el ritmo antes de volver al caos urbano.

Desde allí pusimos rumbo a Shibuya. Primera parada obligatoria: la estatua de Hachiko. Después, tocó cruzar el famoso Shibuya Crossing y perdernos por calles tan conocidas como Takeshita Street, llena de tiendas, gente y un ambiente bastante curioso.

A la hora de comer hicimos una parada en Rakeru para probar su omurice. Comimos los dos por 2.365¥, y fue un acierto total para recargar energías.

Con el estómago lleno seguimos caminando hasta el Shinjuku Gyoen National Garden, uno de los jardines más bonitos de la ciudad. Un lugar perfecto para desconectar un rato y descansar las piernas, aunque solo fuera mentalmente.

Por la tarde nos desplazamos hasta el templo Gotoku-ji, conocido como el templo de los gatos. Está lleno de figuras de maneki-neko y tiene un ambiente muy tranquilo, bastante distinto a lo que habíamos visto hasta ese momento.

Ya cayendo la noche, dimos un paseo por Kabukicho, recorriendo calles como Sakura-dori y la conocida Godzilla Road, con el famoso Godzilla asomando entre los edificios.

Para cenar, nada mejor que unos pinchos en Omoide-Yokocho. Un sitio con mucho ambiente donde cenamos por unos 1.600¥ por persona. Perfecto para cerrar el día.

El contador volvió a marcar números serios: 33,6 kilómetros caminados. Tokio no perdona… pero merece cada paso.

Santuario Meiji
Santuario Meiji

Santuario Meiji
Santuario Meiji

Calle Takeshita
Calle Takeshita

Comida en Takeshita
Comida en Takeshita

Nintendo Tokio
Nintendo Tokio

Sumo
Sumo

Godzilla
Godzilla

Calle Omoide Yokocho
Calle Omoide Yokocho

Calle Omoide Yokocho
Calle Omoide Yokocho

Kabukicho
Kabukicho

Shibuya Crossing
Shibuya Crossing

Templo Gotoku-ji
Templo Gotoku-ji



Nintendo Kioto
Kiyomizu-dera

Entre nieve, retrasos y linternas

Tokio se despidió de nosotros de una forma bastante inesperada: nevando. No era lo que teníamos en mente para el último día en la ciudad, pero le dio un toque especial a la mañana antes de poner rumbo a nuestro siguiente destino.

Tocaba coger el tren hacia Kioto. El trayecto no fue tan fluido como esperábamos, ya que acumulamos varios retrasos, pero finalmente conseguimos llegar a la antigua capital imperial.

Una vez en Kioto, la primera parada fue el Nishiki Market. Un mercado lleno de vida, puestos de comida y productos locales. Allí aprovechamos para comer un yakisoba por 2.890¥, perfecto para reponer fuerzas.

Muy cerca se encuentra la tienda oficial de Nintendo en Kioto, parada obligatoria tanto si eres fan como si no. Difícil salir con las manos vacías.

Continuamos la ruta visitando el Santuario Yasaka, uno de los más conocidos de la ciudad, especialmente bonito al atardecer. Desde allí pusimos rumbo a uno de los platos fuertes del viaje.

Llegamos al templo Kiyomizu-dera. La entrada cuesta 500¥ y, sinceramente, es espectacular. El templo se alza sobre una estructura de madera con vistas increíbles de la ciudad y es uno de esos lugares que justifican por sí solos la visita a Kioto.

Después bajamos caminando por las calles tradicionales de Sannenzaka y Ninenzaka. Calles empedradas, casas de madera y ese ambiente tan característico que hace que Kioto se sienta completamente diferente a Tokio.

La vuelta al hotel fue toda una odisea. Caminamos por calles prácticamente a oscuras, pegados al arcén de algunas carreteras y guiándonos únicamente por la luz de las linternas del móvil. Una de esas situaciones que en el momento no hacen tanta gracia… pero que luego recuerdas con una sonrisa.

Para terminar el día, cenamos okonomiyaki por 3.740¥. Una forma perfecta de cerrar una jornada intensa y muy distinta a las anteriores.

El día terminó con 20,9 kilómetros caminados. Menos que en Tokio, pero suficientes después de todo lo vivido.

Kiyomizu-dera
Kiyomizu-dera

Kiyomizu-dera
Kiyomizu-dera

Kiyomizu-dera
Kiyomizu-dera

Kiyomizu-dera
Kiyomizu-dera

Ninenzaka Str
Ninenzaka Str

Okonomiyaki
Okonomiyaki



Ciervos Nara
Kofuku-ji Temple
Kofuku-ji Temple

Atracados por ciervos en Nara

El cuerpo empezaba a pasar factura, pero el plan del día era demasiado bueno como para bajar el ritmo. Tocaba salir de Kioto para visitar uno de los lugares más curiosos y divertidos del viaje: Nara.

Nada más llegar entendimos por qué es tan especial. Los ciervos campan a sus anchas por calles y parques, cruzándose contigo como si fueran peatones más. Compramos las típicas galletas y pasamos un buen rato dándoles de comer. Algunos eran educados… otros bastante insistentes 😅. Sin duda, lo mejor de Nara y una experiencia imprescindible si visitas Japón.

Antes de seguir recorriendo la ciudad, nos paramos a ver cómo preparaban mochis de forma tradicional. Todo un espectáculo: golpes rápidos, coordinación perfecta y un montón de gente mirando con la boca abierta.

Después sí, tocaba una de las visitas más importantes de la ciudad, el Templo Todai-ji. El recinto impresiona por su tamaño y por albergar al Gran Buda de bronce, una de las estatuas más grandes del mundo. Aun así, entre tanto templo y tanta caminata, los ciervos seguían robándose todo el protagonismo.

Con Nara bien disfrutada, regresamos a Kioto para seguir sumando pasos. Paseamos por el Kyoto Gyoen, el enorme parque que rodea el Palacio Imperial de Kioto. Un espacio amplio y tranquilo que vino bien para bajar pulsaciones… aunque solo un poco, porque el contador de kilómetros no dejaba de subir.

Para comer tiramos de puesto callejero, algo sencillo pero efectivo. Por la noche, ya cerca del hotel, tocó una cena de gyozas que supo a gloria después de una jornada de casi 38 kilómetros.

Día durísimo a nivel físico, pero también de los más divertidos del viaje. Nara fue un acierto total y los ciervos, sin duda, se llevaron el premio al recuerdo más inesperado de Japón.

Parque Nara
Parque Nara

Parque Nara
Todai-ji Temple

Todai-ji Temple
Todai-ji Temple

Todai-ji Temple
Todai-ji Temple

Todai-ji Temple
Todai-ji Temple

Todai-ji Temple
Todai-ji Temple

Todai-ji Temple
Todai-ji Temple

Parque Nara
Parque Nara

Parque Nara
Parque Nara

Kofuku-ji Temple
Kofuku-ji Temple

Mochi
Mochi

Parque Nara
Parque Nara

Parque Nara
Parque Nara

Ciervos Nara
Ciervos Nara



Pabellón Dorado
Pabellón Dorado
Otagi Nenbutsu-ji Temple

Kioto en modo intensito

Kioto volvía a ponernos a prueba con otro día intenso, pero de esos que se disfrutan de principio a fin.

La primera parada fue el Bamboo Forest de Arashiyama. Pasear entre esos altísimos tallos de bambú, con el sonido del viento y la luz colándose entre ellos, es una experiencia bastante hipnótica. Muy turístico, sí, pero aun así merece mucho la pena.

Desde allí nos acercamos al templo Otagi Nenbutsu-ji, conocido por sus cientos de estatuas de piedra con caras… digamos que muy expresivas 😅. Cada una es distinta: algunas sonríen, otras parecen enfadadas y otras directamente dan un poco de mal rollo. La entrada cuesta 400¥ y es una visita diferente y muy curiosa.

Seguimos con el Ryoan-ji, famoso por su jardín zen de piedras. Aquí todo va de calma, silencio y contemplación. Te sientas, miras el jardín y entiendes por qué este sitio tiene tanta fama. La entrada fue de 600¥.

Después llegó uno de los grandes clásicos del viaje: el Pabellón Dorado (Kinkaku-ji). Da igual cuántas fotos hayas visto antes, cuando lo tienes delante impresiona. El reflejo del templo sobre el agua, rodeado de naturaleza, es simplemente espectacular.

Para comer hicimos una parada bien merecida: oyako donburi y udon, por 5.900¥, que entraron de lujo para recuperar fuerzas.

Y con energías renovadas, tocaba uno de los platos fuertes del viaje: Fushimi Inari. Sus interminables torii rojos subiendo por la montaña son una auténtica pasada. Caminamos entre ellos al atardecer, cuando ya había menos gente, y la experiencia fue todavía mejor. Es uno de esos lugares donde cuanto más avanzas, más te atrapa el ambiente.

Para cerrar el día, cena sencilla pero efectiva: 7/11, por 1.959¥. A veces no hace falta más después de un día así.

Otro día de Kioto tachado de la lista… y otros 34,1 kilómetros sumados a las piernas.

Kimono Forest
Kimono Forest

Bamboo Forest
Bamboo Forest

Bamboo Forest
Bamboo Forest

Bamboo Forest
Bamboo Forest

Bamboo Forest
Bamboo Forest

Ryoanji Temple
Ryoanji Temple

Ryoanji Temple
Ryoanji Temple

Ryoanji Temple
Ryoanji Temple

Pabellón Dorado
Pabellón Dorado

Pabellón Dorado
Pabellón Dorado

Pabellón Dorado
Pabellón Dorado

Helado Matcha
Helado Matcha

Fushmi Inari
Fushmi Inari

Fushmi Inari
Fushmi Inari

Fushmi Inari
Fushmi Inari

Kioto
Kioto

Kioto
Kioto

Kioto Tower
Kioto Tower



Castillo Nijo
Castillo Osaka

Del Japón imperial al Japón callejero

Último día en Kioto antes de poner rumbo a Osaka, pero todavía quedaban cosas por ver.
La mañana empezó con la visita al Castillo Nijo, antigua residencia de los shogunes Tokugawa.
Un lugar histórico y bien conservado… aunque duele un poco pagar 1.300¥ por la entrada 🥲.

Aquí llegó uno de los momentos más surrealistas del viaje.
De repente, el móvil empezó a sonar muy fuerte, con un aviso en japonés que no entendíamos absolutamente nada.
Durante unos segundos nos quedamos en shock, pensando que estaba pasando algo serio.

Tras buscar cómo traducir el mensaje, descubrimos que se trataba de una alerta de prueba.
Una vez entendido, respiramos tranquilos… y seguimos la visita entre risas y alivio.

Antes de despedirnos de Kioto, tocaba reponer fuerzas con un omurice, que nos costó 3.300¥.
Con la barriga llena, cogimos el tren rumbo a Osaka, cambiando completamente de ambiente.

Ya en la ciudad, una de las visitas obligadas fue el Castillo de Osaka.
Imponente, rodeado de amplios jardines y con un aire mucho más abierto que el de Kioto.
La entrada nos costó 600¥ y, aunque el interior es bastante museo, el exterior y las vistas merecen la pena.

Para terminar el día como se merece, nos fuimos a Dotonbori.
Luces, carteles gigantes, ambiente a tope y comida por todas partes.
Allí probamos los míticos takoyaki, recién hechos y por solo 680¥.

Con las piernas ya bastante castigadas tras más de 31 kilómetros caminados, pusimos rumbo al hotel para descansar.
Kioto quedaba atrás y Osaka nos daba la bienvenida como solo ella sabe hacerlo.

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Alerta de emergencia de prueba
Alerta de emergencia de prueba

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Castillo Nijo
Castillo Nijo

Platos exposición restaurantes
Platos exposición restaurantes

Castillo Nijo
Castillo Nijo




Castillo Osaka
Castillo Osaka

Metro Osaka
Metro Osaka

Don Quijote Dotonbori
Don Quijote Dotonbori

Castillo Osaka
Castillo Osaka

Castillo Osaka
Castillo Osaka

Castillo Osaka
Castillo Osaka

Pokemon Osaka
Pokemon Osaka

Dotonbori
Dotonbori

Melon Pan Dotonbori
Melon Pan Dotonbori



Universal Studios Japan
Super Nintendo

Frikeando bajo la lluvia

Día completamente distinto a los anteriores: tocaba dejar templos, castillos y ciudades
para meternos de lleno en Universal Studios Japan.
Un parque temático que, si eres un poco friki… es directamente un sueño.

Nada más entrar, empezamos a movernos por algunas de las zonas más conocidas del parque.
Super Nintendo World fue, sin duda, una de las más espectaculares:
colores, música, detalles por todas partes y la sensación constante de estar dentro de un videojuego.

También pasamos por el mundo de Harry Potter, con su recreación de Hogwarts,
tiendas temáticas y atracciones que hacen que se te escape alguna sonrisa aunque ya no seas un niño.
No faltaron tampoco clásicos como Tiburón ni la zona de los Minions,
donde el ambiente es pura locura.

El único “pero” del día fue el tiempo.
Nos cayó una buena tormenta que nos acompañó durante buena parte de la jornada,
pero ni la lluvia consiguió quitarnos las ganas de seguir disfrutando del parque.
Chubasquero, paciencia… y a seguir frikeando.

Tras unas 22,9 kilómetros caminados y con los pies pidiendo tregua,
volvimos al hotel a descansar.
Un día diferente, intenso y muy, muy friki.

Jawks
Jawks

Universal Studios Japan
Universal Studios Japan

Barrio Sésamo
Barrio Sésamo

Castillo Harry Potter
Castillo Harry Potter

Hogwart Express
Hogwart Express

"Cerveza" Harry Potter
«Cerveza» Harry Potter

Jurassic Park
Jurassic Park

Minions
Minions

Super Mario World
Super Mario World

Trofeos Mario Kart
Trofeos Mario Kart

Super Mario World
Super Mario World

Relojes Super Nintendo
Relojes Super Nintendo

Super Nintendo
Super Nintendo

Super Mario World
Super Mario World

Castillo Harry Potter
Castillo Harry Potter



Goryo-jinja Shrine
Sumiyoshi Taisha

Sprint final por Osaka

Otro día completo por Osaka, y ya sabíamos lo que tocaba: calle, calle y más calle. La ciudad tiene un punto más “canalla” que Kioto y, cuanto más la recorres, más te engancha.

Empezamos visitando el Sumiyoshi Taisha, uno de los santuarios más antiguos e importantes de Japón. Tiene un ambiente muy tranquilo y, si vienes de días de ciudades a tope, se agradece ese ratito de calma antes de volver al caos.

Después nos fuimos a la zona de la Tsutenkaku Tower. Solo pasear por los alrededores ya es una experiencia: un barrio con personalidad propia, algo “peculiar”, entre lo retro, lo auténtico y lo turístico. Cerca también estuvimos dando una vuelta por las tiendas de electrónica de la zona, que siempre son un peligro si te gusta trastear o eres un poco friki.

Más tarde volvimos a Dotonbori, porque si estás en Osaka y no acabas allí… es como si no hubieras estado. Nos hicimos las fotos de rigor en el mítico cartel del corredor, pero lo curioso es que puedes meterte en una tienda y, con la perspectiva, sacar una foto como si estuvieras con él. Una tontería, pero queda bastante guay.

Entre medias fuimos también al Nishi Hongan-ji y al santuario Goryo-jinja, dos paradas que vienen bien para cambiar un poco el ritmo y no hacerlo todo “solo calles y luces”.

Y como esto es Osaka… tocaba comer algo típico otra vez. Probamos el famoso pastel de Rikuro’s (la tarta esa esponjosa que parece una nube) y, para cenar, repetimos con takoyaki. Es que es imposible no volver a caer. Además, ver cómo mueven las bolitas mientras lo cocinan es hipnótico: parece fácil hasta que lo intentas tú.

Otro día más con el contador disparado: 30,6 kilómetros. Osaka no se visita… Osaka se camina.

Sumiyoshi Taisha
Sumiyoshi Taisha

Sumiyoshi Taisha
Sumiyoshi Taisha

Osaka
Osaka

Osaka
Osaka

Arcade
Arcade

Tsutenkaku Tower
Tsutenkaku Tower

Game Boy gigante
Game Boy gigante

Dotonbori
Dotonbori

Goryo-jinja Shrine
Goryo-jinja Shrine

Nishi Hongan-ji
Nishi Hongan-ji

Tarta Rikuro's
Tarta Rikuro’s

Takoyakis
Takoyakis



Monte Fuji

El gigante de Japón

Tocaba dejar Osaka atrás y volver a Tokio.
El trayecto lo hicimos en tren y aquí va un apunte importante:
no compramos el JR Pass, ya que en nuestro caso no nos salía rentable.
Según la ruta y los días de viaje, puede salir mejor comprar los billetes por separado, como hicimos nosotros.

Durante el trayecto tuvimos uno de esos momentos que se quedan grabados.
Desde el tren pudimos ver el Monte Fuji, imponente y perfectamente reconocible.
Una de esas imágenes que no esperas y que te deja literalmente mirando por la ventana durante minutos.

Ya de vuelta en Asakusa, aprovechamos para pasear tranquilamente por la
calle comercial Nakamise, ideal para comprar souvenirs, picar algo y disfrutar del ambiente
antes de volver a meternos de lleno en el ritmo de la ciudad.

Por la tarde tocó volver a Akihabara, pero esta vez no tanto de compras.
Nos dedicamos a lo realmente importante: jugar a las máquinas de ganchos
y vaciar unos cuantos gashapon (o gachapon, da igual cómo se escriba 😅).
Figuritas, intentos fallidos y alguna que otra victoria que supo a gloria.

Un día más relajado dentro de lo que cabe, con 17,5 kilómetros recorridos,
y la sensación de que el viaje iba entrando ya en su recta final.

Máquina gancho
Máquina gancho

Monte Fuji
Monte Fuji

Monte Fuji
Monte Fuji

Monte Fuji
Monte Fuji

Okonomiyaki
Okonomiyaki

Habitación hotel
Habitación hotel

Akihabara
Akihabara

Akihabara
Akihabara

Akihabara
Akihabara



Tokyo Tower

Se nos acaba…

Seguíamos exprimiendo Tokio y el día empezó con una de esas fotos míticas que ves mil veces antes de viajar.
Nos acercamos a la Torre de Tokio para hacernos la clásica foto desde la salida peatonal de un parking,
con la torre al fondo perfectamente encuadrada.
La realidad: cola larguísima para la foto 😅.
Aun así, tocó esperar… porque ya que estás allí, hay que hacerla.

Después pusimos rumbo otra vez a Takeshita Street.
Si la primera vez nos pareció animada, esta vez estaba directamente a reventar de gente.
Tiendas, colores, música, dulces rarísimos… un caos total, pero muy Tokio.

Más tarde dimos un paseo por el Shinjuku Gyoen National Garden.
Aquí toca confesión: volvimos por un error mío, pensando que no lo habíamos visitado todavía.
Cuando entramos y empezamos a reconocerlo todo… ya era tarde 😅.
Eso sí, no fue mala idea repetir, porque es uno de esos sitios que siempre apetece.

Para cenar, repetimos en Omoide Yokocho.
Ese callejón lleno de pequeños bares y restaurantes sigue teniendo un encanto especial,
con humo, luces y gente apretada por todas partes.

Y para cerrar el día, paseo nocturno por las calles de Shinjuku,
vigiladas por Godzilla desde lo alto de un edificio
y acompañados por la enorme pantalla 3D que no deja de llamar la atención.
Tokio de noche nunca decepciona.

Otro día completo, otros 25,6 kilómetros sumados…
y la sensación de que, aunque las piernas ya van justas, cuesta mucho decirle que no a esta ciudad.

Tokyo Tower
Tokyo Tower

Tokyo Tower
Tokyo Tower

Premio
Premio

Takeshita Street
Takeshita Street

Shinjuku Gyoen National Garden
Shinjuku Gyoen National Garden

Shinjuku Gyoen National Garden
Shinjuku Gyoen National Garden

Máquinas gancho
Máquinas gancho

Omoide Yokocho
Omoide Yokocho

Premios ganchos
Premios ganchos

Ramen Omoide Yokocho
Ramen Omoide Yokocho



Ártico

El adiós más inesperado

Último día en Tokio… y esa sensación rara de no saber muy bien qué hacer,
porque no quieres que el viaje se acabe, pero tampoco te quedan demasiadas fuerzas.

Optamos por algo sencillo: volver a pasear por la calle Nakamise.
Eso sí, esta vez con un calor considerable.
Tiendas, souvenirs, dulces japoneses y ese ambiente constante que,
por muchas veces que lo recorras, siempre apetece repetir.

Como nuestro vuelo no salía hasta la noche,
decidimos cerrar el viaje de una forma diferente:
ir a jugar al béisbol a una jaula de bateo.
Sobre el papel parecía buena idea… en la práctica fue bastante lamentable 😂.
Las bolas salían disparadas a toda velocidad y nosotros no dábamos una.
Penosos, pero nos reímos muchísimo.

Por la noche tocó poner rumbo a casa.
El vuelo de regreso se hizo siguiendo prácticamente
la misma ruta que a la ida, pero a la inversa.

Y cuando pensábamos que el viaje ya no podía darnos más sorpresas,
llegó la última desde el aire.
El avión pasó por el estrecho de Bering y sobre el Ártico,
lo que nos permitió ver impresionantes placas de hielo.
Un final inesperado y espectacular para un viaje que no dejó de sorprendernos hasta el último momento.

Japón era un destino que, sinceramente, no me llamaba especialmente la atención antes de venir.
Pero ahora, después de haberlo recorrido, vivido y caminado de arriba abajo,
no veo el momento de volver.

Me voy con la sensación de haber descubierto un país único,
y con unas ganas enormes de volver a pisar Japón cuanto antes.

Con 15,2 kilómetros más a la espalda,
Japón se despedía… pero esta vez tengo claro que no será un adiós.

Béisbol
Béisbol

Béisbol
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Ártico
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Ruta vuelo
Ruta vuelo

Ártico
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Travel4

Croacia

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Croacia

Barcelona

Split

Dubrovnik

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Vuelo directo

Split

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Directo

Split

Dubrovnik

Directo

Barcelona

Croacia

Entre las aguas turquesas del Mar Adriático y pueblos con siglos de historia,
Croacia combina naturaleza y cultura como pocos destinos.
Da igual si buscas aventura, playa o historia: siempre hay un rincón que sorprende.

En este viaje recorrí algunas de sus más de 1.200 islas, como
Brač —famosa por la playa Zlatni Rat en Bol— y
Korčula, que presume de ser la cuna de Marco Polo.

Fue un recorrido de paisajes impresionantes, pueblos de postal y
localizaciones de Juego de Tronos. También hubo cascadas:
visité el Parque Nacional de Krka, aunque el más grande y
famoso es Plitvice, que queda pendiente para la próxima.


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Dubrovnik

Con su casco antiguo rodeado de murallas medievales y calles empedradas, Dubrovnik es como un viaje en el tiempo.
Pasear por sus plazas y rincones te hará sentir parte de su historia.

La ciudad vibra especialmente en el Festival de Verano, con música, teatro y danza llenando cada rincón.
Sus museos y galerías permiten sumergirse en su rica herencia cultural.

Más allá de sus murallas, Dubrovnik presume de playas de aguas cristalinas como Banje y Lapad, perfectas para relajarte o practicar deportes acuáticos.

Y para los fans de Juego de Tronos, aquí se rodó gran parte de King’s Landing.
Fort Lovrijenac, la escalinata de San Ignacio y otras localizaciones ofrecen tours temáticos para revivir escenas icónicas.








Atardecer - Split
Atardecer – Split

Tempranito al avión

El viaje empezó de madrugada, saliendo hacia el aeropuerto de Barcelona para estar allí a las
3:00 de la mañana. El objetivo estaba claro: volar a Croacia y aprovechar al máximo el primer día.

Tras un vuelo de unas dos horas, aterrizamos en el Aeropuerto de Split. Cambio de dinero rápido y, mochila al hombro, nos dirigimos a la parada de autobuses que lleva al centro.

Nada más salir, nos sorprendió el sol intenso que ya brillaba a esa hora y el calor sofocante que se sentía. Hay que tener en cuenta que Split está bastante más al este que Barcelona y compartimos huso horario: mientras en casa eran las 7:30, allí el sol llevaba rato alto en el cielo.

Ya en la ciudad, pusimos rumbo al hotel… aunque con alguna que otra pérdida por el camino 😅. Nos llamó la atención que muchos alojamientos no tenían el típico cartel de «Hotel», sino una simple placa tamaño A4 con el dibujo de una cama. El nuestro fue el Split Varos Inn.

El centro histórico de Split gira en torno al Palacio de Diocleciano, construido en el siglo IV por el emperador que le da nombre. Es una fusión única de historia y vida moderna.

Dentro encontrarás lugares como el Peristilo, un patio rodeado de columnas y arcos, y los subterráneos del palacio, llenos de pasajes y cámaras históricas realmente fascinantes.

Las puertas del recinto —Puerta de Oro, Puerta de Plata, Puerta de Hierro y Puerta de Bronce— tienen cada una su propia historia. Saliendo por la Porta Aurea, verás la estatua de Grgur Ninski y su famoso dedo gordo brillante, pulido por miles de manos que lo tocan para atraer la buena suerte.

La ciudad invita a pasear sin prisas: la calle Marmontova, llena de tiendas y cafeterías; la elegante Plaza de la República, frente al Ayuntamiento; y, por supuesto, la Riva, el paseo marítimo perfecto para relajarse con vistas abiertas al mar.

Si te sobra energía, puedes subir al Park Šuma Marjan. Prepárate para las cuestas, pero a cambio tendrás senderos frescos entre pinos y cipreses y unas vistas espectaculares de la ciudad y el mar Adriático. Un lugar que transmite tranquilidad y una sensación de desconexión total.

Calle Marmontova - Split
Calle Marmontova – Split

Puerta de Plata (Porta Argentea) - Split
Puerta de Plata (Porta Argentea) – Split

Peristilio Palacio Diocleciano - Split
Peristilio Palacio Diocleciano – Split

Vestíbulo Palacio Diocleciano - Split
Vestíbulo Palacio Diocleciano – Split

Bell Tower y Estatua Gregorio de Nin - Split
Bell Tower y Estatua Gregorio de Nin – Split

Bell Tower y Estatua Gregorio de Nin - Split
Bell Tower y Estatua Gregorio de Nin – Split

Escaleras Park Suma Marjan - Split
Escaleras Park Suma Marjan – Split

Vistas Park Suma Marjan - Split
Vistas Park Suma Marjan – Split

Calle estrecha - Split
Calle estrecha – Split

Templo de Júpiter - Split
Templo de Júpiter – Split

Atardecer - Split
Atardecer – Split



Cueva - Sibenik
Cueva – Sibenik
Cascadas de Skradinski Buk - Krka
Cascadas de Skradinski Buk – Krka

¡Un bañito, por favor!

El segundo día empezó con un viaje en autobús hacia el Parque Nacional Krka. La elección de este parque fue por varios motivos: la distancia y tiempo de viaje, y porque tiene zonas aptas para el baño. Aparte de esto, merece la pena la caminata alrededor del parque admirando las cascadas y la vida que tiene.

Se encuentra en la región de Dalmacia, cerca de la ciudad de Šibenik, la cual visitamos una vez finalizamos la visita a este parque. Es famoso por su belleza natural, especialmente por las impresionantes cascadas que se forman en el río Krka. El parque abarca una extensión de 109 kilómetros cuadrados y ofrece una gran variedad de flora y fauna.

Menos mal que en este parque está permitido el baño; las temperaturas eran muy altas y, al refrescarnos, pudimos disfrutar mejor de la excursión.

Cascadas de Skradinski Buk - Krka
Cascadas de Skradinski Buk – Krka

Cascadas de Skradinski Buk - Krka
Cascadas de Skradinski Buk – Krka

Parque Nacional Krka
Parque Nacional Krka

Parque Nacional Krka
Parque Nacional Krka

Monasterio en lago - Krka
Monasterio en lago – Krka



Una vez terminada la excursión por Krka, tomamos de nuevo el bus que nos llevaba a la siguiente parada: Šibenik.

Šibenik es una ciudad costera con una rica historia y hermosa arquitectura. Su casco antiguo te lleva a través de calles empedradas y plazas encantadoras. Destacan la Catedral de Santiago (Katedrala sv. Jakova), declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, una impresionante obra renacentista, y el Fuerte de San Miguel, que ofrece vistas panorámicas. Su paseo marítimo, llamado Riva, es perfecto para disfrutar de cafés y restaurantes con vista al mar.

Catedral Santiago - Sibenik
Catedral Santiago – Sibenik

Catedral Santiago - Sibenik
Catedral Santiago – Sibenik

Catedral Santiago - Sibenik
Catedral Santiago – Sibenik

Cueva - Sibenik
Cueva – Sibenik



Organo de Piedra - Zadar
Organo de Piedra – Zadar
Vistas - Zadar
Vistas – Zadar

Música de mar y saludo al sol

Otro día de madrugar y coger un autobús.

Esta vez, más al norte. Zadar no está, o al menos cuando fui yo, tan masificada turísticamente hablando, por lo que los paseos se hacen más cómodos.

Aquí tenemos, en la Costa Dálmata, el Órgano de Mar, que consta de unos agujeros sobre escalones que, con la corriente del mar, producen un sonido como si de un órgano de iglesia se tratase.

También podemos ver restos del Foro Romano, la Iglesia de San Donato y el Saludo al Sol, que consta de unas placas solares que durante el día recargan las baterías y, al atardecer, crean un juego de luces.

Para disfrutar de la ciudad, hicimos un free tour que nos recorrió toda la zona antigua.

A la vuelta, el autobús se retrasó… llegamos a las tantas a Split y al día siguiente madrugábamos para coger el primero de los barcos que nos llevaría a la Isla de Brač.

Saludo al Sol - Zadar
Saludo al Sol – Zadar

Saludo al Sol - Zadar
Saludo al Sol – Zadar

Organo de Piedra - Zadar
Organo de Piedra – Zadar

Kopnena Vrata - Zadar
Kopnena Vrata – Zadar

Iglesia San Donato - Zadar
Iglesia San Donato – Zadar

Restos Foro Romano - Zadar
Restos Foro Romano – Zadar

Campanario - Zadar
Campanario – Zadar

Torre del Capitán - Zadar
Torre del Capitán – Zadar

Catedral - Zadar
Catedral – Zadar

Restos - Zadar
Restos – Zadar

Plaza - Zadar
Plaza – Zadar

Rzymska kolumna - Zadar
Rzymska kolumna – Zadar



A la vuelta, el autobús se retrasó… llegamos a las tantas a Split y al día siguiente madrugábamos para coger el primero de los barcos que nos llevaría a la Isla de Brač.

Zlatni Rat - Bol
Zlatni Rat – Bol
Pinturas - Bol
Pinturas – Bol

El Cuerno de Oro

La isla de Brač es la tercera isla más grande del Adriático y ofrece una combinación perfecta de belleza natural, playas impresionantes y encanto histórico. También es conocida por sus pueblos encantadores, como Bol y Supetar, que ofrecen un ambiente relajado y pintoresco. Aquí encontrarás calles empedradas, casas de piedra tradicionales y una variedad de restaurantes y tiendas.

Nuestro alojamiento estaba concretamente en el pueblo de Bol y el hotel fue el Boutique Hotel Bol.

En este pueblo costero, podemos encontrar la playa del «Cuerno de Oro» o Zlatni Rat. Esta playa es una pasada y os la recomiendo. Es de piedras pequeñas y aguas cristalinas. Es famosa por sus aguas cristalinas y es un lugar ideal para nadar y practicar deportes acuáticos.

Casita - Bol
Casita – Bol

Escultura - Bol
Escultura – Bol

Pinturas - Bol
Pinturas – Bol

Zlatni Rat - Bol
Zlatni Rat – Bol

Zlatni Rat - Bol
Zlatni Rat – Bol

Iglesia - Bol
Iglesia – Bol

Puerto - Bol
Puerto – Bol

Terraza - Bol
Terraza – Bol

Puerto - Bol
Puerto – Bol

Baile nocturno - Bol
Baile nocturno – Bol



Casa Marco Polo - Korčula
Casa Marco Polo – Korčula
Atardecer - Korčula
Atardecer – Korčula

Marco Polo, ¿croata?

Tras coger otro barco, pusimos rumbo a la isla de Korčula, un lugar con mucha historia y encanto.

Se dice que aquí nació Marco Polo, y hasta puedes visitar la que aseguran fue su casa. Además, su casco antiguo, rodeado por murallas, invita a perderse entre calles empedradas, plazas tranquilas y rincones con vistas al mar.

No puedes dejar de entrar en la Catedral de San Marcos, y si te apetece algo diferente, tómate algo en lo alto de una de las torres de la muralla… las vistas lo merecen.

Entrada Ciudad Antigua - Korčula
Entrada Ciudad Antigua – Korčula

Entrada ciudad antigua - Korčula
Entrada ciudad antigua – Korčula

Restos muralla - Korčula
Restos muralla – Korčula

Muralla - Korčula
Muralla – Korčula

Bar Torre - Korčula
Bar Torre – Korčula

Calle Ciudad Antigua - Korčula
Calle Ciudad Antigua – Korčula

Catedral San Marcos - Korčula
Catedral San Marcos – Korčula

Casa Marco Polo - Korčula
Casa Marco Polo – Korčula

Atardecer - Korčula
Atardecer – Korčula

St. Michael's Church - Korčula
St. Michael’s Church – Korčula

Anochecer - Korcula
Anochecer – Korcula

Playa - Korčula
Playa – Korčula

Waterpolo - Korčula
Waterpolo – Korčula



King's Landing - Dubrovnik
King’s Landing – Dubrovnik
Atardecer - Dubrovnik
Atardecer – Dubrovnik

El desembarco

Otro ferry más y llegamos a Dubrovnik, última parada de nuestro viaje. La ciudad sirvió como escenario para King’s Landing en Juego de Tronos, y caminar por su casco antiguo es como pasear por un set de rodaje medieval: murallas imponentes, calles empedradas y palacios renacentistas que se mezclan con terrazas y cafés junto al mar.

Entre las actividades más recomendadas están dar la vuelta completa a la muralla y los tours de localizaciones de Juego de Tronos. Nosotros optamos por la primera, ¡y vaya caminata! Pero cada paso merece la pena por las vistas.

También subimos en teleférico hasta la montaña que corona la ciudad para ver el atardecer. Un momento mágico que cierra con broche de oro la visita a esta joya del Adriático.

Dubrovnik
Dubrovnik

Dubrovnik
Dubrovnik

Muralla - Dubrovnik
Muralla – Dubrovnik

Calle - Dubrovnik
Calle – Dubrovnik

Torre del reloj - Dubrovnik
Torre del reloj – Dubrovnik

Fuente de Onofrio - Dubrovnik
Fuente de Onofrio – Dubrovnik

Iglesia de San Blas - Dubrovnik
Iglesia de San Blas – Dubrovnik

Catedral - Dubrovnik
Catedral – Dubrovnik

Dubrovnik
Dubrovnik

Iglesia de San Ignacio - Dubrovnik
Iglesia de San Ignacio – Dubrovnik

Tour Muralla - Dubrovnik
Tour Muralla – Dubrovnik

Cañón muralla - Dubrovnik
Cañón muralla – Dubrovnik

King's Landing - Dubrovnik
King’s Landing – Dubrovnik

Atardecer - Dubrovnik
Atardecer – Dubrovnik



Anochecer - Dubrovnik
Anochecer – Dubrovnik
Dubrovnik
Dubrovnik

Día de relax

Último día en Croacia. Toca disfrutar a un ritmo más relajado, saboreando cada rincón antes de despedirnos. La actividad elegida fue kayak, y no podía tener mejor punto de partida: justo frente a King’s Landing. Desde allí pusimos rumbo a la Isla de Lokrum, con su jardín botánico y el antiguo monasterio benedictino.

Al rodear la isla, nos encontramos con un enorme hotel abandonado, testigo silencioso de la guerra que azotó la región. La experiencia en kayak, entre aguas cristalinas y vistas históricas, fue un cierre perfecto para el viaje.

Tras una ducha reparadora, volvimos al casco antiguo para recorrerlo iluminado de noche y hacer las últimas compras de souvenirs. Al día siguiente, tocaba madrugar para el vuelo de regreso a Barcelona.

En ese momento no lo sabía, pero ahora que escribo estas líneas puedo afirmarlo: este viaje a Croacia fue el inicio de mi locura por viajar.

Kayak - Dubrovnik
Kayak – Dubrovnik

Bañito - Dubrovnik
Bañito – Dubrovnik

Monumento Marin Držić - Dubrovnik
Monumento Marin Držić – Dubrovnik

Iglesia - Dubrovnik
Iglesia – Dubrovnik

Isla de Lokrum - Dubrovnik
Isla de Lokrum – Dubrovnik

Escalera de los Jesuitas - Dubrovnik
Escalera de los Jesuitas – Dubrovnik

Escaleras - Dubrovnik
Escaleras – Dubrovnik

Anochecer - Dubrovnik
Anochecer – Dubrovnik

Muralla de noche - Dubrovnik
Muralla de noche – Dubrovnik



Travel4

Bolivia

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Madrid

La Paz

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Madrid

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Escala en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

La Paz

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Escala en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)

Madrid

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Santa Cruz de la Sierra

La Paz

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Santa Cruz de la Sierra

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Bolivia

Bolivia, tierra de maravillas y contrastes, cautiva con su rica historia, paisajes impresionantes y cultura vibrante. En el corazón de Sudamérica, este país diverso ofrece una experiencia única.

Uno de los destinos más emblemáticos es el Salar de Uyuni, un vasto desierto de sal que crea una ilusión mágica con su superficie reflectante. Además, el Árbol de Piedra, una formación rocosa esculpida por la erosión, sorprende con su peculiar apariencia en medio del altiplano boliviano.

Para los amantes de la aventura, el Huayna Potosí es un desafío imperdible. Este majestuoso pico de los Andes, con sus 6.088 metros de altitud, ofrece la oportunidad de conquistar una cumbre impresionante y disfrutar de vistas panorámicas indescriptibles.

Y para los ciclistas más intrépidos, tenemos la Death Road, o Camino de la Muerte, que es una experiencia emocionante y desafiante. Descender por esta estrecha y sinuosa carretera, rodeada de acantilados, ofrece una dosis de adrenalina inigualable.


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Salar de uyuni

El Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo, con más de
10.000 km² de extensión. Un océano blanco que parece no tener fin y que, al caminar sobre él,
te da la sensación de estar en otro planeta.

En temporada de lluvias, este lugar mágico se convierte en el famoso «espejo del cielo».
El agua cubre la superficie y refleja las nubes, creando ilusiones ópticas únicas.
Es el momento perfecto para tomar esas fotos que parecen irreales.

En medio del salar se levantan auténticos oasis: las islas de cactus gigantes.
La más conocida es la Isla Incahuasi, donde algunos cactus superan los 10 metros de altura.
Desde allí, las vistas panorámicas del salar son simplemente inolvidables.

Además de su belleza natural, este escenario ha sido testigo de grandes eventos.
Entre ellos, el Rally Dakar, que eligió Uyuni como punto de partida en algunas de sus ediciones.
Un detalle más que demuestra que estamos ante uno de los lugares imprescindibles que ver en Bolivia.












Mercado Brujas - La Paz
Mercado Brujas – La Paz

Llegada a lo Alto

Tras un vuelo de 11 horas desde Madrid a Santa Cruz de la Sierra, hicimos escala y
tomamos otro vuelo hacia La Paz, capital administrativa de Bolivia y
una de las ciudades más altas del mundo, situada a nada menos que
3.650 m.s.n.m.. Nuestro punto de llegada fue el
Aeropuerto Internacional El Alto.

Una vez recogido el equipaje, nos esperaba un taxi directo al
Hotel Las Brisas, donde nos alojamos todas las noches que estuvimos en la ciudad.
Su recepcionista Álvaro nos ayudó con todo, y no podemos dejar de recomendar este alojamiento.

Ya instalados, salimos a recorrer la zona. La primera parada fue el famoso
Mercado de las Brujas, lleno de productos de medicina tradicional y objetos espirituales.
Lo más impactante fueron los fetos de llama que se entierran como ofrenda antes de construir una casa,
con la creencia de atraer buena suerte.

Para comer descubrimos el restaurante LaMurillo, donde probamos un
carpaccio de filete de llama absolutamente delicioso.

Con el estómago lleno, nos dirigimos a la Plaza de San Pedro para iniciar un free tour.
Sin embargo, la experiencia no fue la mejor: a pesar de que anunciaban grupos separados por idioma,
no se cumplió. Entre mirar monumentos y seguir el hilo en inglés, acabamos perdiendo información
interesante, así que decidimos dejar el tour y continuar por libre.

Mercado Brujas - La Paz
Mercado Brujas – La Paz

LaMurillo - La Paz
LaMurillo – La Paz

Locotos rellenos con queso - LaMurillo
Locotos rellenos con queso – LaMurillo

Carpaccio de llama - LaMurillo
Carpaccio de llama – LaMurillo

Filete de llama - LaMurillo
Filete de llama – LaMurillo

Postre - LaMurillo
Postre – LaMurillo

Postre - LaMurillo
Postre – LaMurillo

Calle colores - La Paz
Calle colores – La Paz

Teleférico - La Paz
Teleférico – La Paz

Mirador Killi Killi - La Paz
Mirador Killi Killi – La Paz

Plaza San Pedro - La Paz
Plaza San Pedro – La Paz

Cárcel - La Paz
Cárcel – La Paz

Basílica San Francisco - La Paz
Basílica San Francisco – La Paz



Tiwanaku
Tiwanaku
Piedras H - Puma Punku
Piedras H – Puma Punku

Aliens

Nuestro segundo día en La Paz lo teníamos libre hasta la noche, cuando salía el bus hacia Uyuni.
Charlando con Álvaro, el recepcionista del hotel, nos recomendó una excursión que no podía faltar:
Tiwanaku y Puma Punku, dos de los yacimientos arqueológicos más importantes de Bolivia.
El tour nos costó alrededor de 190 BOB (unos 26 €) y la verdad es que valió cada céntimo.
Confieso que los había visto en documentales de aliens 👽 y aunque no creo que los extraterrestres los construyeran,
sí que tenía curiosidad por ver en directo esos bloques imposibles.

✨ Tiwanaku

Considerada la cuna de una de las civilizaciones más avanzadas de Sudamérica, Tiwanaku floreció entre los años 300 y 1000 d.C.
Pasear por sus ruinas es como viajar en el tiempo: templos, pirámides y esculturas que aún hoy conservan un aura especial.
Su pieza más famosa es la Puerta del Sol, un enorme bloque de piedra con relieves enigmáticos que todavía intrigan a historiadores y arqueólogos.

🗿 Puma Punku

A pocos metros se encuentra Puma Punku, el lugar que más teorías conspirativas ha inspirado.
Sus bloques megalíticos en forma de “H”, cortados con una precisión milimétrica, parecen hechos con tecnología moderna.
Los guías cuentan que aún hoy no se sabe con certeza cómo consiguieron semejante perfección hace más de mil años.
Más allá de las leyendas, lo cierto es que Puma Punku impresiona y todavía guarda secretos sin descubrir.
Caminar entre esos bloques colosales te hace sentir diminuto frente al ingenio humano.
Tras la visita y una comida local, volvimos a La Paz para recoger las mochilas y preparar el bus nocturno rumbo a Uyuni.
Tocaba descansar… ¡porque la siguiente parada era el mítico Salar de Uyuni!

Piedra museo - Tiwanaku
Piedra museo – Tiwanaku

Monolito Pachamama - Tiwanaku
Monolito Pachamama – Tiwanaku

Monolito El Ponce - Tiwanaku
Monolito El Ponce – Tiwanaku

Caras templete semisubterráneo - Tiwanaku
Caras templete semisubterráneo – Tiwanaku

Puerta del Sol - Tiwanaku
Puerta del Sol – Tiwanaku

Templo de Kalasasaya - Tiwanaku
Templo de Kalasasaya – Tiwanaku

Pirámide Akapana - Tiwanaku
Pirámide Akapana – Tiwanaku

Tiwanaku
Tiwanaku

Piedras H - Puma Punku
Piedras H – Puma Punku



Plano - Salar de Uyuni
Plano – Salar de Uyuni
Plano - Salar de Uyuni
Plano – Salar de Uyuni
Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Uyuni

Tras pasar la noche en bus desde La Paz, llegamos a primera hora a Uyuni,
un pequeño pueblo en medio del altiplano boliviano que sirve como punto de partida para
explorar una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo:
el Salar de Uyuni.
Nada más llegar, nos llevaron a un bar local para desayunar (unos 15 BOB, aprox. 2 €)
mientras los organizadores dividían a los viajeros en grupos y asignaban los 4×4 que nos llevarían
durante la excursión. La emoción empezaba a sentirse en el ambiente.

🚂 Cementerio de Trenes

La primera parada fue el curioso y fotogénico Cementerio de Trenes.
Aquí se encuentra una colección de viejas locomotoras y vagones oxidados,
abandonados en medio del desierto. Estas reliquias son testimonio del pasado industrial
de la región: a finales del siglo XIX, Uyuni fue un importante centro ferroviario para
transportar minerales desde el altiplano hasta el puerto chileno de Antofagasta.
Hoy en día, estos esqueletos de hierro forman un escenario surrealista donde los visitantes
podemos subirnos a los trenes, caminar entre ellos y hacer fotos únicas.
La combinación del óxido con el cielo azul infinito crea una atmósfera casi de película.
Tras unos minutos explorando este museo al aire libre, era momento de continuar.
La ruta seguía hacia el lugar más esperado del viaje: el inmenso Salar de Uyuni.

Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Coche antiguo - Uyuni
Coche antiguo – Uyuni



Salar de Uyuni

Llegamos al Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande del mundo, con más de
10.000 km² de extensión. Una superficie blanca e interminable donde el horizonte se pierde y
parece que el cielo y la tierra se funden en uno solo.

Durante la época de lluvias, este lugar se transforma en un gigantesco espejo natural, creando
uno de los paisajes más surrealistas del planeta. Por desgracia, cuando fuimos no pudimos vivir este fenómeno,
pero igualmente disfrutamos al máximo el salar jugando con las perspectivas y efectos ópticos
que ofrece su inmensidad. Fotos únicas, de esas que solo puedes conseguir aquí.

Más allá de la experiencia visual, el Salar ha sido protagonista de eventos mundiales como el
Rally Dakar, que en varias ediciones recorrió sus llanuras infinitas, convirtiéndolo
en un escenario tan extremo como espectacular para los competidores y espectadores.

Si viajas a Bolivia, el Salar de Uyuni es una parada obligatoria. Un lugar que no se
explica, se vive. ¡No te lo puedes perder!

Escultura Dakar - Salar de Uyuni
Escultura Dakar – Salar de Uyuni

Banderas - Salar de Uyuni
Banderas – Salar de Uyuni

Salar de Uyuni
Salar de Uyuni

Salar de Uyuni
Salar de Uyuni

Salar de Uyuni
Salar de Uyuni

Plano - Salar de Uyuni
Plano – Salar de Uyuni



Isla Incahuasi

En medio de la inmensidad del Salar de Uyuni aparece la Isla Incahuasi, un auténtico
oasis que, aunque parece estar cerca, la caminata hasta llegar a ella se hace eterna con ese horizonte que nunca termina.

Lo primero que sorprende al pisar la isla son sus cactus gigantes, conocidos como «cactus de San Pedro».
Algunos alcanzan varios metros de altura y han estado creciendo aquí durante siglos, convirtiéndose en los verdaderos guardianes del salar.

La visita incluye un sendero que asciende hasta la cima, desde donde se obtienen vistas panorámicas
de 360º del Salar de Uyuni. La inmensidad blanca se extiende en todas direcciones, y la sensación es de estar en otro planeta.
Es, sin duda, uno de los mejores miradores de todo el viaje.

Además de la naturaleza, Incahuasi conserva antiguas estructuras de piedra y pequeñas paredes que, según los arqueólogos,
fueron utilizadas por poblaciones ancestrales como refugio o para ceremonias. Un toque histórico en un lugar ya de por sí mágico.

Plano isla - Isla Incahuasi
Plano isla – Isla Incahuasi

Cactus - Isla Incahuasi
Cactus – Isla Incahuasi

Isla Incahuasi
Isla Incahuasi

Restos - Isla Incahuasi
Restos – Isla Incahuasi

Isla Incahuasi
Isla Incahuasi

Atardecer - Isla Incahuasi
Atardecer – Isla Incahuasi



Cuando el sol comenzó a caer sobre el Salar de Uyuni, los colores del cielo se mezclaron con la
inmensidad blanca creando una paleta imposible de describir con palabras. Fue uno de esos momentos en los que solo
queda disfrutar en silencio.

Tras la puesta de sol, volvimos a subir al 4×4 y emprendimos camino hacia nuestro alojamiento.
Un refugio perdido en medio de la nada: sin luz, sin cobertura, sin distracciones.

Esa aparente incomodidad se transformó en magia al levantar la vista al cielo.
La oscuridad total nos regaló uno de los cielos estrellados más espectaculares que hemos visto nunca.
Una experiencia que, lejos del bullicio, nos hizo sentir en plena conexión con la naturaleza.

Alojamiento - Uyuni
Alojamiento – Uyuni

Alojamiento - Uyuni
Alojamiento – Uyuni

Noche - Uyuni
Noche – Uyuni

Noche - Uyuni
Noche – Uyuni

Noche - Uyuni
Noche – Uyuni

Alojamiento - Uyuni
Alojamiento – Uyuni



Árbol de Piedra
Árbol de Piedra
Laguna Honda - Uyuni
Laguna Honda – Uyuni

Lagunas

Tocaba madrugar otra vez y montarnos en el 4×4 rumbo a uno de los días más intensos del tour.
La primera parada fueron las lagunas altoandinas, cada una con su propio encanto.

La Laguna Cañapa, a más de 4.000 msnm, nos recibió con un paisaje de montañas, volcanes al horizonte y
bandadas de flamencos alimentándose en sus aguas. Luego llegamos a la Laguna Hedionda,
con su característico olor —que no le quita belleza— y que es hogar de grandes colonias de flamencos.
Finalmente, la Laguna Honda, más pequeña pero igual de mágica, donde aprovechamos para comer mientras
un grupo de llamas pastaba tranquilo a nuestro lado.

Laguna Hedionda - Uyuni
Laguna Hedionda – Uyuni

Laguna Cañapa - Uyuni
Laguna Cañapa – Uyuni

Volcán - Uyuni
Volcán – Uyuni

Volcán - Uyuni
Volcán – Uyuni

Volcán - Uyuni
Volcán – Uyuni

Laguna Hedionda - Uyuni
Laguna Hedionda – Uyuni

Laguna Hedionda - Uyuni
Laguna Hedionda – Uyuni

Laguna Honda - Uyuni
Laguna Honda – Uyuni

Laguna Honda - Uyuni
Laguna Honda – Uyuni



Árbol de piedra

Tras retomar camino por pistas de tierra (nuestros riñones lo sufrieron un rato), alcanzamos el Árbol de Piedra,
en pleno Desierto de Siloli. Esta formación rocosa, esculpida por la erosión durante miles de años,
se alza en medio del paisaje desértico con forma de árbol petrificado. Un lugar surrealista que parece sacado de otro planeta.

Árbol de Piedra
Árbol de Piedra

Árbol de Piedra
Árbol de Piedra

Árbol de Piedra
Árbol de Piedra

Rocas esculpidas
Rocas esculpidas

Rocas esculpidas
Rocas esculpidas

Rocas esculpidas
Rocas esculpidas



Laguna Colorada

El broche del día llegó con la Laguna Colorada (entrada: 150 bob ≈ 20 €).
Su intenso color rojo, producto de algas microscópicas y minerales, la convierte en uno de los lugares más impresionantes de Bolivia.
El contraste con el blanco de los depósitos minerales, el azul del cielo y el rosa de los flamencos la hacen única en el mundo.
Ver a los flamencos levantar vuelo sobre este lago rojo rodeado de volcanes fue, sin duda, un espectáculo inolvidable.

Entrada Reserva
Entrada Reserva

Laguna Colorada
Laguna Colorada

Laguna Colorada
Laguna Colorada

Laguna Colorada
Laguna Colorada



Ya casi de noche llegamos a nuestro alojamiento, todavía más aislado que el del día anterior: sin electricidad,
sin agua caliente y con generadores que funcionaban solo a determinadas horas. Fue la noche más dura del viaje.
Yo ya arrastraba malestar y aquí confirmé lo que temía: mal de altura.
Por suerte, un grupo con el que coincidimos me dio una aspirina para poder descansar y me recomendaron
las Sorojchi Pills, que compraría al día siguiente.

En mi cabeza solo había un pensamiento: la escalada al Huayna Potosí tenía que hacerla sí o sí.

Geisers Sol de Mañana
Geisers Sol de Mañana
Frontera Bolivia - Chile
Frontera Bolivia – Chile

Rumbo a Chile

Día de madrugón. A las 5 de la mañana ya estábamos en pie para arrancar la última etapa del tour
por el altiplano antes de volver hacia La Paz. Nuestro 4×4 se dirigía hasta la frontera con Chile, ya que
dos compañeros de viaje cruzaban allí, lo que nos permitió disfrutar de varias paradas espectaculares en el camino.

🌡️ Géiseres Sol de Mañana

Nuestra primera parada fueron los géiseres de Sol de Mañana. Apenas se distinguían bien por la hora
temprana y el frío, pero la experiencia de caminar entre fumarolas humeantes y el sonido del vapor
saliendo de la tierra es única. Esta zona es famosa por su intensa actividad geotérmica: vapor, barro hirviendo
y chorros que parecen surgir desde las entrañas del planeta.

♨️ Termas de Polques

Con el frío extremo de la mañana, nada como una parada en las aguas termales de Polques.
La entrada cuesta apenas 6 bob (≈ 0,80 €) y vale totalmente la pena.
El agua estaba muy caliente y nos devolvió la energía para continuar el viaje.

Geisers Sol de Mañana
Geisers Sol de Mañana

Geisers Sol de Mañana
Geisers Sol de Mañana

Aguas termales
Aguas termales

Aguas termales
Aguas termales

Aguas termales
Aguas termales

Aguas termales
Aguas termales



🎨 Desierto de Salvador Dalí

Después seguimos hasta el Desierto de Dalí, un paisaje surrealista que parece sacado de un cuadro
del propio pintor. Rocas con formas caprichosas, colores imposibles y un horizonte infinito que te hace sentir
en otro mundo. Es uno de esos lugares donde la cámara no hace justicia, pero la sensación de inmensidad queda grabada para siempre.

🌋 Volcán Licancabur

Antes de llegar a la frontera, paramos frente al Volcán Licancabur, en la frontera con Chile.
Su silueta cónica perfecta lo convierte en uno de los volcanes más icónicos de la cordillera.
Además de su belleza, tiene un profundo significado cultural para los pueblos originarios de la zona.
Verlo al amanecer, con el contraste del desierto alrededor, fue un espectáculo brutal.

Desierto Salvador Dalí
Desierto Salvador Dalí

Volcán Licancabur
Volcán Licancabur

Frontera Bolivia - Chile
Frontera Bolivia – Chile

Llamas
Llamas

Llamas
Llamas

Carreteras bolivianas
Carreteras bolivianas



Allí despedimos a dos compañeros que cruzaban a Chile y nosotros pusimos rumbo de vuelta hacia Uyuni,
donde tomaríamos de nuevo el bus nocturno hasta La Paz.

Lo que no sabíamos entonces es que lo que venía después iba a ser el reto deportivo más duro de nuestras vidas… 💪

Mirador Killi Killi - La Paz
Mirador Killi Killi – La Paz
Basílica San Francisco - La Paz
Basílica San Francisco – La Paz

Día de descanso y preparación mental

Llegamos de nuevo a La Paz a las 6:30 de la mañana y, tras el largo viaje en bus desde Uyuni, lo primero era ir a descansar un rato y reponer fuerzas.

El día lo aprovechamos para recuperarnos del mal de altura, que ya había remitido, y para preparar todo lo necesario de cara a los tres días que duraría la escalada al Huayna Potosí (6.088 msnm). Entre lo más importante, compramos las Sorojchi Pills y las hojas de coca, imprescindibles para combatir y prevenir el sorojchi (mal de altura).

Fue una jornada tranquila, dedicada por completo a cargar energías, mentalizarnos y dejarlo todo listo para el gran reto que estaba por venir.

Huayna Potosí - Bolivia
Huayna Potosí – Bolivia
Indicaciones - Huayna Potosí
Indicaciones – Huayna Potosí

Empiezan los nervios

Tocaba madrugar, desayunar en el hotel y poner rumbo a la agencia para cargar nuestras mochilas en la furgoneta que nos llevaría al Huayna Potosí.
La organización fue un poco caótica, pero lo importante es que empezábamos el reto de una de las montañas más emblemáticas de Bolivia.

El Huayna Potosí forma parte de la cordillera Real de los Andes y, con más de 6.000 metros de altura, es considerado uno de los picos más accesibles para los montañistas principiantes en alta montaña. Aun así, no deja de ser un desafío serio, donde la aclimatación es clave. Haber pasado por Uyuni y los días previos en altura nos vino de lujo para estar mejor preparados.

La temporada más recomendable para escalar va de mayo a septiembre, meses secos en los que el clima es más estable y la visibilidad espectacular.

En este primer día dejamos nuestras cosas en el Campamento Base (unos 4.700 msnm) y, tras equiparnos con la ropa y material que nos facilitó la agencia, pusimos rumbo al glaciar. Allí practicamos cómo caminar con crampones y probamos un poco de escalada en hielo. Fue una experiencia brutal, perfecta para quitarnos el miedo y ganar confianza.

Al finalizar, regresamos al campamento, donde nos esperaba la primera noche en altura antes del verdadero reto.

Huayna Potosí - Bolivia
Huayna Potosí – Bolivia

Campamento Base - Huayna Potosí
Campamento Base – Huayna Potosí

Equipo escalada - Huayna Potosí
Equipo escalada – Huayna Potosí

Glaciar - Huayna Potosí
Glaciar – Huayna Potosí

Glaciar - Huayna Potosí
Glaciar – Huayna Potosí

Glaciar - Huayna Potosí
Glaciar – Huayna Potosí

Glaciar - Huayna Potosí
Glaciar – Huayna Potosí

Indicaciones - Huayna Potosí
Indicaciones – Huayna Potosí



Campo Alto - Huayna Potosí
Campo Alto – Huayna Potosí

Campo Alto

Hoy tocaba dar un paso más hacia la cima: la caminata hasta el Campo Alto del Huayna Potosí, situado a unos 5.200 metros de altitud. Este es el último campamento antes de enfrentarse al gran reto, y la sensación de que la cosa se ponía seria se hacía cada vez más real.

Para llegar hasta aquí es necesario pasar un punto de control en el que se paga una entrada de 50 BOB (unos 7€ al cambio). Una vez superado, la ruta nos fue regalando paisajes espectaculares que nos recordaban la magnitud del desafío que teníamos delante.

Las vistas desde el Campo Alto eran brutales: montañas infinitas y la sensación de estar ya en el corazón de los Andes. Pero también se veía claro lo que nos esperaba… un ascenso duro y exigente, como luego comprobaríamos.

La parte más curiosa de este día fue la rutina: cenar a las 18:00 y a las 19:00 ya metidos en el saco, porque a medianoche tocaba despertarse. A la 1 de la madrugada empezaríamos el ataque final a la cumbre. El momento de la verdad se acercaba.

Ruta Campo Alto - Huayna Potosí
Ruta Campo Alto – Huayna Potosí

Punto de Control - Huayna Potosí
Punto de Control – Huayna Potosí

Mapa - Campo Alto
Vistas – Campo Alto

Mapa - Campo Alto
Mapa – Campo Alto

Campo Alto - Huayna Potosí
Campo Alto – Huayna Potosí

Mapa - Campo Alto
Mapa – Campo Alto

Mapa - Campo Alto
Mapa – Campo Alto

Campo Alto - Huayna Potosí
Campo Alto – Huayna Potosí



Cima - Huayna Potosí
Cima – Huayna Potosí

¡Cima!

La alarma sonó a medianoche. Desayuno rápido, mochilas listas, crampones, piolet y frontal encendido: a la 1:00 de la madrugada comenzábamos la marcha hacia la cima del Huayna Potosí. El silencio de la noche solo lo rompía el crujir de la nieve bajo nuestras botas.
El camino fue durísimo. Rampas empinadas, pasos junto a grietas, puentes de hielo y hasta cuevas que apenas intuíamos con la luz del frontal. La verdadera dimensión del recorrido la descubrimos al regreso, ya con la luz del día.
Sobre los 5.700 msnm llegó mi momento crítico: las piernas no respondían, la cabeza pedía rendirse. Pensé en quedarme allí mismo o en que mi compañero siguiera con otro grupo. Pero poco a poco, descansando, mascando hojas de coca y con los ánimos de mi guía y mi compañero, seguí adelante.
Tras 6 horas y media de ascenso, lo conseguimos: ¡6088 metros sobre el nivel del mar! Lo más alto que jamás pisaremos. La mezcla de sufrimiento y emoción fue indescriptible. Esa sensación de llegar al límite, de querer abandonar y aun así conquistar la cima, se queda grabada para siempre.

Inicio cima - Huayna Potosí
Inicio cima – Huayna Potosí

Vistas - Huayna Potosí
Vistas – Huayna Potosí

Vistas - Huayna Potosí
Vistas – Huayna Potosí

Cima - Huayna Potosí
Cima – Huayna Potosí

Cima - Huayna Potosí
Cima – Huayna Potosí

Cima - Huayna Potosí
Cima – Huayna Potosí



Pero llegar arriba no era el final. Tocaba regresar: primero al Campo Alto para recoger las cosas, y luego hasta el Campamento Base, donde la furgoneta nos esperaba para volver a La Paz.

Una vez en la ciudad, el descanso fue más que merecido. La siesta se convirtió casi en una hibernación, mientras decidíamos si tendríamos fuerzas para afrontar la última actividad pendiente en Bolivia.

🌐 Consejo del viajero: A partir de los 5.500 msnm tu cuerpo te pondrá a prueba. Lleva siempre hojas de coca, snacks energéticos y agua suficiente. Avanza con calma, escucha a tu guía y recuerda: la cima se conquista más con cabeza y paciencia que con fuerza.

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Increíbles vistas

Finalmente nos animamos con la Ruta de la Muerte. Famosa por sus precipicios, el clima cambiante y lo estrecho del camino,
hoy es uno de los descensos en bici más épicos (y fotogénicos) que puedes hacer cerca de La Paz.
El recorrido se divide en dos partes muy distintas. La primera, asfaltada (unos 20 km), es sencilla en técnica pero
exigente por la velocidad, el tráfico y la cantidad de grupos que pedalean a la vez. Adrenalina pura.
La segunda parte son unos 40 km de pista entre tierra y piedras. Aquí lo importante es la línea:
leer el terreno, esquivar rocas y soltar frenos cuando toca. Fuimos parando en miradores y puntos míticos para fotos,
cruzamos riachuelos y vimos a valientes lanzándose en tirolina. Puro disfrute.

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia



Al terminar nos tocó el momento “spa mecánico”: refrescos mientras limpiaban las bicis. Y, sorpresa de última hora,
bichitos que nos dejaron las piernas como un mapa en relieve… tardaron semanas en irse los bultitos.

Cierre de día con vuelta a La Paz para preparar maletas y poner punto final a la aventura boliviana.
El regreso fue eterno, pero lo celebramos como se merece: pizza y a dormir.

🌐 Consejo del viajero: Lleva capas (arrancas con frío y terminas con calor húmedo),
guantes, gafas y chubasquero ligero. Mantén distancia de seguridad,
frena con suavidad (más trasero que delantero) y no te piques con otros grupos.
Repelente obligatorio al final del descenso.

Mirador Killi Killi - La Paz
Mirador Killi Killi – La Paz

Fin de viaje

El último día nos hubiera encantado subir a los teleféricos de La Paz, recorrer la ciudad desde las alturas y llegar hasta El Alto con esas vistas increíbles.
Pero el tiempo apretaba y no pudo ser.

Desayunamos, terminamos de empaquetar y, con algo de nostalgia, nos despedimos de nuestro gran amigo Álvaro en el hotel.
El taxi al aeropuerto nos salió por unos 50 bob (aprox. 7 €), un trayecto corto pero simbólico: significaba que nuestra aventura en Bolivia llegaba a su fin.

Este viaje fue mucho más que kilómetros recorridos: fue un reto físico y mental, una experiencia de superación personal, de contacto con nuevas culturas y de recuerdos que quedarán para siempre.
Bolivia nos sorprendió, nos exigió y nos regaló momentos únicos que siempre llevaremos con nosotros.

🌐 Consejo del viajero: Si tienes unas horas libres antes de tu vuelo, no te pierdas los teleféricos de La Paz.
Son baratos, seguros y ofrecen una panorámica brutal de la ciudad y del altiplano.

Ruta de la muerte - Bolivia
Ruta de la muerte – Bolivia

Cima - Huayna Potosí
Cima – Huayna Potosí

Glaciar - Huayna Potosí
Glaciar – Huayna Potosí

Llamas
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Árbol de Piedra
Árbol de Piedra

Dakar - Salar de Uyuni
Dakar – Salar de Uyuni

Cementerio de trenes - Uyuni
Cementerio de trenes – Uyuni

Monolito Pachamama - Tiwanaku
Monolito Pachamama – Tiwanaku

Piedras H - Puma Punku
Piedras H – Puma Punku

Calle colores - La Paz
Calle colores – La Paz

Huayna Potosí
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Buceo en el paraíso

Maldivas es conocido como uno de los mejores destinos del mundo para la práctica del buceo recreativo. Sus aguas cálidas —entre 26 °C y 30 °C— y cristalinas invitan a zambullirse sin pensarlo demasiado y a disfrutar de un entorno submarino espectacular, lleno de corales y una biodiversidad marina difícil de igualar.

Existen diferentes formas de bucear en Maldivas. Una de las más conocidas es el vida a bordo, donde te alojas en un barco y realizas las inmersiones directamente desde él, cambiando de zona casi cada día. La otra opción es alojarse en guesthouses en islas locales y bucear con un centro de buceo local. Esta segunda alternativa fue la que yo elegí, y encajaba mucho más con la idea de viajar por libre y conocer el país desde dentro.

Hasta ese momento, nunca había buceado. Sí, lo típico: alguna vez se me había pasado por la cabeza hacer un curso, pero entre unas cosas y otras siempre quedaba aparcado. Todo cambió tras un viaje a Jordania, donde hice un bautismo de buceo, y gracias a la insistencia —bastante convincente— de un amigo. Ahí decidí que había llegado el momento de sacarme el Open Water de PADI.

Y una vez das ese paso… lo siguiente casi viene solo. No tuvieron que insistir demasiado para proponerme un viaje a Maldivas para bucear. Digamos que la idea se vendió sola. El resto de la historia, como suele pasar, empezó bajo el agua.


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Dhangethi

Situada en el South Ari Atoll, Dhangethi fue la isla elegida para nuestro alojamiento y el punto de partida de todas nuestras inmersiones en Maldivas. Buscábamos una zona donde hubiese opciones reales —o al menos probabilidades— de ver el tiburón ballena y, tras investigar bastante, esta parte del archipiélago aparecía una y otra vez como una de las mejores.

A eso se sumaba que Dhangethi es una isla pequeña, tranquila y perfecta para desconectar entre buceo y buceo. Justo lo que necesitábamos. Mide aproximadamente 900 metros de largo por 350 metros de ancho, por lo que recorrerla a pie es rápido y sencillo, manteniendo siempre ese ambiente local y relajado que tanto nos gusta.

Para llegar hasta aquí, cogimos un speed boat desde el aeropuerto de Malé, en un trayecto de unas 2 horas atravesando el Índico. El viaje ya sirve como primer contacto con el entorno: mar abierto, tonos turquesa y la sensación de estar dejando atrás cualquier rastro de prisas.

Además del buceo, Dhangethi ofrece otras muchas opciones acuáticas como snorkel, surf o pesca, así como playas tranquilas donde descansar después de una jornada intensa bajo el agua. La isla también conserva pequeños puntos de interés cultural, como la mezquita histórica de Dhangethi o el cementerio de los primeros musulmanes, que aportan un extra para conocer mejor la vida local más allá del mar.








Cartel - Malé
Cartel – Malé
Muelle aeropuerto - Malé
Muelle aeropuerto – Malé
Vista Maldivas
Vista Maldivas

Llegada al paraíso

Mi primer viaje con escala. Nervios. Nuestro vuelo rumbo a Malé hacía escala en Doha y teníamos muy poco margen para el cambio de avión. Desembarcamos y empezamos a recorrer la terminal prácticamente corriendo, buscando nuestra siguiente puerta de embarque con el corazón a mil.

Tras pasar la noche a bordo, nos despertamos con los primeros rayos de sol entrando por la ventanilla del avión. Miramos hacia abajo… y ahí estaba: el océano Índico, salpicado de islitas por todas partes. Una de esas imágenes que ya te dicen que el viaje ha merecido la pena.

Pocos minutos después aterrizamos en Malé. Nada más desembarcar nos dirigimos al mostrador que nos habían indicado para confirmar la hora y el punto de salida del speed boat que nos llevaría hasta nuestra isla, Dhangethi.

Lo primero que nos llamó la atención fueron los distintos tonos de azul del mar, imposibles de describir, y también la fuerza de las corrientes, visibles incluso desde tierra. Todo parecía sacado de una postal.

Ya a bordo del speed boat, y aunque no dejábamos de mirar el mar, las islitas y los resorts que íbamos dejando atrás, el cansancio pudo con nosotros y acabamos echándonos una cabezadita. El trayecto hasta nuestro destino final duró unas dos horas aproximadamente.

Al llegar al puerto de Dhangethi, nos estaban esperando desde nuestro alojamiento, Banyan Villa, para llevarnos las mochilas en un motocarro hasta el hotel. Primer contacto real con la isla… y ya nos estaba gustando.

Una vez dejamos las mochilas en la habitación, salimos a dar una vuelta sin rumbo: playas, más tonos de azul, islitas alrededor y una sensación constante de estar en un lugar muy especial. Todo invitaba a bajar el ritmo.

Después de esta primera “excursión” improvisada, volvimos al hotel para comer y nos fuimos directos a echar una siesta reparadora. Dormir en transportes nunca ha sido lo mío, así que el cuerpo pedía descanso. El viaje acababa de empezar… pero ya nos sentíamos lejos de todo.

Mural Manta - Maldivas
Mural Manta – Maldivas
Pez Payaso - Maldivas
Pez Payaso – Maldivas
Manta - Maldivas
Manta – Maldivas

Mahibadhoo Rock

Primer día de inmersiones. Nervios a flor de piel. Mis primeras inmersiones “reales”, fuera de cursos o bautismos, iban a ser ni más ni menos que en el océano Índico. Con tiburones y otros “bichos” que, seamos sinceros, por culpa de las películas siempre imponen un respeto extra.

Lo primero que nos chocó al meternos en el agua fue la temperatura. Pensaba que, pese a estar en los trópicos, al ser océano el agua estaría fría… pero nada más lejos de la realidad. El ordenador de buceo marcaba 30 °C. Una auténtica locura.

En esta primera inmersión tuvimos un encuentro brutal: un par de mantas. Solo verlas ya te deja sin aliento. Una pasó relativamente cerca, la vimos de perfil y ya impresionaba por su tamaño… pero la otra fue directamente espectacular.

Estábamos apoyados en unas rocas, esperando con paciencia por si aparecía alguna, cuando de repente la manta que teníamos delante se levantó, dejándonos ver claramente ese pez que siempre llevan pegado a la barriga, y se dio la vuelta tranquilamente para desaparecer por donde había venido. Un momento difícil de describir con palabras.

Volvimos a la superficie y, ya en el barco, empezaron los comentarios, las risas y las miradas cómplices. Habíamos roto el hielo del buceo… y lo habíamos hecho a lo grande. Estábamos flipando.

Sin mucho tiempo para asimilarlo del todo, pusimos rumbo a nuestra segunda inmersión de la mañana.

🤿 Datos de la inmersión

Lily Rock

Esta segunda inmersión fue mucho más tranquila en cuanto a nervios y también en lo que respecta a la presencia de especies “grandes”.
Ya íbamos más relajados, sabiendo qué esperar y disfrutando más del entorno.

En esta ocasión el protagonismo se lo llevó el coral y la vida más pequeña, pero no por ello menos espectacular.
Vimos peces payaso, peces mariposa y un montón de peces de arrecife llenos de color que no sabías muy bien hacia dónde mirar.

Es cierto que bajo el agua los colores se van perdiendo con la profundidad, pero aun así los tonos eran increíblemente vivos.
Nos dejó completamente boquiabiertos.
Hay que tener en cuenta que acabábamos de sacarnos el Open Water y, hasta ese momento, lo único que habíamos hecho eran ejercicios en zonas muy controladas, tranquilas y con poca vida.

Pasar de eso a bucear en un arrecife real, lleno de movimiento y color, fue un auténtico shock… pero del bueno.

🤿 Datos de la inmersión


Kudarah Thila - Maldivas
Kudarah Thila – Maldivas

Tiburón - Maldivas
Tiburón – Maldivas

Five Rocks - Maldivas
Five Rocks – Maldivas

Kudarah Thila

Este era uno de esos días que no sabía muy bien si quería que llegara o no.
Tenía muchas ganas de ver tiburones en su hábitat natural,
pero al mismo tiempo no podía evitar cierto respeto —por no decir miedo—,
alimentado por años de películas, noticias y tópicos que todos tenemos en la cabeza.

El punto de inmersión era Kudarah Thila, uno de los lugares más conocidos de la zona
por sus arrecifes de coral y su increíble vida marina.
Este sitio es especialmente famoso por los grandes grupos de
tiburones de arrecife, aunque también es habitual encontrar
rayas, tortugas marinas y una enorme variedad de peces tropicales.

Nada más bajar, el entorno ya imponía.
Ver a los tiburones nadando libres, sin jaulas ni cebos,
fue una experiencia difícil de describir.
Pudimos observar tiburones punta blanca y tiburones nodriza.
No eran especialmente grandes, pero aun así imponían respeto.
Estaban ahí, tranquilos, en su casa… y nosotros solo éramos visitantes.

Kudarah Thila es, en esencia, un arrecife de coral sumergido,
con formaciones espectaculares y una concentración de vida marina brutal.
Un lugar que impone al principio, pero que termina regalándote una de esas experiencias
que marcan y hacen que el miedo inicial se transforme en pura admiración.

🤿 Datos de la inmersión

Five Rocks

Five Rocks es un pináculo submarino dividido en cinco formaciones rocosas independientes, tal y como indica su nombre. Se trata de un punto de buceo muy interesante por su estructura y por la gran cantidad de vida marina que se concentra alrededor de estas rocas.

En mi caso, esta inmersión fue bastante exigente. Nos encontramos con fuertes corrientes y, al tener que nadar contra ellas en varios momentos, el esfuerzo físico fue notable. Esto hizo que el consumo de aire fuese mayor de lo habitual y que la inmersión se hiciera más intensa de lo esperado.

Las profundidades de las distintas rocas varían entre los -14 metros de la más cercana a la superficie y los -18 metros en la base del pináculo. A pesar del esfuerzo, mereció totalmente la pena: la cantidad de vida que alberga este punto es simplemente espectacular y convierte a Five Rocks en una inmersión que no se olvida fácilmente.

🤿 Datos de la inmersión


Vilamendhoo Thila​ - Maldivas
Vilamendhoo Thila​ – Maldivas

Resort - Maldivas
Resort – Maldivas

Vilamendhoo Corner

Vilamendhoo Corner es un punto de buceo conocido por sus corrientes fuertes y por la abundante vida marina que alberga. En esta zona es habitual encontrarse con tiburones, rayas, tortugas marinas y una gran variedad de peces de arrecife.

Aunque las corrientes fueron más flojas que el día anterior, la jornada amaneció con movimiento en el agua. Esto jugó a nuestro favor, ya que nos permitió disfrutar más tiempo del buceo y observar con calma tanto a los tiburones de puntas blancas como a varias morenas escondidas entre las rocas.

La verdadera sorpresa llegó al salir a la superficie. Justo al lado del punto de inmersión se alzaba una pequeña islita con su resort y las típicas villas sobre el mar. Una de esas imágenes que se te quedan grabadas en la retina y que hacen que el buceo en Maldivas sea aún más especial.

🤿 Datos de la inmersión

Vilamendhoo Thila

Vilamendhoo Thila es uno de esos puntos de buceo que te recuerdan por qué Maldivas está considerada un paraíso submarino. Sus arrecifes de coral están llenos de vida y es habitual encontrarse con tiburones, rayas, tortugas marinas y una enorme variedad de peces tropicales.

Sí, al principio imponía nadar junto a tiburones, pero tras varias inmersiones ya nos habíamos acostumbrado a su presencia. Pasaron de ser motivo de nervios a formar parte natural del paisaje submarino.

Eso sí, la emoción no desaparecía. Cada vez que alguien señalaba uno y avisaba al resto, el corazón se aceleraba y las miradas se iban automáticamente hacia esa silueta elegante moviéndose entre el azul. Se nos caía la baba.

Más allá de los tiburones, seguíamos completamente fascinados con la cantidad de vida marina que albergan estas aguas. Bancos de peces, corales de todos los colores y una sensación constante de estar flotando en un acuario infinito. Una auténtica locura.

🤿 Datos de la inmersión


Miyaru Thila​ - Maldivas
Miyaru Thila​ – Maldivas

Tortuga - Maldivas
Tortuga – Maldivas

NooGiri - Maldivas
NooGiri – Maldivas

Miyaru Thila

Choca un poco ver a una tortuga marina en libertad, sobre todo si estás acostumbrado desde pequeño a verlas en acuarios o en agua dulce.
Aquí era distinto: verla moverse tranquila, hurgando entre los recovecos del arrecife para comer y nadar a nuestro lado durante unos segundos fue un momento muy especial.

Miyaru Thila es uno de los puntos de buceo más conocidos de la zona por los encuentros habituales con
tiburones de punta blanca, pero la vida marina no se queda solo en eso.

Este thila alberga una enorme variedad de especies: mantarrayas, barracudas, meros,
napoleones y peces loro, entre muchos otros.
Todo ello rodeado de un arrecife espectacular, con corales duros y blandos, abanicos de mar y esponjas que hacen que la inmersión sea un auténtico espectáculo visual.

🤿 Datos de la inmersión

Noo Giri

Noo Giri es otro de los puntos de buceo más populares de las Maldivas, conocido por su abundante vida marina y por sus arrecifes de coral bien conservados.

En esta inmersión es habitual encontrarse con tiburones grises de arrecife, rayas águila, meros, barracudas y una gran variedad de peces tropicales. Tampoco faltan las tortugas marinas, morenas y, con un poco de suerte, algún pulpo escondido entre las rocas.

Uno de los puntos fuertes de Noo Giri son sus cuevas y pasajes estrechos entre los arrecifes, que hacen la inmersión especialmente entretenida y visual, sobre todo para buceadores con algo de experiencia.

En nuestro caso, fue una de las inmersiones más tranquilas en cuanto a corriente. Se trata de un pináculo bastante grande, cuya parte más alta se encuentra a unos -5 metros, lo que permite terminar la inmersión de forma muy relajada.

Nos movimos principalmente entre los -10 y -20 metros, para acabar dando una última vuelta por la zona más cercana a la superficie, disfrutando de la luz y de los colores del arrecife.

Y sí, seguíamos viendo tiburones y morenas durante toda la inmersión 🙂. A esas alturas del viaje ya empezaban a parecernos casi parte del paisaje… aunque sin perder nunca el respeto.

🤿 Datos de la inmersión


Kudarah Thila - Maldivas
Kudarah Thila – Maldivas

Tiburón Ballena - Maldivas
Tiburón Ballena – Maldivas

Tiburón Ballena - Maldivas
Tiburón Ballena – Maldivas

Maamigili Beyru

Este fue, sin duda, el mejor día de todo el viaje.
El día que llevábamos esperando desde que empezamos a planear Maldivas.

Al sur del South Ari Atoll se encuentra la isla de Maamigili, una de las zonas más conocidas de Maldivas para el avistamiento del tiburón ballena.
La abundancia de plancton y krill en sus aguas hace que estos gigantes del océano pasen largas temporadas por la zona, especialmente entre los meses de mayo y diciembre.

Habíamos viajado a Maldivas prácticamente con un objetivo en mente…
y ahí estaba.

El tiburón ballena.
Enorme, tranquilo, elegante. Moviéndose despacio, subiendo y bajando en el azul.
Recuerdo perfectamente ese momento en el que todos nos quedamos en silencio, simplemente mirándolo, sin saber muy bien qué decir.

Lo mejor de todo fue poder acompañar a uno de ellos durante unos minutos.
Éramos únicamente los ocho buceadores de nuestro centro, manteniendo la distancia y la profundidad que nos permitieron. Una experiencia respetuosa, íntima y absolutamente inolvidable.

Nunca olvidaré este día.

🤿 Datos de la inmersión

Kudarah Thila

De vuelta de la visita al tiburón ballena, hicimos una última inmersión mucho más tranquila, casi a modo de despedida. El plan era simple: relajarnos y disfrutar.

Comenzamos la inmersión en una de las puntas del pináculo y, aprovechando la fuerte corriente, nos dejamos llevar hasta el extremo opuesto. Una inmersión sin prisas, flotando y observando todo lo que aparecía a nuestro alrededor.

Fue un buceo de esos en los que no buscas nada concreto, solo mirar el coral, la vida que lo rodea y dejar que el océano marque el ritmo.

Para cerrar el día, repetimos el mismo punto de buceo que en el segundo día, pero con una sensación completamente distinta: más confianza, menos nervios y muchas más sonrisas bajo el agua.

🤿 Datos de la inmersión


Vilamendhoo Thila​ - Maldivas
Vilamendhoo Thila​ – Maldivas

Vida - Maldivas
Vida – Maldivas

Ali Thila

Se dice —y con razón— que no hay que tocar a los animales, y nosotros lo cumplimos a rajatabla durante todas las inmersiones.

Pero claro, con tanto que ver ahí abajo, vas subiendo poco a poco por la roca, fijándote en cada coral, en cada pez, totalmente absorto…
hasta que de repente, pummm, tortuga in your face.

Un pequeño susto al encontrarnos la tortuga justo delante.
Tan cerca que, por un segundo, casi le agarramos el culo sin querer 😂.
Por suerte, cada uno siguió su camino y el encuentro quedó en una anécdota inolvidable.

Ali Thila es conocido por su impresionante arrecife de coral y su abundante vida marina.
Es un punto habitual para ver peces tropicales, rayas, tortugas marinas y una gran variedad de especies que hacen que cada inmersión sea distinta.

🤿 Datos de la inmersión

Vilamendhoo Thila

Aquí también repetimos sitio de buceo del tercer día.
Era nuestra última inmersión y, sinceramente, no pudo ser mejor.
La despedida perfecta.

En esta inmersión final vimos prácticamente todos los animales que habíamos ido buscando durante las 11 inmersiones anteriores
(a excepción del tiburón ballena, claro).

Parecía como si el océano quisiera despedirse de nosotros.
Vimos mantas, tortugas, morenas…
una tras otra.

En fin, la despedida soñada para cerrar un viaje de buceo que difícilmente olvidaré.

🤿 Datos de la inmersión

Columpio - Dhangethi
Columpio – Dhangethi
Dhangethi
Dhangethi
Columpio - Dhangethi
Columpio – Dhangethi

Último día en Dhangethi

Nuestro último día en Maldivas lo dedicamos, sin prisas, a disfrutar de la playa.

El vuelo salía por la tarde, así que teníamos tiempo de sobra para despedirnos de la isla como se merece: arena blanca, agua cristalina y esa calma que solo aquí se respira.

Por la mañana la marea estaba baja, algo que nos llamó la atención, ya que estábamos acostumbrados a verla más alta por las tardes, después de comer. Aun así, el paisaje seguía siendo espectacular, con tonos de azul imposibles y el arrecife asomando tímidamente.

Tras una última ducha y con las mochilas ya cerradas, nos dirigimos al muelle para subir al speed boat que nos llevaría de vuelta al aeropuerto internacional de Malé.

De regreso, mientras el barco se alejaba de la isla, era inevitable echar la vista atrás y repasar todo lo vivido durante el viaje.

Gracias a —o por culpa de— esta aventura, ahora estoy enganchado al buceo y mucho más concienciado de la importancia de proteger la vida marina. Verla tan de cerca, en su hábitat natural, cambia por completo la forma en la que entiendes el mar.

Un viaje que empezó como una ilusión y terminó convirtiéndose en una pasión.




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Desierto, historia, mar y petra

Limitando con Siria, Irak, Arabia Saudí, Israel y Cisjordania, encontramos Jordania, un país que sorprende por la enorme cantidad de experiencias que ofrece, incluso estando rodeado de regiones marcadas por conflictos constantes.

Aquí conviven paisajes brutales con una historia milenaria: desde perderte por el desierto del Wadi Rum, sentir la extraña sensación de flotar en el mar Muerto, hasta descubrir una de las nuevas maravillas del mundo moderno: Petra, una ciudad esculpida en la roca que deja sin palabras.

La capital es Ammán, punto de entrada para la mayoría de viajeros y donde aterriza nuestro vuelo. Entre colinas, ruinas romanas y mucha vida local, es aquí donde empieza —de verdad— este viaje por uno de los países más fascinantes que he visitado.


¿Qué Necesitarás Para Tu Viaje?​


⭐ Consejo: es muy recomendable comprar el
Jordan Pass.
Incluye el visado (si pasas al menos 3 noches en el país) y la entrada a varias atracciones turísticas,
entre ellas Petra, por lo que suele salir muy a cuenta.

Información importante

¿Qué meter en la maleta?

Yo fui en diciembre, pero hay cosas que se pueden llevar durante todo el año.
Dejo marcado con (*) lo que llevé específicamente por ser invierno:

Petra, una de las siete maravillas del mundo

Petra fue la antigua capital del reino nabateo y forma parte de las Siete Maravillas del Mundo moderno desde 2007. Es, sin duda, uno de esos lugares que hay que visitar al menos una vez en la vida.

Su nombre procede del griego y significa piedra. Sin embargo, no debemos pensar que Petra está compuesta únicamente por edificios tallados en la roca. Además de las famosas fachadas excavadas, también existen construcciones levantadas con bloques de piedra al aire libre. La arenisca con la que está formada le da ese característico tono anaranjado que cambia de color según la luz del día.

Petra es conocida también como la Ciudad Perdida, ya que fue abandonada durante la Edad Media y permaneció oculta para el mundo occidental hasta su redescubrimiento en 1812 por el explorador suizo Jean Louis Burckhardt (1784–1817). Para lograrlo, Burckhardt se ganó la confianza de los locales gracias a su profundo conocimiento de la cultura árabe, llegando incluso a convertirse al islam.

Este curioso explorador no se quedó ahí: también fue quien redescubrió para Occidente los templos del faraón Ramsés II y Nefertari en Abu Simbel, en Egipto.

La ciudad cumplía dos funciones principales. Por un lado, permitía a los nabateos ocultarse y protegerse de los ataques de otros pueblos. Por otro, fue un importante centro comercial gracias a su posición estratégica en las rutas de caravanas.

A pesar de encontrarse en pleno desierto, Petra disponía de agua. Los nabateos construyeron presas y una compleja red de canales para abastecer a la ciudad. Durante el recorrido por el Siq, el estrecho desfiladero que conduce hasta el Tesoro (Al-Khazneh), aún pueden verse restos de estos canales a ambos lados del camino.

Los romanos también llegaron a Petra y la conquistaron en el año 63 a.C. bajo el mando del general Pompeyo. Su influencia quedó reflejada en construcciones como la Vía Columnada y el Teatro de Petra.

Pero, si Petra fue tan importante, ¿por qué se abandonó? Principalmente por dos motivos: un gran terremoto que destruyó buena parte de la ciudad y la pérdida de su relevancia comercial. Al dejar de ser rentable, los habitantes optaron por no reconstruirla y acabó quedando en el olvido durante siglos.










El inicio de un sueño

Por fin este sueño se hace realidad. El primer día del viaje se resume, básicamente, en coger un avión. Nuestro vuelo sale desde el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid–Barajas con destino al Aeropuerto Internacional Reina Alia, situado al sur de Ammán, la capital de Jordania.

El vuelo tiene una duración aproximada de cinco horas. Aunque el trayecto es tranquilo, los nervios están a flor de piel: voy camino de un país que llevaba años queriendo visitar.

Antes de dirigirnos al hotel, nos realizan una prueba PCR como trámite obligatorio para la entrada al país. A pesar de haber salido de España con una PCR negativa, en ese momento era obligatorio realizar otra al aterrizar.

Debido a ello, pasamos la noche confinados en nuestras habitaciones hasta recibir los resultados. Una primera toma de contacto con Jordania algo atípica, pero necesaria.

Foro Romano - Jerash
Foro Romano – Jerash
Escaleras Ajlun
Escaleras Ajlun

Historia romana en Jordania

El día comienza con una buena noticia: el resultado de la prueba es negativo y, por fin, podemos empezar a disfrutar del viaje.

Tras tomar un desayuno típico jordano, ponemos rumbo a nuestro primer destino del día: el Castillo de Ajlun.

Este castillo fue construido en el año 1184 por un comandante de Saladino con varios objetivos estratégicos: defenderse de los cruzados, controlar las rutas comerciales del valle del Jordán y proteger las cercanas minas de hierro. Su posición elevada permite entender perfectamente la importancia defensiva que tuvo en su momento.

Después de la visita, continuamos la ruta hacia Jerash, una de las ciudades romanas mejor conservadas fuera de Italia, antes de poner rumbo a Madaba, donde finalizaríamos la jornada.

Escaleras Ajlun
Escaleras Ajlun

Parte superior Castillo Ajlun
Parte superior Castillo Ajlun

Ruinas Ajlun
Ruinas Ajlun

Castillo Ajlun
Castillo Ajlun



Una vez terminamos la visita al Castillo de Ajlun, nos dirigimos a nuestra segunda parada del día: la espectacular ciudad antigua romana de Jerash.

Jerash es la ciudad romana mejor conservada de todo Oriente Medio y fue una de las más importantes del Imperio Romano fuera de Italia. Nada más llegar, impresiona la magnitud del conjunto y lo bien que se conservan muchos de sus edificios.

Durante el traslado hicimos una parada rápida para comer un bocadillo de falafel, una mezcla que al principio me resultó un poco extraña… pero que acabó convenciéndome.

Dentro del recinto arqueológico se pueden visitar teatros romanos, templos imponentes, iglesias, plazas y numerosos edificios públicos que permiten imaginar cómo era la vida en la ciudad en su época de esplendor.

Estos son algunos de los puntos más destacados del conjunto:

Arco de Adriano - Jerash
Arco de Adriano – Jerash

Hipódromo - Jerash
Hipódromo – Jerash

Templo de Artemisa - Jerash
Templo de Artemisa – Jerash

Templo de Artemisa - Jerash
Templo de Artemisa – Jerash

Templo de Artemisa - Jerash
Templo de Artemisa – Jerash

Templo de Artemisa - Jerash
Templo de Artemisa – Jerash

Nymphaeum - Jerash
Nymphaeum – Jerash

Foro Romano - Jerash
Foro Romano – Jerash

Teatro Sur - Jerash
Teatro Sur – Jerash



Tras quedarnos literalmente con la boca abierta ante semejantes estructuras y recorrer durante horas la antigua ciudad de Jerash, regresamos al autobús para poner rumbo a Madaba, nuestra siguiente parada del viaje.

El cansancio empezaba a notarse, pero la sensación era de satisfacción absoluta. Había sido un día intenso, cargado de historia y de primeras impresiones que ya justificaban el viaje.

Y como broche final a la jornada, no podía faltar una pequeña recompensa: probar la cerveza Petra. Un momento tranquilo para sentarse, comentar todo lo vivido durante el día y empezar a saborear —en todos los sentidos— lo que Jordania nos tenía preparado.

Atardecer - Mar Muerto
Atardecer – Mar Muerto
Mezquita - Madaba
Mezquita – Madaba
Flotando - Mar Muerto
Flotando – Mar Muerto

Flotando por debajo del nivel del mar

Este día no hizo falta madrugar. Para el resto del viaje sí, pero decidimos aprovechar la mañana con calma para visitar Madaba, conocida como la ciudad de los mosaicos.

Comenzamos la visita en la iglesia de San Jorge, donde se conserva uno de los mosaicos más importantes del mundo cristiano: una representación cartográfica de los territorios de Tierra Santa, con un nivel de detalle impresionante para su época.

La siguiente parada fue el Parque Arqueológico de Madaba. En él se pueden observar numerosos mosaicos en un excelente estado de conservación, tanto en el suelo como expuestos en las paredes.

Dentro del propio parque también visitamos la iglesia de la Virgen María y restos de la antigua calzada romana de la ciudad, lo que ayuda a entender la importancia histórica que tuvo Madaba.

La mayoría de las entradas a estas atracciones las teníamos incluidas gracias al Jordan Pass, algo que facilita mucho las visitas durante el viaje.

Tras la visita, volvimos al autobús para poner rumbo hacia el Mar Muerto. Durante el trayecto pasamos por el Monte Nebo, aunque no paramos. En mi opinión, deberíamos haberlo hecho… pero el guía manda.

Mosaicos mapa - Madaba
Mosaicos mapa – Madaba

Mosaicos mapa - Madaba
Mosaicos mapa – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Arcos Santa María - Madaba
Arcos Santa María – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Mosaicos - Madaba
Mosaicos – Madaba

Palacio quemado - Madaba
Palacio quemado – Madaba

Palacio quemado - Madaba
Palacio quemado – Madaba

Palacio quemado - Madaba
Palacio quemado – Madaba

Santa María - Madaba
Santa María – Madaba

Santa María - Madaba
Santa María – Madaba

Altar Santa María - Madaba
Altar Santa María – Madaba

Mezquita - Madaba
Mezquita – Madaba



A medida que nos acercábamos al Mar Muerto, comenzamos a notar cómo se nos taponaban los oídos. No es casualidad: sus orillas se encuentran a más de 400 metros bajo el nivel del mar.

La experiencia fue en una playa privada, con acceso incluido al complejo. Antes del baño disfrutamos de un buffet y, después, Omar nos dio algunas recomendaciones importantes: no meter la cabeza bajo el agua, aplicarse primero el barro, dejarlo secar y luego aclararse en el mar.

El motivo de no sumergir la cabeza es la alta alcalinidad del agua. Gracias a esa misma característica, flotamos sin esfuerzo alguno.

Yo nunca he flotado —ni en el mar ni en una piscina—, así que podéis imaginar mi cara de felicidad cuando el propio mar te empuja hacia la superficie sin hacer absolutamente nada.

Mar Muerto
Mar Muerto

Flotando - Mar Muerto
Flotando – Mar Muerto

Barro - Mar Muerto
Barro – Mar Muerto

Atardecer - Mar Muerto
Atardecer – Mar Muerto



Tras el baño, una ducha reparadora y disfrutar de la puesta de sol, retomamos el camino en autobús rumbo a Wadi Musa, la ciudad que sirve de puerta de entrada a uno de los lugares que llevaba años soñando visitar: Petra.

Desfiladero del Siq - Petra
Desfiladero del Siq – Petra
Al-Jazneh - Petra
Al-Jazneh – Petra
Desfiladero del Siq - Petra
Desfiladero del Siq – Petra
Al-Jazneh - Petra
Al-Jazneh – Petra
Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra
Atardecer Puerta de Temenos - Petra
Atardecer Puerta de Temenos – Petra

El día que llevaba años esperando

Miércoles 29 de diciembre de 2021. Por fin ha llegado el momento. Nervios, sonrisa tonta y unas ganas locas de llegar al sitio me invaden desde primera hora. En el desayuno se palpa en el ambiente que todos estamos deseando comenzar la aventura.

Cogemos el autobús que nos dejará en la entrada del complejo de Petra. Conviene recordar que Petra es el nombre del lugar, no de ningún monumento en particular, y que fue también el hogar de los nabateos.

Nada más entrar nos encontramos con los primeros puestos de souvenirs. Y sí, aquí toca regatear para comprar el pañuelo típico, la Hatta. Con el pañuelo ya colocado, comenzamos la caminata que nos llevará a los monumentos más emblemáticos del recinto.

El primer tramo es una caminata de aproximadamente un kilómetro hasta llegar al inicio del Siq, el espectacular desfiladero de acceso a Petra. Sus paredes alcanzan hasta 70 metros de altura y, en el punto más estrecho, apenas tiene 3 metros de ancho.

A lo largo del recorrido se pueden observar numerosas tallas en la roca y restos de canales de agua a ambos lados del cañón, que los nabateos utilizaban para distribuir agua potable por toda la ciudad.

Este desfiladero es el que nos conduce, poco a poco, hasta las puertas del Tesoro de Petra.

Llega el momento. Nuestro guía, Omar, nos avisa para que preparemos móviles y cámaras. Es una sensación extraña: quieres grabarlo todo, pero al mismo tiempo deseas vivirlo directamente con los ojos y guardarlo para siempre en la memoria.

Entre fotos improvisadas y vídeos grabados casi sin mirar la pantalla, me encuentro cara a cara con el Tesoro de Petra, o Al-Jazneh. Y solo puedo decir una cosa: lo que se ve en directo no tiene nada que ver con las fotos. Si en imágenes impresiona, tenerlo delante es sencillamente majestuoso.

Canales de agua Siq - Petra
Canales de agua Siq – Petra

Altares tallados Siq - Petra
Altares tallados Siq – Petra

Presas de agua Siq - Petra
Presas de agua Siq – Petra

Altar tallado Siq - Petra
Altar tallado Siq – Petra

Altar tallado Siq - Petra
Altar tallado Siq – Petra

Talla camello y persona Siq - Petra
Talla camello y persona Siq – Petra

Desfiladero del Siq - Petra
Desfiladero del Siq – Petra

El Tesoro - Petra
El Tesoro – Petra

El Tesoro lateral - Petra
El Tesoro lateral – Petra

El Tesoro desde un mirador - Petra
El Tesoro desde un mirador – Petra

El Tesoro atardeciendo - Petra
El Tesoro atardeciendo – Petra



A medida que avanzamos, el desfiladero se va abriendo y el paisaje se vuelve más amplio. Nos encontramos en la conocida Calle de las Fachadas, llamada así por la gran cantidad de tumbas excavadas en la roca que flanquean el camino.

Nos desviamos ligeramente para visitar la Tumba de Uneishu y obtener una vista más completa del anfiteatro nabateo, tallado íntegramente en la roca y ampliado posteriormente por los romanos.

Seguimos avanzando y llegamos a las tumbas reales. Una de las cosas que más nos llama la atención es la similitud de algunas fachadas con la del Tesoro. La más destacada es la Tumba de la Urna, que albergó los restos del rey nabateo Malichos II, con una imponente terraza sostenida por grandes arcos.

Otras tumbas importantes son la Tumba del Palacio, la Tumba de la Seda, famosa por sus colores, y la Tumba Corintia, muy similar a Al-Jazneh pero bastante más deteriorada.

Tumbas talladas - Petra
Tumbas talladas – Petra

Tumba de Uneishu - Petra
Tumba de Uneishu – Petra

Calle de las Fachadas - Petra
Calle de las Fachadas – Petra

Tumba de la Urna - Petra
Tumba de la Urna – Petra

Tumba de la Urna - Petra
Tumba de la Urna – Petra

Tumbas Reales - Petra
Tumbas Reales – Petra

Anfiteatro Nabateo - Petra
Anfiteatro Nabateo – Petra

Anfiteatro Nabateo - Petra
Anfiteatro Nabateo – Petra

Tumba - Petra
Tumba – Petra

Tumba colores - Petra
Tumba colores – Petra



Dejamos atrás las tumbas reales y nos adentramos en la Vía Columnata, una amplia calle flanqueada por columnas a ambos lados. El suelo cambia y ahora está empedrado. Su origen es nabateo, aunque con una clara influencia romana.

Al final de la calle se alza la Puerta de Temenos, que marcaba el acceso a una zona sagrada. Su estructura recuerda a los arcos de triunfo romanos, con un gran arco central y dos más pequeños a los lados.

Poco antes de llegar, a mano izquierda, encontramos el Gran Templo, que curiosamente no estaba dedicado al culto religioso, sino que funcionaba como una gran sala de recepción.

Tras cruzar la Puerta de Temenos, aparece el Qasr al-Bint, conocido como el Castillo de la hija del Faraón. Es la estructura erigida mejor conservada de todo el complejo. Frente a él se encontraba el altar donde se realizaban los sacrificios.

Vía Columnata - Petra
Vía Columnata – Petra

Vía Columnata - Petra
Vía Columnata – Petra

Puerta de Temenos - Petra
Puerta de Temenos – Petra

Puerta de Temenos - Petra
Puerta de Temenos – Petra

Atardecer Puerta de Temenos - Petra
Atardecer Puerta de Temenos – Petra

Escaleras Gran Templo - Petra
Escaleras Gran Templo – Petra

Gran Templo - Petra
Gran Templo – Petra

Gran Templo - Petra
Gran Templo – Petra

Gran Templo - Petra
Gran Templo – Petra

Qasr al-Bint - Petra
Qasr al-Bint – Petra

Qasr al-Bint - Petra
Qasr al-Bint – Petra



Llega uno de los momentos más exigentes del día: el camino hacia Ad-Deir, el Monasterio. Son alrededor de 800 escalones que se superan entre puestos de souvenirs y burros de carga que hacen el ascenso algo más llevadero.

Durante la subida conviene estar atento para desviarse hacia el Triclinio del León, un espacio destinado a banquetes rituales en honor a los antepasados. Mucha gente se lo pierde porque el desvío es estrecho y el cansancio empieza a pesar.

Tras un buen rato subiendo, el paisaje se abre. La pared que tenemos a la derecha oculta la vista del Monasterio, aumentando la expectación. Unos pasos más, giras la cabeza… y ahí está Ad-Deir. Inmenso, imponente, espectacular.

Soy un enamorado de Al-Jazneh, pero, en mi opinión, el Monasterio puede llegar a impresionar incluso más. Si estás dudando si subir o no, no lo pienses: merece totalmente la pena.

Perrito al sol - Petra
Perrito al sol – Petra

Triclinio del León - Petra
Triclinio del León – Petra

Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra

Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra

Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra

Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra

Ad-Deir - Petra
Ad-Deir – Petra



Pasamos bastante tiempo recorriendo los miradores de la zona y sacando fotos. Cuando empieza a atardecer, emprendemos el camino de regreso.

Durante la bajada seguimos maravillándonos con cada rincón del complejo, pensando cómo pudieron construir todo aquello con las herramientas de la época.

Una última mirada a Al-Jazneh, prometiendo que algún día volveré, y regresamos al autobús.

La jornada termina con un baño turco, exfoliación y masaje, y una cena muy especial en la que probamos carne de camello. Una experiencia curiosa y un broche perfecto para uno de los días más intensos y emocionantes del viaje.

Mushroom Rock - Wadi Rum
Mushroom Rock – Wadi Rum
Puente de roca de Umm Fruth - Wadi Rum
Puente de roca de Umm Fruth – Wadi Rum
Templo de Dushara - Little Petra
Templo de Dushara – Little Petra
Atardecer - Wadi Rum
Atardecer – Wadi Rum

De paseo por Marte

De nuevo, ¡¡¡madrugón!!! Desayuno y directos al autobús. Nuestro destino final es el desierto de Wadi Rum, pero antes hacemos una parada imprescindible en Little Petra.

Little Petra podría considerarse el “hotel” de los comerciantes que transitaban la Ruta de la Seda. Como su nombre indica, es una especie de Petra en pequeño, utilizada como lugar de descanso y encuentro.

Al igual que su hermana mayor, cuenta con edificios tallados directamente en la roca, muchos de ellos dedicados al culto. En una de sus estancias todavía se puede ver un fresco restaurado, algo poco habitual en este tipo de construcciones.

Aunque no impresiona tanto como Petra, Little Petra tiene un encanto especial: es pequeña, recogida y todo está muy concentrado, lo que permite recorrerla con calma y disfrutarla sin agobios.

La entrada al recinto está incluida en el Jordan Pass.

Templo de Dushara - Little Petra
Templo de Dushara – Little Petra

Cisterna tallada en roca - Little Petra
Cisterna tallada en roca – Little Petra

Gran Triclinio - Little Petra
Gran Triclinio – Little Petra

Frescos - Little Petra
Frescos – Little Petra

Triclinios - Little Petra
Triclinios – Little Petra

Escaleras - Little Petra
Escaleras – Little Petra

Escaleras - Little Petra
Escaleras – Little Petra

Gatito puesto souvenirs - Little Petra
Gatito puesto souvenirs – Little Petra



¡¡¡Rumbo al desierto!!!

Volvemos al autobús y ponemos dirección al desierto de Wadi Rum. Su característico color rojizo hace que se asemeje a la superficie de Marte, motivo por el cual ha sido escenario de películas como Lawrence de Arabia, Prometheus o Marte (The Martian).

Una vez allí, cambiamos el autobús por vehículos 4×4 y comienza la aventura por este paisaje espectacular. Durante el recorrido vimos formaciones tan curiosas como la Mushroom Rock, llamada así por su parecido a una seta, además de montañas y dunas impresionantes.

Uno de los momentos más divertidos fue la subida al puente de roca de Umm Fruth, desde donde se obtienen unas vistas increíbles del desierto.

El día terminó con una experiencia muy especial: una cena típica beduina, cocinada bajo la arena, que puso el broche perfecto a una jornada inolvidable en pleno desierto jordano.

Cementerio de trenes - Wadi Rum
Cementerio de trenes – Wadi Rum

Mushroom Rock - Wadi Rum
Mushroom Rock – Wadi Rum

Mushroom Rock - Wadi Rum
Mushroom Rock – Wadi Rum

Desierto - Wadi Rum
Desierto – Wadi Rum

Cañón - Wadi Rum
Cañón – Wadi Rum

Puente de roca de Umm Fruth - Wadi Rum
Puente de roca de Umm Fruth – Wadi Rum

Puente de roca de Umm Fruth - Wadi Rum
Puente de roca de Umm Fruth – Wadi Rum

Montañas - Wadi Rum
Montañas – Wadi Rum

Desierto - Wadi Rum
Desierto – Wadi Rum

Desierto - Wadi Rum
Desierto – Wadi Rum

Desierto - Wadi Rum
Desierto – Wadi Rum

Puente junto campamento - Wadi Rum
Puente junto campamento – Wadi Rum

Campamento - Wadi Rum
Campamento – Wadi Rum

Campamento - Wadi Rum
Campamento – Wadi Rum

Atardecer - Wadi Rum
Atardecer – Wadi Rum



Noche - Aqaba
Noche – Aqaba
Buceo - Aqaba
Buceo – Aqaba
Noche - Aqaba
Noche – Aqaba
Buceo - Aqaba
Buceo – Aqaba

Un final de año diferente

Tras desayunar, abandonamos el campamento del desierto y ponemos rumbo a la ciudad de Áqaba, donde celebraríamos el Fin de Año de 2021.

Áqaba se encuentra situada al norte del Mar Rojo y es uno de los destinos más populares de Jordania para la práctica del buceo. Su ubicación es bastante curiosa: está justo en la frontera con Israel, desde donde se puede ver la ciudad de Eilat, e incluso, en días claros, también se distingue territorio egipcio.

Nada más llegar, nos dirigimos al puerto para subir a un barco con el que saldríamos a hacer actividades acuáticas. Los que ya tenían titulación de buceo bajaron a ver un avión hundido, mientras que los que no teníamos ninguna, como era mi caso, hicimos un bautismo de buceo. El resto del grupo disfrutó del snorkel desde la superficie.

Cuando llegó mi turno para bucear, pude disfrutar por primera vez de la sensación de respirar bajo el agua, rodeado de corales y peces de colores. Una experiencia impresionante.

Esto supuso un pequeño —y bendito— problema: a partir de ese momento me enganché al buceo. Tanto, que con el tiempo fui sacándome certificaciones hasta llegar al PADI® Rescue Diver. Recomiendo a cualquiera, al menos, obtener el título básico: la tranquilidad, el silencio y la paz que se siente bajo el agua no se parecen a nada de lo que vivimos en la superficie.

Ya de vuelta en el barco, nos prepararon una comida que estaba riquísima: pollo especiado y hummus. No podía faltar.

Después regresamos al puerto y el autobús nos llevó al hotel para descansar un rato y prepararnos para la noche. Tocaba celebrar Nochevieja.

Antes de la cena, nos acercamos a la playa. Estaba abarrotada de gente: algunos bañándose, otros simplemente paseando o cenando junto al mar. Un ambiente muy animado.

La cena fue un poco caótica. Nos tomamos las uvas incluso antes del plato principal. En nuestra opinión, el restaurante se vio algo desbordado por la cantidad de gente, pero aun así la comida estaba muy buena y lo pasamos genial.

Ya entrada la noche, volvimos al autobús y de allí al hotel para intentar descansar lo máximo posible. Al día siguiente nos esperaba un viaje largo de regreso a Ammán.

Buceo - Aqaba
Buceo – Aqaba

Snorkel - Aqaba
Snorkel – Aqaba

Noche - Aqaba
Noche – Aqaba

Snorkel - Aqaba
Snorkel – Aqaba



Templo de Hércules - Ammán
Templo de Hércules – Ammán
Templo de Hércules - Ammán
Templo de Hércules – Ammán
Ciudadela - Ammán
Ciudadela – Ammán

Paseo por la Ciudadela

Comenzamos el día con un laaargo camino de vuelta a Ammán, punto de salida y también final de nuestra aventura por Jordania. Esta vez sí, dedicaríamos el día a conocer la capital del país.

Nuestra visita se centró principalmente en la Ciudadela, conocida en árabe como Jabal al-Qal’a, uno de los lugares habitados de forma continua más antiguos del mundo.

A lo largo de los siglos, este enclave ha sido ocupado por grandes civilizaciones como los asirios, babilonios, persas, griegos y romanos. Durante la época griega, la ciudad fue conocida como Filadelfia, nombre que cambiaría a Ammán tras la conquista musulmana.

Dentro del recinto de la Ciudadela se pueden visitar algunos de los monumentos más representativos de la historia del país, como el Templo de Hércules, el Palacio Omeya, la Cisterna Omeya, la Iglesia Bizantina y el Museo Arqueológico de Jordania.

La entrada a la Ciudadela está incluida en el Jordan Pass y, con un par de horas, es más que suficiente para recorrer el complejo con calma y disfrutar de las vistas panorámicas de la ciudad.

Tras la visita, regresamos al hotel para descansar y afrontar nuestra última noche en Jordania, poniendo el broche final a un viaje que llevaba años soñando.

Ciudadela - Ammán
Ciudadela – Ammán

Vistas Templo Romano - Ammán
Vistas Templo Romano – Ammán

Templo de Hércules - Ammán
Templo de Hércules – Ammán

Templo de Hércules - Ammán
Templo de Hércules – Ammán

Mano y Codo de Hércules - Ammán
Mano y Codo de Hércules – Ammán

Figura antigua - Ammán
Figura antigua – Ammán

Iglesia Bizantina - Ammán
Iglesia Bizantina – Ammán

Residencia Omeya - Ammán
Residencia Omeya – Ammán

Palacio Omeya - Ammán
Palacio Omeya – Ammán

Cisterna Omeya - Ammán
Cisterna Omeya – Ammán



Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán
Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán
Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán

Últimos regateos en las tiendas y disfrutando su gastronomía

El último día lo dedicamos a pasear tranquilamente por el zoco de Ammán. Visitamos mercados callejeros y entramos en prácticamente todas las tiendas de souvenirs para hacer las compras de última hora.

Como el vuelo salía por la tarde, teníamos tiempo de sobra, así que pudimos regatear sin prisas y disfrutar del ambiente sin preocuparnos demasiado por el reloj.

También aprovechamos para visitar el impresionante Teatro Romano, una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad y un recordatorio más del peso histórico que tiene Ammán.

Más tarde, junto a nuestro guía —que además vino acompañado de su familia—, fuimos a comer a un restaurante de comida local, un cierre perfecto para el viaje.

Un gran broche para una aventura que no olvidaré en la vida y que, sin ninguna duda, repetiré.

Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán

Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán

Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán

Teatro Romano - Ammán
Teatro Romano – Ammán

Vistas Templo Romano - Ammán
Vistas Templo Romano – Ammán