Travel4 en...

Vietnam y Camboya

Valencia

Hanoi

Siem Reap

Manila

Valencia

Estambul

Hanoi

Siem Reap

Singapur

Manila

Valencia

Estambul

Hanoi

Siem Reap

Singapur

Manila

Vietnam y Camboya

Vietnam y Camboya son de esos destinos que se viven mejor con la mochila a la espalda y la mente abierta. Países intensos, auténticos y llenos de contrastes, donde cada día es diferente y la improvisación forma parte del viaje. No son países de rutas cerradas ni horarios estrictos. Son para vivir el camino, aprender sobre la marcha y volver a casa con la sensación de haber viajado de verdad.

En Vietnam, el movimiento es constante. Puedes pasar en pocas horas del caos de una gran ciudad, llena de motos, ruido y vida, a la tranquilidad de arrozales infinitos, montañas cubiertas de niebla o pueblos donde el tiempo parece ir a otro ritmo. Es un país que se vive en la calle, donde el trayecto importa casi tanto como el destino.

Camboya tiene un ritmo más pausado, pero no menos impactante. Su gran símbolo es Angkor, un conjunto de templos donde la historia, la espiritualidad y la naturaleza se mezclan de una forma única. Más allá de los templos, el país transmite una humanidad especial, marcada por un pasado duro pero con una gente increíblemente cercana.

Para mí, Vietnam y Camboya son de los mejores países para viajar solo y como mochilero. Moverse es sencillo, el ambiente viajero está por todas partes y es habitual compartir autobuses, comidas y cervezas con personas de medio mundo. Aquí perderse no es un problema, es parte del plan.

Y la comida es otro viaje dentro del viaje. Desde un buen pho o un bánh mì en Vietnam hasta un amok camboyano, comer es barato, sabroso y forma parte de la experiencia diaria.

Este recorrido por Vietnam y Camboya formó parte de un viaje más largo por el sudeste asiático. La aventura no terminó aquí: en el último día de este post dejaré el enlace a la siguiente etapa del viaje, Filipinas, donde el plan cambió completamente y la aventura tomó aún más protagonismo.

¿Qué Necesitarás Para Tu Viaje?​

  • 🛡️ Seguro de viajes: (IATI / Mondo)
  • 🛂 Pasaporte: Con validez mínima de 6 meses desde la fecha de entrada al país.
  • 🎫 Visado:
    • Vietnam: Entrada sin visado para estancias cortas (según nacionalidad) o mediante e-visa.
    • Camboya: Visado turístico obligatorio, que puede obtenerse on arrival o mediante e-visa.
  • 💉 Vacunas obligatorias: No hay vacunas obligatorias para viajeros procedentes de Europa.
  • 🌐 Consejo: Revisar siempre las recomendaciones oficiales del MAEC para Vietnam y del MAEC para Camboya antes de viajar y durante la planificación.

Información importante

  • 🗣️ Idioma:
    • Vietnam: Vietnamita
    • Camboya: Jemer (Khmer)
  • ✝️ Religión:
    • Vietnam: Budismo, confucianismo y taoísmo
    • Camboya: Budismo theravāda (muy presente en el día a día)
  • 💰 Moneda:
    • Vietnam: Dong vietnamita (VND) (ver cambio)
    • Camboya: Riel camboyano (KHR), aunque el dólar estadounidense se usa muchísimo (ver cambio)
  • 🔌 Electricidad:
    • Vietnam: Enchufes tipo europeo. Normalmente no hace falta adaptador.
    • Camboya: Enchufes tipo europeo. Adaptador casi nunca necesario.
  • Diferencia horaria: +6 horas en invierno y +5 horas en verano respecto a España ()
  • 🌦️ Clima: Clima tropical en ambos países, con temperaturas altas todo el año.
    • Vietnam: Clima muy variable según la región (norte, centro y sur).
    • Camboya: Calor constante y humedad elevada, con estación seca y lluviosa bien marcadas.

¿Qué meter en la maleta?

  • 👕 Ropa cómoda: Imprescindible para largas caminatas y muchas horas de turismo diario.
  • 🥾 Zapatillas cómodas: Mejor si ya están domadas. Las usarás más de lo que crees.
  • 🔌 Adaptador de enchufe:
    • Vietnam: Enchufes tipo A, C y D.
    • Camboya: Enchufes tipo A, C y G.
  • 🔋 Cargador portátil: Muy útil para mapas, traducciones, transporte y días largos fuera del alojamiento.
  • Paraguas o poncho impermeable: Especialmente recomendable en época de lluvias.
  • 🧥 Chaqueta ligera: Para primeras horas del día, trayectos en bus con aire acondicionado o noches algo más frescas.
  • 🎒 Mochila pequeña: Cómoda para el día a día, excursiones y transporte público.
  • 🧴 Protección solar y repelente: Sol fuerte y mosquitos, sobre todo en zonas rurales y selváticas.

Angkor Wat

Angkor fue durante siglos el corazón del Imperio Jemer, y recorrer sus templos es viajar directamente a una de las civilizaciones más poderosas del sudeste asiático. El complejo arqueológico de Angkor es enorme y está formado por decenas de templos rodeados de selva, estanques y caminos de tierra que hacen que la experiencia sea aún más especial.

El más famoso es, sin duda, Angkor Wat, el templo religioso más grande del mundo y auténtico símbolo del país. Sus torres, relieves y proporciones son impresionantes, sobre todo al amanecer, cuando el sol empieza a reflejarse en los estanques frontales.

Pero el complejo va mucho más allá: templos como Bayon, con sus enormes caras talladas en piedra, o Ta Prohm, devorado por las raíces de los árboles, hacen que cada visita sea diferente y tenga algo especial.

Pasear por Angkor es hacerlo entre historia, naturaleza y silencio, solo roto por el canto de los pájaros o el sonido lejano de alguna moto. A pesar de ser uno de los lugares más visitados del país, sigue transmitiendo una sensación de grandeza y misterio difícil de explicar.

Angkor no es solo una visita más del viaje, es uno de esos lugares que se te quedan grabados en la cabeza y que justifican por sí solos pasar por Camboya. Un sitio que impresiona, abruma y te obliga a parar un momento para asimilar dónde estás.

Train Street

Choque con el caos

  • ✈️ Ruta: Valencia → Estambul → Hanoi
  • 🏨 Alojamiento: Sonata Premier Hotel & Spa
  • 📍 Puntos clave: Train Street, Mausoleo de Ho Chi Minh

Tras varios años con Vietnam en la lista de pendientes, por fin poníamos un pie en el país. Un destino que siempre me había llamado la atención por su cultura, su forma de viajar tan mochilera y ese punto de caos que, o lo odias… o te engancha para siempre.

Nada más salir del aeropuerto nos recogió un taxi que teníamos reservado, y en el trayecto hasta el hotel tuvimos el primer choque cultural: motos por todas partes, coches sin aparente orden y un concierto constante de pitos. Hanoi no se anda con medias tintas, te mete de lleno en su caos desde el minuto uno.

Tras dejar las mochilas en el hotel, salimos a dar una vuelta para empezar a soltar piernas y adaptarnos al entorno. Y fue ahí cuando aprendimos una de las primeras lecciones del viaje: cruzar la calle aquí es un acto de fe. Sin semáforos, sin pasos claros… miras, avanzas poco a poco y confías en que las motos te esquiven. Sorprendentemente, funciona.

Muy cerca teníamos uno de los lugares más curiosos de la ciudad, Train Street. Un callejón estrechísimo por el que pasa un tren a escasos centímetros de las casas… y de tu cara. Verlo pasar impone más de lo que parece en vídeos, y ahí empezamos a darnos cuenta de que este viaje iba a ser cualquier cosa menos tranquilo.

Seguimos paseando sin rumbo fijo, esquivando motos y aprendiendo a movernos entre el caos, hasta llegar al Mausoleo de Ho Chi Minh. Un contraste total con el resto de la ciudad: amplio, ordenado y sorprendentemente tranquilo.

Para terminar el día, tocaba lo importante: primera comida vietnamita. Algo sencillo y ligero, perfecto para el cuerpo después del viaje y para irnos pronto a descansar. El jet lag apretaba, pero la sensación era clara: el viaje ya había empezado de verdad.

Lan Ha Bay
Lan Ha Bay

Entre gigantes de piedra

El segundo día tocó madrugar de verdad para poner rumbo a la isla de Cat Ba. Desde allí saldríamos a navegar por Lan Ha Bay, una alternativa mucho más tranquila que la famosa Halong Bay y, sinceramente, todo un acierto.

Una vez a bordo empezó lo bueno. Nos dejaron un kayak para movernos a nuestro aire entre las formaciones rocosas, remar por zonas tranquilas y meternos por rincones donde solo se escuchaba el agua y algún que otro pájaro. Un espectáculo.

Durante el día también nos llevaron a playas remotas, prácticamente desiertas, donde pudimos parar a bañarnos y desconectar del mundo. Y sí: hubo momento de saltar desde el barco al agua, que siempre suma puntos cuando estás rodeado de un paisaje así.

Entre el mar, las rocas gigantes saliendo del agua y la sensación de estar en un sitio “de película”, este día fue de esos que te recuerdan por qué has venido hasta aquí.

Templo de la Lectura
Templo de la Lectura
Ciudad Imperial de Thang Long
Ciudad Imperial de Thang Long

Primera noche en tren nocturno

  • 🚆 Noche: Tren nocturno de Hanoi a Lao Cai (rumbo a Sa Pa)
  • 📍 Puntos clave: Templo Ngoc Son, The Note Coffee, Catedral de San José, Ciudad Imperial de Thang Long, Hanoi Old Quarter

Este tercer día lo dedicamos a patearnos Hanoi sin rumbo fijo, dejándonos llevar por la ciudad y su caos constante. Como el tiempo no acompañaba demasiado y la lluvia aparecía a ratos, decidimos subirnos a un bus turístico para movernos con algo más de comodidad y dar un pequeño respiro a las piernas.

Una de las primeras paradas fue el Templo Ngoc Son, situado en medio del lago Hoan Kiem. Un pequeño oasis de calma en mitad del tráfico, los pitos y las motos que no paran nunca.

Más tarde hicimos una parada obligatoria para probar uno de los cafés más famosos del país: el egg coffee. Lo tomamos en The Note Coffee, un sitio muy curioso, lleno de post-its con mensajes de viajeros de todo el mundo pegados por paredes, mesas y ventanas. Un lugar diferente y con mucho encanto.

Seguimos caminando bajo la lluvia para ver la Catedral de San José, de estilo neogótico y muy diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora en Vietnam, y más tarde visitamos la Ciudad Imperial de Thang Long, uno de los conjuntos históricos más importantes del país.

El resto del día lo pasamos simplemente perdiéndonos por Hanoi, esquivando motos, cruzando calles como ya empezábamos a dominar —mirando poco y andando mucho— y empapándonos del ambiente local mientras esperábamos la hora de nuestro siguiente gran salto.

Por la noche tocaba cambio de escenario: cogimos el tren nocturno rumbo a Lao Cai, puerta de entrada a Sa Pa. Dormir no fue lo más cómodo del mundo, pero la sensación de estar viajando de verdad, mochila a cuestas y destino nuevo por delante, compensaba cualquier incomodidad.

Sa Pa Station
Arrozales

Barro hasta en las orejas

  • 🏡 Noche: Casa local (homestay) con familia amiga de nuestra guía
  • 📍 Puntos clave: Sa Pa, arrozales, aldeas locales, montañas
  • 👣 Kilómetros caminados: 11,62 km (ver ruta en Strava)

Tras una noche de tren, llegamos a Lao Cai, donde ya nos estaba esperando un taxi para llevarnos hasta Sa Pa. Dos días por delante para perdernos entre arrozales, montañas y aldeas del norte de Vietnam.

Nada más bajarnos del taxi entendimos que aquello iba a ser intenso. Un grupo enorme de mujeres locales, principalmente de las etnias Hmong y Dao, se nos acercaron casi en avalancha para ofrecernos trekkings, guías y tours de todo tipo.

Aquí va un consejo importante: si llegas sin nada reservado, no pasa absolutamente nada. Allí mismo te ofrecerán mil opciones y podrás elegir sobre la marcha. Eso sí, cuando te digan que vas a necesitar botas de agua… hazles caso. Saben perfectamente por dónde te van a meter.

Arrancamos el trekking atravesando arrozales en terrazas, caminos embarrados y pequeños pueblos donde la vida sigue un ritmo totalmente distinto al de las ciudades. El paisaje es una auténtica pasada, verde por todos lados, pero no voy a engañar a nadie: disfruté mucho, aunque al final del día se me hizo duro. Las piernas acabaron pidiendo tregua.

Este primer día caminamos 11,62 kilómetros, suficientes para entender que Sa Pa no es solo “bonito”, también es exigente.

La noche la pasamos en una casa local, un homestay con amigos de nuestra guía Mango. Cena casera, ambiente tranquilo y sensación de estar viviendo algo auténtico. Más que recomendable para cerrar un primer día intenso en las montañas.

Sa Pa

Bañito entre montañas

  • 🚶‍♂️ Actividad: Trekking por Sa Pa
  • 📍 Puntos clave: Arrozales, aldeas locales, cascada natural, Sa Pa pueblo
  • 👣 Kilómetros caminados: 6,96 km (ver ruta en Strava)
  • 🚆 Noche: Tren nocturno Sa Pa (Lao Cai) → Hanoi

Segundo día de trekking por Sa Pa, esta vez algo más suave, pero igual de bonito. Las piernas ya iban notando el esfuerzo del día anterior, así que agradecimos que la ruta fuera más corta.

Durante la caminata nos llevaron hasta una cascada, donde pudimos darnos un baño rápido. Agua fría, entorno brutal y ese momento de desconexión total que solo tienes cuando estás en mitad de la nada.

De vuelta hacia el pueblo, paramos a comer algo antes de que nos dejaran de nuevo en Sa Pa. Ruta completada y sensación de misión cumplida.

Como el bus que nos llevaba de regreso a Lao Cai no salía hasta unas horas más tarde, aprovechamos para perdernos sin rumbo por las calles de Sa Pa. Mercados, ropa tradicional, colores por todos lados y ese ambiente tan particular de pueblo de montaña. Una auténtica maravilla para pasear sin prisas.

Ya por la tarde, tocaba despedirse de Sa Pa. Bus hasta Lao Cai y, una vez más, tren nocturno de vuelta a Hanoi. Otro día intenso que cerrábamos con la mochila un poco más llena… y las piernas un poco más cansadas.

Tam Coc
Mua Cave
Mua Cave

Niños everywhere

  • 📍 Puntos clave: Ninh Binh, Hoa Lu, Tam Coc, Mua Cave
  • 🚣‍♂️ Actividades: Barco, bici y mirador
  • 🚆 Ruta nocturna: Ninh Binh → Hue

Este día salió totalmente de improviso. Volvíamos a Hanoi y teníamos que matar unas cuantas horas antes de coger el tren nocturno, esta vez rumbo a la ciudad imperial de Hue.

¿La solución? Aprovechar el tiempo al máximo. Decidimos hacer un tour a Ninh Binh y, desde allí, coger directamente el tren hacia nuestro siguiente destino. Plan redondo.

La excursión empezó en Hoa Lu, antigua capital de Vietnam, donde visitamos varios templos rodeados de montañas y vegetación. Un sitio tranquilo, perfecto para empezar el día sin prisas.

Después llegó uno de los momentazos: el paseo en barca por Tam Coc. Remar entre arrozales, formaciones kársticas y ríos calmados es una auténtica maravilla. De esos lugares en los que no hace falta decir nada, solo mirar alrededor.

Seguimos con una ruta en bicicleta de unos 30 minutos, sencilla pero muy agradable, antes de afrontar el plato fuerte: los 500 escalones de piedra de Mua Cave. Duro, sí… pero las vistas desde arriba compensan cada paso. Impresionante.

Tras la excursión, nos dejaron en la estación de tren, donde pasamos bastante rato esperando nuestro convoy nocturno. Y allí ocurrió algo curioso.

Varios niños se nos acercaron para hablarnos en inglés. Charlando con ellos descubrimos que muchos padres los llevan a la estación para que practiquen el idioma con viajeros, se suelten hablando y aprendan a socializar. Fue un choque cultural, pero a la vez una experiencia muy bonita y auténtica, de esas que no esperas y que se te quedan grabadas.

Finalmente llegó el tren. Un trayecto largo, de unas 11–12 horas, pero entre risas, conversaciones y cansancio acumulado, se nos pasó mejor de lo esperado. Vietnam seguía sorprendiéndonos… incluso en los trayectos.

Tumba de Khai Dinh
Tumba de Khai Dinh
Chùa Diệu Nghiêm

Probando comida en puestos callejeros

  • 🏨 Alojamiento: Bonjour Hostel
  • 📍 Puntos clave: Pagoda Thien Mu, Chua Dieu Nghiem, Tu Hieu Pagoda, Poblado de incienso, Tumba de Khai Dinh
  • 🍜 Plan del día: Tour gastronómico (6 platos)

Día completo en Hue, y ya te aviso: aquí el ritmo cambia. Menos motos a lo loco (bueno… algo sigue habiendo), más historia, más pagodas y ese punto de Vietnam que huele a incienso en cada esquina.

Para movernos sin comernos la cabeza, pillamos un bus turístico y fuimos saltando de parada en parada. La primera fue la Pagoda Thien Mu, probablemente la más famosa de Hue, con su torre y el río alrededor que le da un rollo súper tranquilo. Después pasamos por Chùa Diệu Nghiêm y la Tu Hieu Pagoda, que tiene ese ambiente silencioso y verde que te hace bajar las revoluciones sin darte cuenta.

Una de las paradas más curiosas fue el poblado de incienso. Ver cómo hacen las varas, los montones de colores y toda la “fábrica” artesanal montada allí… es hipnótico. Y sí: fotos obligatorias, porque es imposible no caer.

Cerramos la ruta cultural con la tumba de Khai Dinh, que es otra liga. Mucho más recargada, mezcla de estilos y con una cantidad de detalles brutal. Subir las escaleras ya te pone en modo “esto tiene pinta de ser importante”… y lo es.

Y cuando ya pensábamos que el día estaba hecho… llegó lo mejor: tour gastronómico por Hue. Nos metimos entre pecho y espalda 6 platos (y un postre misterioso que no recuerdo cómo se llamaba, pero entró como un campeón).

Cayeron: nem lụi, bánh nậm, bánh bèo chén, bánh ram ít, y el famoso bún bò… que, por cierto, picaba como si me tuviera manía. Lo mejor fue dónde lo comimos: un puesto típico en la calle, con sillitas enanas, humo, ruido y ese caos controlado que hace que la comida sepa todavía mejor.

Hue nos dejó con esa sensación de haber vivido un día completo: templo, incienso, tumba imperial y comida callejera. Si esto es “un día normal” en Vietnam, yo firmo.

Ciudadela Imperial

Perdidos en la montaña

  • 🏨 Alojamiento: Hoi An Sunny Garden
  • 📍 Puntos clave: Ciudadela Imperial de Hue, Lap An Lagoon, Hải Vân Pass, Da Nang, Montaña de Mármol, Coconut Boat

Lo primero del día fue comprobar, nada más levantarnos, que la barriga seguía en su sitio después de la noche anterior de comida callejera vietnamita. Buenas noticias: todo en orden, así que podíamos seguir con el plan sin miedo 😅.

Antes de despedirnos de Hue, visitamos la Ciudadela Imperial. Y qué decir… una auténtica pasada. Murallas enormes, patios, puertas monumentales y esa sensación constante de estar caminando por un lugar que fue realmente importante. Hue gana muchos puntos cuando te paras a conocer su parte histórica.

Con Hue ya tachado de la lista, nos subimos al coche rumbo a Hoi An, pero este trayecto no era solo un traslado, era casi una excursión en sí misma. La primera parada fue en Lap An Lagoon, con unas vistas tranquilísimas que contrastaban totalmente con el caos de las ciudades.

Seguimos subiendo hasta la cima del Hải Vân Pass. Las vistas desde allí son brutales… y menos mal que al final no lo hicimos en moto. Después de verlo en persona, creo que habría sido demasiado para nosotros.

Ya bajando, hicimos parada en Da Nang y en la Montaña de Mármol. Un sitio curioso y bonito, aunque aviso: es facilísimo perderse. Entre cuevas, escaleras y pasadizos, aquello parece un laberinto montado aposta para desorientarte.

Y cuando pensabas que el día ya no podía dar más de sí, llegamos a la zona de los coconut boats, ya cerca de Hoi An. Nos subimos a uno de esos barquitos redondos tipo cesta y nos dieron unas vueltas que, sinceramente, pensé que acabábamos en el agua. Diversión asegurada, aunque aquí toca avisar: intentan timar bastante. Nos pedían un precio totalmente inflado y, regateando un poco, lo sacamos muchísimo más barato. Pero muchísimo.

Ya por la tarde llegamos por fin a Hoi An y nos fuimos directos al hotel a dejar las cosas y bajar un poco las revoluciones. Había sido un día largo, intenso y con mil paradas, pero de esos que luego recuerdas como uno de los más completos del viaje.

Hoi An nos esperaba… y algo me decía que aquí íbamos a bajar el ritmo, aunque solo fuera un poco.

My Son

Apurando el final

  • 🏨 Alojamiento: Hoi An Sunny Garden
  • 📍 Puntos clave: My Son, Hoi An, Puente Japonés, Free tour

El día comenzó temprano, todavía con el cuerpo algo destrozado del día anterior, pero tocaba seguir. Desde Hoi An pusimos rumbo a My Son, una visita que, sin saberlo aún, nos iba a servir como antesala perfecta para lo que vendría más adelante en Angkor.

My Son es un complejo de templos cham rodeado de vegetación, con un aire místico y bastante diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. No es una excursión especialmente cómoda —calor, caminatas y cansancio acumulado— pero aun así merece mucho la pena. Sales de allí con la sensación de haber entendido un poco mejor la historia de la zona.

De vuelta en Hoi An, todavía nos quedaban fuerzas para hacer un free tour por la ciudad. Un paseo tranquilo en el que nos explicaron varios puntos clave y curiosidades del casco antiguo, entre ellos el famoso Puente Japonés, uno de los iconos de la ciudad. Hoi An tiene algo especial: es pequeña, bonita y se recorre sin prisas.

A esas alturas del viaje, y aunque la comida vietnamita nos había encantado, empezábamos a echar de menos sabores de casa. Así que encontramos un bar español a orillas del río… y fue todo un acierto. Qué bien sienta, de vez en cuando, comer algo que te devuelve directamente a casa.

Para rematar el día y gastar el poco efectivo que nos quedaba en Vietnam, decidimos darnos un masaje de pies. Después de tantos kilómetros, calor y excursiones, fue una auténtica gozada. Salimos flotando.

Un día más relajado, pero muy bien aprovechado. Hoi An seguía sumando puntos y nosotros ya empezábamos a mentalizarnos para la siguiente gran etapa del viaje.

Pub Street

Cambio de país

  • ✈️ Ruta: Huế → Siem Reap
  • 🏨 Alojamiento: Angkor Heart Bungalow
  • 📍 Puntos clave: Siem Reap, Pub Street

Este día tocó cambio de país. Dejábamos atrás Vietnam para poner rumbo a Camboya, segundo destino del viaje y uno de los grandes motivos por los que estábamos aquí. El trayecto fue tranquilo y, al llegar, solo pensábamos en una cosa: bajar el ritmo.

Nuestro alojamiento fue el Angkor Heart Bungalow y, nada más verlo, supimos que habíamos acertado. Después de tantos días de calor, caminatas y transporte, tener una piscina fue casi un regalo. Un rato de relax, refrescarnos y no hacer absolutamente nada… que también es viajar.

Ya por la tarde-noche, cogimos un tuk-tuk para acercarnos a Pub Street, el corazón más animado de Siem Reap. Luces, música, restaurantes y ambiente mochilero por todas partes. Cenamos algo sencillo, sin alargar mucho la noche.

Este día no fue gran cosa en cuanto a visitas, pero era justo lo que necesitábamos. Descansar, cargar pilas y mentalizarnos, porque al día siguiente empezaba lo serio: el primero de los dos días dedicados a recorrer los templos de Angkor Wat. Y eso ya eran palabras mayores.

Preah Khan
Angkor Thom (North Gate)

Calor y más calor

  • 🏨 Alojamiento: Angkor Heart Bungalow
  • 🚲 Transporte: Tuk tuk con guía local
  • 📍 Puntos clave: Bayón, Angkor Thom (North Gate), Preah Khan, Neak Pean, Ta Som, Pre Rup, Ta Prohm, Kravan Temple

Llegó el día esperado. Por fin íbamos a empezar a recorrer los templos de Angkor, uno de esos lugares que llevas años viendo en fotos y documentales. Aunque sabíamos que la joya de la corona llegaría al día siguiente, las expectativas ya estaban muy altas.

Nuestro guía, Hen, nos recogió en el hotel en tuk tuk y pusimos rumbo al complejo arqueológico. Moverse así, con el aire en la cara y el paisaje alrededor, fue todo un acierto.

La primera gran parada fue el Templo de Bayón, con sus famosas caras de piedra mirándote desde todos los ángulos. Después cruzamos la puerta norte de Angkor Thom, una de esas entradas que ya te meten de lleno en lo que fue este antiguo imperio.

El día continuó con la visita a Preah Khan, enorme y algo más salvaje, seguido de Neak Pean, mucho más tranquilo y rodeado de agua. También pasamos por Ta Som y Pre Rup, este último con unas vistas espectaculares desde lo alto.

Uno de los momentos más impresionantes llegó en Ta Prohm, el templo devorado por la selva. Ver cómo los árboles crecen literalmente sobre los muros y las puertas pone la piel de gallina. Antes de volver, hicimos una última parada en Kravan Temple, más pequeño pero diferente al resto.

Con la cabeza llena de imágenes y las piernas ya bastante cansadas, regresamos a Siem Reap. Cena tranquila por Pub Street y a descansar. Al día siguiente tocaba madrugar de verdad para vivir uno de los momentos más especiales del viaje.

Angkor Wat

Y por fin, Angkor Wat

  • 🏨 Alojamiento: Angkor Heart Bungalow
  • 🚲 Transporte: Tuk tuk con guía local
  • 📍 Puntos clave: Amanecer en Angkor Wat, Bayón (interior), Terraza de los Elefantes, East Mebon, Banteay Kdei

Tocaba madrugar de verdad. Muy temprano salimos rumbo a Angkor Wat para ver el amanecer, y ya te adelanto que fue uno de esos momentos que se quedan grabados. Ver cómo el sol aparece poco a poco por detrás del templo, reflejándose en el agua, es simplemente espectacular.

Hen nos llevó a un punto perfecto para sacar una foto brutal, encajando los templos entre los pilares. Por dentro, Angkor Wat es otra historia: pasillos infinitos, relieves, escaleras empinadas… cuesta creer que algo así se construyera hace siglos y siga en pie hoy en día. Una auténtica locura.

Ese día también tocaba entrar al Templo de Bayón. Si desde fuera impresiona, por dentro es todavía más impactante. Caminar entre sus torres y encontrarte caras gigantes mirándote desde todos los ángulos es una sensación difícil de describir.

La ruta continuó por la Terraza de los Elefantes, el East Mebon y el templo de Banteay Kdei. El calor ya apretaba fuerte y el cansancio empezaba a notarse, pero cada parada merecía la pena.

Fue un día duro por el madrugón y las temperaturas, pero totalmente compensado. De vuelta al hotel, una cena tranquila y a descansar. Nuestro viaje por Vietnam y Camboya llegaba a su fin. Al día siguiente tocaba cambiar de país… esta vez rumbo a Filipinas.

Aeropuerto Manila

Fin del viaje... o no

  • ✈️ Ruta: Siem Reap → Singapur → Manila

El viaje por Vietnam y Camboya llegaba a su fin. Tras semanas intensas de templos, carreteras interminables, mercados, historia y muchas horas de mochila a la espalda, tocaba cambiar completamente de escenario.

Desde Siem Reap pusimos rumbo al aeropuerto para coger el vuelo que nos llevaría hasta Manila, haciendo escala en Singapur. Un trayecto largo, de esos en los que te da tiempo a repasar mentalmente todo lo vivido durante el viaje… y a darte cuenta de lo rápido que ha pasado.

Este tramo del viaje fue especial porque no significaba un regreso a casa, sino todo lo contrario. Cerrábamos una etapa muy cultural, intensa y auténtica, para abrir otra completamente distinta, mucho más enfocada a la aventura, el mar y la improvisación.

Vietnam ha sido uno de esos países que te hacen pensar: “aquí tengo que volver”. Fácil para viajar por libre, caótico, auténtico y con mil rincones que se quedaron fuera del recorrido. Estoy seguro de que en algún momento volveré a pisarlo.

Vietnam y Camboya han sido, sin duda, dos de los países que más he disfrutado viajando por libre. Un viaje muy mochilero, lleno de contrastes y con esa sensación constante de estar viviendo algo real, sin filtros ni artificios.

Pero la historia no termina aquí.

La siguiente parada del viaje fue Filipinas, donde cambiamos templos por playas, autobuses por barcas y rutas culturales por días de islas, buceo y aventura.

📌 Próximamente: la continuación del viaje en Filipinas estará disponible en un nuevo post.

Y sí… todavía quedaba mucho por vivir.