Vuelo directo

El viaje
Cracovia
Entre calles adoquinadas, plazas llenas de vida y rincones que invitan a detenerse, Cracovia es una de esas ciudades que se descubren caminando. Un destino donde la historia, la cultura y la gastronomía se mezclan con algo mucho más sencillo: el placer de pasear sin mirar demasiado el reloj.
Su casco antiguo, con la espectacular Plaza del Mercado como punto de encuentro, es el lugar perfecto para empezar. Fachadas de colores, terrazas y el sonido de los pasos sobre el adoquín acompañan un recorrido que invita a seguir hasta la colina de Wawel, junto al río Vístula.
Pero hay mucho más que ver en Cracovia. Kazimierz, el antiguo barrio judío, reúne sinagogas, cafés y calles donde merece la pena perderse un rato. Aquí, como en otros lugares de la ciudad, el viaje también invita a parar, escuchar y acercarse a una historia que no siempre es fácil de asimilar.
Y entre paseo y paseo, toca sentarse a la mesa. Probar la gastronomía polaca, entrar en calor con una sopa o compartir unos pierogi también forma parte de conocer la ciudad. Porque no todo va a ser recorrer monumentos y tachar lugares de una lista.
Cracovia es mucho más que una escapada a Polonia… es una ciudad para disfrutar con calma, dejarse sorprender y llevarse algo más que fotografías.
Cómo empieza el viaje
Cómo llegamos
La ruta
El viaje sobre el mapa.
Día a día
El itinerario completo
Día 1 · Cracovia
Llegada y paseo por la Plaza del Mercado
El primer día en Cracovia empezó con la llegada al aeropuerto y el traslado al alojamiento. Cogimos el autobús 300, que nos dejó cerca de nuestro apartamento, y después de soltar las maletas salimos a dar una primera vuelta por el centro.
Nos dirigimos a la Plaza del Mercado, conocida como Rynek Główny, donde se encuentran la Basílica de Santa María, la Lonja de los Paños y la Torre del Antiguo Ayuntamiento. Aunque estos edificios atraen todas las miradas, esta vez nos entretuvimos con algo más sencillo: el ambiente de la plaza y sus puestos.
Aprovechamos para comer algo en los puestecillos y después seguimos paseando entre los demás, curioseando y disfrutando de esa primera toma de contacto con la ciudad. Un comienzo tranquilo, sin grandes planes más allá de empezar a descubrir Cracovia sin prisas.
Pero casi al final de la tarde llegó la peor noticia que me podían dar para este viaje: nos cancelaban la excursión a Auschwitz que teníamos reservada para la mañana siguiente. Así, de un momento a otro y sin apenas tiempo para reaccionar. Una de las visitas que más esperaba hacer se quedaba en el aire, y la tranquilidad de aquella primera tarde dio paso al disgusto y a la incertidumbre de qué íbamos a hacer al día siguiente.
Día 2 · Cracovia
Descubriendo Cracovia
El segundo día en Cracovia empezó con un cambio de planes que no habíamos elegido. Tras la cancelación de la excursión a Auschwitz, conseguimos cambiar de día un free tour que teníamos reservado y hacerlo esa misma mañana. Tocaba aprovechar el día, aunque seguíamos con el disgusto de la tarde anterior.
La ruta nos llevó por el castillo de Wawel y la plaza de Santa María Magdalena, desde donde pudimos contemplar la iglesia de San Pedro y San Pablo, con las esculturas de los doce apóstoles frente a su fachada. Ir acompañados de un guía nos permitió detenernos en detalles que, paseando por nuestra cuenta, seguramente habríamos pasado por alto.
También recorrimos parte de Planty, la zona verde que rodea el casco antiguo y ocupa el lugar por donde discurría buena parte de la antigua muralla. Entre los paseos y los árboles todavía se pueden encontrar señales que recuerdan dónde estaban sus torres. Cuesta imaginar aquel recinto defensivo cuando lo que tienes delante es un parque por el que apetece seguir caminando.
Otra de las paradas fue el Collegium Maius, el edificio más antiguo de la Universidad Jaguelónica. Después volvimos a la Plaza del Mercado, esta vez para conocer mejor la Lonja de los Paños y la Basílica de Santa María. Allí pudimos escuchar al trompetista tocando el hejnał, la melodía que suena desde una de sus torres y que termina de forma repentina, dejando la sensación de que faltan unas notas.
Y ese final tan brusco tiene su explicación… o, al menos, su leyenda. Cuentan que, durante un ataque de los tártaros, un vigía comenzó a tocar la trompeta desde la torre para avisar a los habitantes de Cracovia del peligro. Consiguió dar la alarma, pero una flecha acabó con su vida antes de que pudiera terminar la melodía. Según la tradición, por eso el hejnał se interrumpe de golpe: una forma de recordar a aquel trompetista. Una de esas historias que hacen que escuches unas pocas notas con otros oídos.
El recorrido continuaba hasta el tramo de muralla medieval que todavía se conserva y la Puerta de San Florián, pero nosotros tuvimos que retirarnos antes. A la niña le tocaba comer y nos lo hizo saber… porque viajando en familia puedes cambiar un tour de día, pero hay horarios que no se negocian.
Durante la mañana también nos hablaron de los bares de leche, locales de comida tradicional polaca con platos sencillos y precios generalmente económicos. Nos animamos a probarlos y allí pedí un żurek, una sopa de sabor ligeramente ácido elaborada con un fermento de centeno. Estaba bastante bueno, y fue una de esas pequeñas sorpresas del viaje que llegan cuando te sientas a comer.
Por la tarde retomamos por nuestra cuenta lo que nos había quedado pendiente del tour: la muralla, la Puerta de San Florián y la Barbacana de Cracovia, una fortificación que protegía el acceso a la ciudad. Esta vez conseguimos completar el recorrido, aunque la lluvia nos acompañó y el paseo no se disfrutó tanto.
Así terminó un día que habíamos imaginado muy diferente. Nos quedamos con la espina de Auschwitz, pero también con la sensación de conocer un poco mejor Cracovia, su historia y su gastronomía… y con la confirmación de que la pequeña tenía bastante que decir sobre el ritmo del viaje.
Día 3 · Cracovia
Cracovia
Día 4 · Cracovia
Cracovia
Día 5 · Cracovia



